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Luis de Santángel -un oportuno financiero-

Era un miembro de la familia Santángel, con notable influencia económica y social, extendida a lo largo y ancho del territorio del reino de Aragón.

Luis de Santángel nació y creció en Valencia en una familia de comerciantes de origen judío, convertida al cristianismo tras la disputa de Tortosa, hecho que había supuesto una gran derrota teológica para esa comunidad y que tuvo lugar entre los años 1413 y 1414.

Encargado de los asuntos mercantiles de su padre, se trasladó a Barcelona. En 1475, el rey de Aragón, Juan II, le concedió el oficio de receptor de las pecunias del antiguo Patrimonio Real de Valencia. Tres años más tarde entró en el Palacio como contino y pocos años después obtuvo de Fernando V el nombramiento de escribano de ración. Dicho cargo tenía como principal obligación la llevanza de 4 libros relacionados con el personal al servicio del palacio, el inventario de los bienes, las cuentas de los gastos diarios de la casa real, además del registro de todo documento de pago o albarán.

Fue desde muy joven un privilegiado dentro de la corte, por lo tanto, no es extraño que tuviera conocimiento del proyecto colombino y la influencia que pudo tener en la vacilante decisión de la reina Isabel.

Se sabe del apoyo político y financiero en la empresa colombina por parte de Luis de Santángel y Francisco Pinelo, quienes realizaron un importante préstamo al visionario navegante de elevado importe y a bajo interés; este préstamo pudo representar más de la mitad de lo necesario para que se iniciase la travesía de exploración.

Una vez se produjo la llegada de Colón a las nuevas tierras descubiertas, este escribió una carta personal a Santángel haciéndole conocedor de todo cuanto ocurrió y que constituye el documento más fidedigno de las primeras impresiones.


 Luis de Santángel
Edición latina de la carta de Colón «Basilea, 1494»


La importancia de esa carta fue capital, pues, la versión en latín y enseguida en otros idiomas, se difundió con gran rapidez por toda Europa, gracias a la imprenta.

Y el mundo supo que el océano había sido navegado.

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