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Microrelato

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El verano aquel de las fotos bonitas

Aquel verano mis hijos tenían los ojos brillantes y corrían detrás de las gaviotas entre las piedras de un playa pedregosa. Aquel verano mis hijos tenían los ojos brillantes porque eran los protagonistas de sus propias vidas, el centro de cuanto les rodeaba, y lo sabían. Ese era su mundo: un lugar de mares sin fronteras, de cielos despejados y de la brisa suave del permanente verano de las islas.

Las huellas de esos días han quedado en el álbum de mis fotos, esas que recorro despacio con la mirada porque el tiempo ha pasado y porque ellos hoy parecen otros. Pero no, sé que son los mismos, que siguen confiados y seguros aunque a veces sienta que están muy lejos de mí. Y es que están recogiendo los frutos en sus propias vidas, como entonces lo hacían con las pequeñas conchas que sacaban de entre las finas arenas y que me entregaban a puñados como si fuesen tesoros.

Archivo de LHM

 

Cachito a cachito

LHM para ”cachito a cachito”

 

 

Se puede escribir de la vida cachito a cachito, sin orden aparente, por que así el tiempo no hace tanto daño. Cada escena es un momento suspendido en el tiempo, cada instante tiene su sabor propio y se puede otear en el horizonte de cuanto te rodea y así poder… seguir.

 

No pudo ser…

Y es que, ya desde nuestras propias raíces éramos diferentes, su padre y el mío tenían la misma edad y en nuestro país hubo una guerra. Cuando fueron llamados a filas, mi padre recogió su fusil y se fue al campo de batalla; el suyo hizo un atillo y se encaminó a la frontera, había que escapar.

Ella

Me escondí debajo del paraguas, porque se me escaparon las lágrimas con gotas más gruesas que aquella lluvia pertinaz del otoño, que había empezado el mismo día de su muerte y que no cesaba…, Dios mío, no cesaba nunca.

Y fue porque la vi cruzar la calle dirigiéndose hacia mí. 

Al verla, vestida de color granate, saltando sobre los charcos y mordiéndose el labio inferior, me estremecí como en el mismo instante en el que le vi morir. 

Él era mi hermano y ella era el amor de su vida, la mujer con la que descubrió para quién vivía. Cuando le abandonó se le acabó todo: la curiosidad, el hambre, la risa…

Pixabay

Di media vuelta.

El suelo bajo mis pies se había teñido del mismo color que su vestido.