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Geoffrey Chaucer y Los cuentos de Canterbury

Inglaterra es un país que tiene la sabia costumbre de admirar y rendir homenaje a sus insignes artistas.

El Rincón de los Poetas,

en la Abadía de Westminster,

se inauguró con Geoffrey Chaucer, autor de Los cuentos de Canterbury, en 1556.

Esta colección de cuentos fue lo último que escribió el autor y es, a su vez, una de las obras más aclamadas por la crítica, llegando a entrar en el canon de la literatura inglesa. 

Fue escrita a finales del siglo XIV y se trata de una colección de cuentos que usa como pretexto literario el peregrinaje que hacen los treinta y tres personajes hacia Canterbury, y el respectivo viaje de vuelta. Con este variopinto grupo de peregrinos, Chaucer nos presenta de una manera crítica y caricaturesca a la sociedad inglesa de la época. En el mismo «Prólogo general», el narrador, aparte de presentarnos a todos los peregrinos, nos dice que que debe disculparse de antemano si encontramos vulgar el lenguaje usado al relatar los cuentos, pero que es totalmente necesario si quiere ser fiel a lo que relatan los peregrinos.

Aunque nadie antes haya usado como marco un peregrinaje, sí estaba muy extendida en la época la tradición cuentística; recordemos El Conde Lucanor, El Libro del buen amor o El Decamerón, grandes obras que marcaron también la literatura de su tiempo.

Respecto al lenguaje utilizado en los cuentos, es importante señalar que está escrita en inglés medio en el original, lo cual es significativo ya que hasta entonces la mayoría de las obras estaban escritas en francés, en italiano o en latín. No era la primera obra de aquella época en ser escrita en inglés, pero debido a su repercusión contribuyó en gran manera a popularizar el inglés vernáculo en toda Inglaterra.

Geofry Chaucer
Pixabay

Pues bien, imaginemos que queremos irnos de peregrinación; imaginemos que el lugar sagrado más cercano que tenemos es Santiago de Compostela y decidimos aventurarnos. Iniciado el peregrinaje, nos encontramos ya con varios personajes de variado origen y todos juntos nos ponemos en marcha hacia nuestro destino. Es una peregrinación, así que ya incluso antes de salir habíamos decidido hacer el menor uso posible de nuestros aparatos móviles en el siglo XIV, ni planteárnoslo‒ y así disfrutar más de la experiencia.

Esto mismo es lo que sucede en Los cuentos de Canterbury, nuestro variopinto grupo llega a una taberna en la que el anfitrión les propone como entretenimiento para el camino que cada uno cuente cuatro relatos, dos a la ida y dos a la vuelta, y el ganador podrá disfrutar de una gran comida a costa de los demás. Así que si a alguien le sucede que, efectivamente, va a peregrinar a Santiago de Compostela, o a Canterbury, puede ir creando un repertorio para no perder y tener que invitar a la cena.

Si quieres ir tomando ejemplo de estos peregrinos e ir creando tu propio repertorio,  ingresa aquí a la edición de Cátedra, ediciones siempre muy cuidadas y completas:

Geofrey Chaucer

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