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El cuento en Sudamérica

“Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”.        

 

Jorge Luis Borges

Gabriel García Márquez

Imagen de Alejandra Orjuela


«No hay medicina que cure lo que no cura la felicidad.
 

Gabriel García Márquez 

 

 

El escritor colombiano Gabriel García Márquez ganó el Premio Nobel de Literatura el 11 de diciembre de 1982 por toda su obra, entre la que destaca su emblemática novela Cien años de soledad. Esta nos transporta al mundo del realismo mágico con sus cuentos llenos de elementos fantásticos en una narración realista.

A partir del fenómeno cultural y literario conocido como el boom latinoamericano, García Márquez, junto con otros autores como Julio Cortázar o Mario Vargas Llosa, llegó con una fuerza arrolladora a toda Europa.

El escritor colombiano fue, y sigue siendo, uno de los máximos exponentes de la literatura hispanoamericana y, a su vez, contribuyó de manera decisiva a la proyección de numerosos escritores de gran calidad, pero desconocidos hasta entonces en Hispanoamérica que siempre han reconocido sus méritos. 

El poeta Hugo Gutiérrez Vega destacó que «la novela emblemática de Gabriel García Márquez y su aportación fundamental a la literatura, no sólo latinoamericana sino universal, es Cien años de soledad  una novela que se puede colocar al lado de las grandes novelas escritas en la historia de la literatura».

El escritor chileno Pablo Neruda, mencionó que «es la mejor novela que se ha escrito en castellano después del Quijote».

Juan Esteban Constaín dijo sobre él: «El tipo vivió toda su vida del sudor de su pluma, no se hipotecó ni siquiera cuando se estaba muriendo de hambre, estaba convencido de que la literatura era su único destino».

La huella que nuestro autor ha dejado en el mundo de la literatura es la de ser uno de los autores más importantes del siglo XX. Su prosa tan llena de originalidad y de poesía se ha hecho imprescindible y como ser humano en sus entrevistas, películas, aficiones, relaciones o preocupaciones nos ha dejado el rastro de un hombre comprometido con su tiempo y con su querida Colombia. Muestras de ello las tenemos en numerosos ámbitos, como por ejemplo en su Manual para ser niño, donde dejó para los más pequeños una simple y maravillosa llave mágica para vivir: «Creo, con una seriedad absoluta, que hacer siempre lo que a uno le gusta, y solo eso, es la fórmula magistral para una vida larga y feliz». 

En el mundo del cine, aparte de ser su gran afición y haber colaborado en todos los ámbitos de este género, ha quedado de manifiesto que el séptimo arte todavía necesita evolucionar para poder estar a la altura de la ambigüedad y la complejidad de los personajes del realismo mágico.

Y en política, donde siempre pareció estar muy presente, tal vez nos aclare mucho su relación con este ámbito de la vida social la entrevista que se le hizo a su biógrafo Gerald Martin en torno a la relación de García Márquez y Fidel Castro recogida en este artículo recientemente publicado en la Revista Credencial de Colombia. Porque, seguramente, al margen de mitologías e idealismos, lo que hubo entre ambos fue una larga y profunda amistad.

Los Doce cuentos peregrinos, son doce relatos escritos a lo largo de 18 años que narran historias de felicidad y tristeza envueltas en una magia sobrenatural. Cada uno de sus personajes está desarrollado durante una estancia extranjera en el continente europeo.

En el prólogo de este libro, el autor aporta con su experiencia su granito de arena  al secreto de escribir cuentos y dice:

 

El esfuerzo de escribir un cuento es tan intenso como empezar una novela . Pues, en el primer párrafo de una novela hay que definir todo: estructura, tono, estilo, ritmo, longitud, y a veces hasta el carácter de algún personaje. Lo demás es el placer de escribir, el más íntimo y solitario que pueda imaginarse, y si uno no se queda corrigiendo el libro el resto de su vida es porque el mismo rigor de fierro que hace falta para empezarlo se impone para terminarlo. El cuento en cambio no tiene principio ni fin: fragua o no fragua. La experiencia propia y ajena  enseña a que en la mayoría de las veces es más saludable empezarlo de nuevo por otro camino o tirarlo a la basura.

