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La telaraña

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Es la telaraña una obra de arte, aparentemente tan delicada y ligera, sin embargo, vuela y se desplaza atrapando y apresando todo lo que encuentra a su paso, persistiendo en su enredo.

Es la araña la artista que pacientemente va entrelazando sus hilos, con gran meticulosidad y paciencia, sin inmutarse, esperando a esa presa que se posará en su obra, tan atractiva y relajante, no necesita viajar buscando las habichuelas.

Ella solo tiene que esperar tejiendo, como Penélope, hora tras hora y aunque mañana le destruyeran su artístico trabajo, empezaría de nuevo y así una detrás de otra, día tras día, incansable y tozuda.

Así es como el ser humano se enreda en las telarañas de los conflictos personales.

Son Pancho y Rufo dos hermanos siempre juntos, pendiente uno del otro, incansables y persistentes, tejen su telaraña para atrapar al otro. De modo que tienen que estar alerta, no pueden descuidarse, siempre tramando alguna treta.

A Pancho le gusta la Naturaleza, corre junto al río visionando todo tipo de animales.

Rufo sueña, sueña con el colorido del bosque, recoge las florecillas salvajes y hace ramos, centros y decoraciones que regala a las vecinas y es recibido con toda alegría y le compensan con manjares apetitosos que luego comparte con su hermano Pancho, quien no tiene tiempo para otra cosa que escuchar los trinos de los pajarillos y contemplar los pececillos saltando en el río, donde espera que Rufo le lleve el maná que las vecinas han cocinado con todo el cariño en respuesta a los floridos ramos que Rufo colecciona y les ofrece.

Pero hubo un día en que Rufo no apareció en el río y Pancho se quedó dormido escuchando el sonido del agua circulando entre las piedras y los cantos lanzados al aire por las aves.

Llegó la noche, Pancho se despertó en medio de la oscuridad y corrió hasta su casa, esperando reunirse con Rufo, pero Rufo no estaba en casa.

Un temblor incontrolado batía su cuerpo, en cierta medida por el frío que le había penetrado hasta los huesos y la preocupación por no saber qué le podía haber ocurrido a su hermano Rufo.

Pancho empezó a dar vueltas, de un lado para otro, con los nervios a flor de piel. Bajó al río, subió a la cima y no había ni rastro de Rufo.

Desolado volvía a su casa para al día siguiente comenzar nuevamente la búsqueda, a la que se había unido todo el pueblo.

Tras tres días de su desaparición, encontraron a Rufo junto al árbol más viejo de la Comarca, atrapado en la telaraña de la araña blanca.

Archivo particular CAA

Todos participaron en el rescate de Rufo que se encontraba atolondrado y muy débil, tras tres días inmóvil y sin alimento que llevarse a la boca más que las gotas de agua de la lluvia que hizo su aparición esa misma mañana.

Hubo una explosión de alegría y todas las mujeres comenzaron a bailar una danza especial de recibimiento por haber encontrado a su florista sano y salvo.

Sin embargo Pacho se sintió triste ya que él pasó totalmente desapercibido y todos los elogios y afectos se centraban en Rufo.

– Qué te pasa hermano. ¿No te alegras de haberme encontrado?

– Por supuesto, estoy muy contento pero he estado muy triste sin saber dónde te encontrabas.

Toda la comitiva inició el camino de regreso a casa para celebrar la buena nueva de la aparición del hermano ausente.

Rufo les contó cómo había caído en la trampa de la araña blanca. Y es que le atrajo una preciosa mariquita que se posaba en la artística tela, sin percatarse de que la araña blanca se encontraba extendiendo su trampa, alargando su hilo hasta enredarse en la manga del jersey de Rufo, mientras que éste distraído con la mariquita que agitaba sus alas, sin poder desprenderse de la telaraña, hasta que se encontró enredado y atado al grueso tronco, sin poderse desprender.

Paciente esperaba que alguien pasara y pudiera rescatarle, pero no hubo suerte, así que trató de relajarse y aguantar, observando todo el paisaje maravilloso que tenía a su alrededor, olvidándose de su precaria situación.

Su mente trabajaba recordando todos aquellos momentos tan felices cuando sus padres vivían y ordeñaban las vacas y las cabras, para luego llevar la leche en las lecheras metálicas a repartir en la ciudad, mientras Pancho y Rufo iban montados a lomos de Platero, el burro tuerto.

Estaba en estos recuerdos cuando a su lado pasó un ratoncito que husmeó a su alrededor pero rápido salió corriendo cuando una liebre intentó cazarlo.

Durante las noches que pasó atrapado en la telaraña le visitaban un búho y una lechuza quienes conversaban incansablemente

con sus sonidos estridentes, así que le costaba dormirse y no lo hacía hasta la madrugada cuando amanecía y dejaban su rama nocturna y volaban a su hábitat diurno.

Las fantasías que evocaba Rufo le permitieron evadirse de su penosa situación y aguantar, hasta que de repente aquel día escuchó las voces de sus vecinas gritando:

Rufo, Rufo,

Nunca perdió la esperanza y se llenó de alegría al escuchar voces amigas y poder salir de aquella trampa.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

CAAXI2020

 

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3 comentarios en “La telaraña”

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