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China y Wei Jinzhi

Dice Wei Jinzhi, en el prefacio de su libro Fábulas antiguas de China,  que hay dos períodos importantes en este tipo de literatura popular: la de los siglos III y IV antes de nuestra era y mucho más tarde, la de los siglos XVI y XVII. No porque considere que en estas etapas la creatividad popular fuese más rica, sino por el hecho de que la influencia del confucianismo, como base en las formas de gobierno y en la educación, les llevó a despreciar todo aquello que se saliera de la oficialidad establecida y tratara de romper lo que se consideró la moral reconocida exclusivamente como «la buena». 

Hubo autores en esa larguísima etapa intermedia que llevaron a los libros el conocimiento de un pueblo siempre tan sabio y tan fecundo, pero sufrieron por cuestiones políticas de incomprensión y del consabido silencio.

Esto pone de manifiesto cuán peligrosa se ha considerado siempre la fuerza del arte como liberadora y transmisora del pensamiento en cualquiera de sus manifestaciones, por más sencillas que estas sean.

Wei Jinzhi
Archivo LHM

 

 

 

 

 

Tirar de los brotes para ayudarlos a crecer  

A un hombre del reino de Song le pareció que los vástagos de sus campos no crecían bastante aprisa. En vista de ello, dio a todos y a cada uno un estirón y se fue a casa casi exhausto.

–Hoy estoy muy cansado –dijo a su familia–. He estado ayudando a los brotes a crecer.

Su hijo salió  corriendo al campo y encontró todas las plantas muertas.

Casi todos querían ayudar a los vástagos en su crecimiento; pero algunos consideran todo esfuerzo inútil y no lo intentan, ni siquiera destrozando el campo; otros tratan de ayudarles dándoles un estirón. Esto último por supuesto, es peor que inútil.

Mencio


La sospecha
                    

Un hombre perdió su hacha y sospechó del hijo de su vecino. Observó la manera de caminar del muchacho, exactamente como un ladrón. Observó la expresión del joven, idéntica a la de un ladrón. En fin, todos sus gestos y acciones lo denunciaban culpable de hurto.

Pero más tarde, encontró su hacha en un valle. Y después, cuando volvió a ver al hijo de su vecino, todos los gestos y acciones del muchacho le parecían muy diferentes de los de un ladrón.

Lie Zi

 

 

Fuente: Fabulas antiguas de China

 

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