 

 

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Rafael Pombo

El inolvidable cuentista de los niños colombianos

Madre voy a seguirte… ve tú delante que dándome el ejemplo, lo haré al instante.

El escritor y poeta Rafael Pombo, más conocido como uno de los máximos representantes del romanticismo en Colombia, es el encargado de llevarnos a un mundo mágico con sus cuentos, fábulas y poemas llenos de humor y musicalidad.

El gran creador de la literatura infantil fue traductor y diplomático colombiano, fundador de uno o más periódicos en Colombia como El Centro y El Cartucho. También fue gran colaborador de La Siesta, El Día, La América, La Nueva Era y Las Crónicas, El Filotémico, El Heraldo, El Obrero y La Escuela Normal. Además fue nombrado como miembro de la Academia de la Lengua, miembro honorario de la Academia de Historia y fue promotor del instituto de Bellas Artes en Colombia.

Sus obras son tradicionales y se transmiten de generación en generación, en las que se destaca una pequeña enseñanza sobre la vida. Son historias que han quedado para siempre en la memoria de adultos y niños .

Cuando pienso en los cuentos de Rafael Pombo me transporto a un mundo mágico, me imagino un lugar tradicional, un bello pueblo de la sabana de Bogotá, lleno de árboles  y aves, un sendero de grandes riachuelos, un lugar de fiesta en el cual hay francachela y comilona. La verdad es que me imagino saltando como rin rin renacuajo, encontrándome con la pobre viejecita, Juan Matachín, Simón el bobito, el gato bandido y Mirringa Mirronga.

Aún hoy en día sus cuentos no pasan de moda, pero estos no se publicaron durante su vida debido a que el autor no deseaba hacerlos públicos, pero, finalmente, a petición de sus seguidores autorizaron la publicación de muchas de sus obras para que fueran conocidas. Para los colombianos es el «poeta de los niños», Pombo ha dejado un legado a los más pequeños, a través de sus rimas les enseña valores y formas de enfrentarse a la vida. 

En el 2019, uno de los más reconocidos cantantes colombianos, Carlos Vives, hizo una recopilación con otros artistas para interpretar y homenajear al autor y sus imperecederos cuentos, por  lo cual ganó el Grammy Latino por mejor álbum de música para niños.

Pombo
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Mirringa Mirronga 

Mirringa Mirronga, la gata candonga
va a dar un convite jugando escondite,
y quiere que todos los gatos y gatas
no almuercen ratones ni cenen con ratas.
«A ver mis anteojos, y pluma y tintero,
y vamos poniendo las cartas primero.
Que vengan las Fuñas y las Fanfarriñas,
y Ñoño y Marroño y Tompo y sus niñas.
«Ahora veamos qué tal la alacena.
Hay pollo y pescado, ¡la cosa está buena!
Y hay tortas y pollos y carnes sin grasa.
¡Qué amable señora la dueña de casa!
«Venid mis michitos Mirrín y Mirrón.
Id volando al cuarto de mamá Fogón
por ocho escudillas y cuatro bandejas
que no estén rajadas, ni rotas ni viejas.
«Venid mis michitos Mirrón y Mirrín,
traed la canasta y el dindirindín,
¡y zape, al mercado! que faltan lechugas
y nabos y coles y arroz y tortuga.
«Decid a mi amita que tengo visita,
que no venga a verme, no sea que se enferme
que mañana mismo devuelvo sus platos,
que agradezco mucho y están muy baratos.
«¡Cuidado, patitas, si el suelo me embarran
¡Que quiten el polvo, que frieguen, que barran
¡Las flores, la mesa, la sopa!... ¡Tilín!
Ya llega la gente. ¡Jesús, qué trajín!»:
Llegaron en coche ya entrada la noche
señores y damas, con muchas zalemas,
en grande uniforme, de cola y de guante,
con cuellos muy tiesos y frac elegante.
Al cerrar la puerta Mirriña la tuerta
en una cabriola se mordió la cola,
mas olió el tocino y dijo «¡Miaao!
¡Este es un banquete de pipiripao!»
Con muy buenos modos sentáronse todos,
tomaron la sopa y alzaron la copa;
el pescado frito estaba exquisito
y el pavo sin hueso era un embeleso.
De todo les brinda Mirringa Mirronga:
«¿Le sirvo pechuga?» «Como usted disponga,
y yo a usted pescado, que está delicado».
«Pues tanto le peta, no gaste etiqueta:
«Repita sin miedo». Y él dice: «Concedo».
Mas ¡ay! que una espina se le atasca indina,
y Ñoña la hermosa que es habilidosa
metiéndole el fuelle le dice: «¡Resuelle!»
Mirriña a Cuca le golpeó en la nuca
y pasó al instante la espina del diantre,
sirvieron los postres y luego el café,
y empezó la danza bailando un minué.
Hubo vals, lanceros y polka y mazurca,
y Tompo que estaba con máxima turca,
enreda en las uñas el traje de Ñoña
y ambos van al suelo y ella se desmoña.
Maullaron de risa todos los danzantes
y siguió el jaleo más alegre que antes,
y gritó Mirringa: «¡Ya cerré la puerta!
¡Mientras no amanezca, ninguno deserta!»
Pero ¡qué desgracia! entró doña Engracia
y armó un gatuperio un poquito serio
dándoles chorizo de tío Pegadizo
para que hagan cenas con tortas ajenas.

