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Isak Dinesen

Maestra en el arte de contar cuentos y para siempre unida al continente africano,

 a

 Isak Dinesen, 

con la profunda intuición y la sabiduría de los habitantes de esas tierras, los Kikuyus la llamaron “la leona”. Ellos, como nadie, percibieron su auténtica naturaleza.

Fotografía de Beatriz Pérez Hamilton para LHM

Por su biografía parece una mujer a la que todo le fue arrebatado: pronto dejó de ser hija, esposa, amante, no pudo ser madre, fracasó en sus negocios, fue desposeída muy joven de la buena salud… y el tiempo, para dar la razón a los Kikuyus, la desposeyó también de su melena. A pesar de todo, a Karen Christentze Dinesen –su auténtico nombre– la vida difícil la fue haciendo más y más brillante.

En los últimos años, tuvo un compañero, un poeta danés, con quien compartía el tiempo para crear y cuenta el poeta que nuestra autora hizo un pacto con el diablo: todo lo que sintiera lo convertiría en una historia. El diablo le permitió hacerse dueña de un gran privilegio: ser discípula del “ser”, no del “tener”.

 

Para los que admiramos y aprendemos de los grandes cuentistas, su prosa es generosa y refinada, fresca; parece que escribe al dictado, que sobrevuela sobre los escenarios de sus cuentos y observa desde lo alto a esos personajes que viven y las sombras que proyectan.

 

Nunca sabremos si, allá en su querida Africa, vibrará el aire en la llanura con un color que ella haya llevado o si la buscarán las águilas de Ngong, pero sí sabemos que es ella, la misma Karen, quien se prodiga en las historias que nos cuenta.

 

«El muchacho se levantó del taburete; se detuvo delante de ella y se quedó mirándola a la cara. Se sentía como si se balancease muy alto, con escasa sujeción.

–¿Por que me has ayudado? – le preguntó.

–¿No lo sabes? –contestó ella–. ¿Todavía no me has reconocido? Pero sí te acordarás del halcón peregrino atrapado en una driza de tu barco, el Charlotte, cuando navegaba por el  Mediterráneo. Aquel día trepaste por las jarcias hasta el mastelerillo para ayudar a aquella ave, en medio de un fuerte ventarrón y con mar gruesa. Aquel halcón era yo. Las laponas volamos así a veces para ver mundo… »

Fragmento: Cuento del joven marinero –Cuentos de invierno–

La editorial Alfaguara publicó hace unos años una recopilación de todos sus relatos en “Cuentos reunidos”. Los tienes en cualquier librería que se precie y son imprescindibles.

https://www.casadellibro.com/libro-cuentos-reunidos/9788420406176/1824544

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