Fuente: Wikisource

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José Martí

 

«Antes todo se hacía con los puños: ahora, la fuerza está en el saber, más que en los puñetazos; aunque es bueno aprender a defenderse, porque siempre hay gente bestial en el mundo, y porque la fuerza da salud, y porque se ha de estar pronto a pelear, para cuando un pueblo ladrón quiera venir a robarnos nuestro pueblo».

José Martí

 

José Martí Insigne cubano, José Martí fue un humanista amante de su querida América, la cual soñaba unida. Murió con un arma en las manos para conquistar la esquiva libertad que está en el corazón de todos los hombres y que nunca, nunca llega.

Su vida fue convertir su palabra en hechos,  y con su ejemplo trasladar su mejor inspiración al alma de los niños, para quienes escribía en su revista La edad de oro, queriendo trasmitirles, a través de sus cuentos y sus poemas, valores universales como el amor al conocimiento y a la verdad, la justicia y la igualdad de todos los seres humanos. 

 

 

Bebé y el señor don Pomposo

Bebé es un niño magnífico, de cinco años. Tiene el pelo muy rubio, que le cae en rizos por la espalda, como en la lámina de los Hijos del Rey Eduardo, que el pícaro Gloucester hizo matar en la Torre de Londres, para hacerse él rey. A Bebé lo visten como al duquecito Fauntleroy, el que no tenía vergüenza de que lo vieran conversando en la calle con los niños pobres. Le ponen pantaloncitos cortos ceñidos a la rodilla, y blusa con cuello de marinero, de dril blanco como los pantalones, y
medias de seda colorada, y zapatos bajos. Como lo quieren a él mucho, él quiere mucho a los demás. No es un santo, ¡oh, no!: le tuerce los ojos a su criada francesa cuando no le quiere dar más dulces, y se sentó una vez en visita con las pierna cruzadas, y rompió un día un jarrón muy hermoso, corriendo detrás de un gato. Pero en cuanto ve un niño descalzo le quiere dar todo lo que tiene: a su caballo le lleva azúcar todas las mañanas, y lo llama «caballito de mi alma»; con los criados viejos se está horas y horas, oyéndoles los cuentos de su tierra de África, de cuando ellos eran príncipes y reyes y tenían muchas vacas y muchos elefantes: y cada vez que ve Bebé a su mamá, le echa el bracito por la cintura, o se le sienta al lado en la banqueta, a que le cuente cómo crecen las flores, y de dónde le viene la luz al sol y, de qué está hecha la aguja con que cose, y si es verdad que la seda de su vestido la hacen unos gusanos, y si los gusanos van fabricando la tierra, como dijo ayer en la sala aquel señor de espejuelos. Y la madre te dice que sí, que hay unos gusanos que se fabrican unas casitas de seda, largas y redondas, que se llaman capullos; y que es hora de irse a dormir, como los gusanitos, que se meten en el capullo, hasta que salen hechos mariposas.

Y entonces sí que está lindo Bebé, a la hora de acostarse con sus mediecitas caídas, y su color de rosa, como los niños que se bañan mucho, y su camisola de dormir: lo mismo que los angelitos de las pinturas, un angelito sin alas. Abraza mucho a su madre, la abraza muy fuerte, con la cabecita baja, como si quisiera quedarse en su corazón. Y da brincos y vueltas de carnero, y salta en el colchón con los brazos levantados, para ver si alcanza a la mariposa azul que está pintada en el techo. Y se pone a nadar como en el baño; o a hacer como que cepilla la baranda de la cama, porque va a ser carpintero; o rueda por la cama hecho un carretel, con los rizos rubios revueltos con las medias coloradas. Pero esta noche Bebé está muy serio, y no da volteretas como todas las noches, ni se le cuelga del cuello a su mamá para que no se vaya, ni le dice a Luisa, a la francesita, que le cuente el cuento del gran comilón, que se murió solo y se comió un melón. Bebé cierra los ojos; pero no está dormido, Bebé está pensando.

La verdad es que Bebé tiene mucho en qué pensar, porque va de viaje a París, como todos los años, para que los médicos buenos le digan a su mamá las medicinas que le van a quitar la tos, esa tos mala que a Bebé no le gusta oír: se le aguan los ojos a Bebé en cuanto oye toser a su mamá: y la abraza muy fuerte, muy fuerte, como si quisiera sujetarla. Esta vez Bebé no va solo a París, porque él no quiere hacer nada solo, como el hombre del melón, sino con un primito suyo que no tiene madre. Su primito Raúl va con él a París, a ver con él al hombre que llama a los pájaros, y la tienda del Louvre, donde les regalan globos a los niños, y el teatro Guiñol, donde hablan los muñecos, y el policía se lleva preso al ladrón, y el hombre bueno le da un coscorrón al hombre malo. Raúl va con Bebé a París. Los dos juntos se van el sábado en el vapor grande, con tres chimeneas. Allí en el cuarto está Raúl con Bebé, el pobre Raúl, que no tiene el pelo rubio, ni va vestido de duquecito, ni lleva medías de seda colorada.

Bebé y Raúl han hecho hoy muchas visitas: han ido con su mamá a ver a los ciegos, que leen con los dedos, en unos libros con las letras muy altas: han ido a la calle de los periódicos, a ver como los niños pobres que no tienen casa donde dormir, compran diarios para venderlos después, y pagar su casa: han ido a un hotel elegante, con criados de casaca azul y pantalón amarillo, a ver a un señor muy flaco y muy estirado, el tío de mamá, el señor Don Pomposo. Bebé está pensando en la visita del señor Don Pomposo. Bebé está pensando.

Con los ojos cerrados, él piensa: él se acuerda de todo. ¡Qué largo, qué largo el tío de mamá, como los palos del telégrafo! ¡Qué leontina tan grande y tan suelta, como la cuerda de saltar! ¡Qué pedrote tan feo, como un pedazo de vidrio, el pedrote de la corbata! ¡Y a mamá no la dejaba mover, y le ponía un cojín detrás de la espalda, y le puso una banqueta en los pies y le hablaba como dicen que les hablan a las reinas! Bebé se acuerda de lo que dice el criado viejito, que la gente le habla así a mamá, porque mamá es muy rica, y que a mamá no le gusta eso, porque mamá es buena.

Y Bebé vuelve a pensar en lo que sucedió en la visita. En cuanto entró en el cuarto el señor Don Pomposo le dio la mano, como se la dan los hombres a los papás; le puso el sombrerito en la cama, como si fuera una cosa santa, y le dio muchos besos, unos besos feos, que se le pegaban a la cara, como si fueran manchas. Y a Raúl, al pobre Raúl, ni lo saludó, ni le quitó el sombrero, ni le dio un beso. Raúl estaba metido en un sillón, con el sombrero en la mano, y con los ojos muy grandes. Y entonces se levantó Don Pomposo del sofá colorado: «Mira, mira, Bebé, lo que te tengo guardado: esto cuesta mucho dinero, Bebé: esto es para que quieras mucho a tu tío». Y se sacó del bolsillo un llavero como con treinta llaves, y abrió una gaveta que olía a lo que huele el tocador de Luisa, y le trajo a Bebé un sable dorado —¡oh, que sable! ¡oh, qué gran sable!— y le abrochó por la cintura el cinturón de charol —¡oh, qué cinturón tan lujoso!— y le dijo: «Anda, Bebé: mírate al espejo; ése es un sable muy rico: eso no es más que para Bebé, para el niño». Y Bebé, muy contento, volvió la cabeza adonde estaba Raúl, que lo miraba, miraba al sable, con los ojos más grandes que nunca, y con la cara muy triste, como si se fuera a morir: «¡oh, que sable tan feo, tan feo! ¡oh, qué tío tan malo!» En todo eso estaba pensando Bebé. Bebé estaba pensando.

El sable está allí, encima del tocador. Bebé levanta la cabeza poquito a poco, para que Luisa no lo oiga, y ve el puño brillante como si fuera de sol, porque la luz de la lámpara da toda en el puño. Así eran los sables de los generales el día de la procesión, lo mismo que el de él. El también, cuando sea grande, va a ser general, con un vestido de dril blanco, y un sombrero con plumas, y muchos soldados detrás, y él en un caballo morado, como el vestido que tenía el obispo. El no ha visto nunca caballos morados, pero se lo mandarán hacer. Y a Raúl ¿quién le manda hacer caballos? Nadie, nadie: Raúl no tiene mamá que le compre vestidos de duquecito: Raúl no tiene tíos largos que le compren sables. Bebé levanta la cabecita poco a poco: Raúl está dormido: Luisa se ha ido a su cuarto a ponerse olores. Bebé se escurre de la cama, va al tocador en la punta de los pies, levanta el sable despacio, para que no haga ruido… y ¿Qué hace, qué hace Bebé? ¡va riéndose, va riéndose el pícaro! hasta que llega a la almohada de Raúl, y le pone el sable dorado en la almohada.

Fuente: WikiSourche

Descubre el maravilloso mundo de la historia del cuento en Sabios Cuentistas.

El Aleph de Borges

 

El Aleph de Borges
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Y con El Aleph llegó Borges para anunciar su buena nueva: 

«Que el universo entero está contenido en una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor».

Que, al parecer, nada ni nadie muere o vive, es viejo o joven, nada existe ni está pero no por ello deja de existir, porque todo, absolutamente todo, sencillamente, ES.
Gracias a Borges sabemos que miles y miles de pequeñas visiones del mundo componen la sublime visión de todo el universo. El conocía el secreto: TODO ESTÁ EN LOS LIBROS.

 

Acerca de este relato ineludible en la cuentística actual, es interesante la lectura del artículo crítico realizada por Cándido Pérez Gállego en el año 1967 en Cuadernos Hispanoamericanos.

Descubrimiento de la realidad en El Aleph de Jorge Luis Borges.

 

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Roberto Bolaño

 

Chile es una tierra de gigantes de la literatura: Neruda, Nicanor Parra, Gabriela Mistral, Vicente Huidobro , José Donoso… y una larga lista a la que se ha unido Roberto Bolaño, uno de sus últimos genios. Sin  duda está destinado a ser otro gigante.

Roberto Bolaño
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Bolaño es un gran e incansable cuentista y en algún lugar —reproducido en cientos de artículos y blogs— dejó sus doce consejos para escribir cuentos que, como las leyes de Moisés, pueden resumirse en dos: atrévete con todo lo que se te ocurra pero, sobre todo, lee.

Su íntimo amigo Enrique Vila-Matas los relaciona en su blog:

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Consejos sobre el arte de escribir cuentos 

Y leyendo sus consejos no es difícil imaginarse a un tigre devorador de historias, leídas, contadas, no importa; escribir de cinco en cinco, de nueve en nueve… y leer a los mejores escritores de diez en diez, de veinte en veinte.

Alguien así no puede defraudar porque es un Borges, siempre joven, sin los formalismos del viejo y sabio erudito.

Su vida fue la literatura y aún no ha dejado de escalar la cumbre que sin duda tendrá que ser suya.

Recientemente se ha publicado una recopilación de todos sus cuentos, entre los que se incluye una serie de relatos póstumos, inacabados.

Sobre la larga extensión de cuentos de Bolaño y sus personajes  puedes orientarte en este estupendo artículo de Francisco Estévez de El Imparcial.

¿Habías leído antes algo sobre alguno de estos sabios cuentistas? Te animamos a que te suscribas a nuestro blog y descubras cada día un poco más sobre la historia del cuento y sus curiosidades.

Algunos libros para comprar de Roberto Bolaño.

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