Pedro de Alvarado -Guatemala-

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El 6 de diciembre de 1523, por orden de Hernán Cortés, sale de México Pedro Alvarado, camino de Centroamérica, acompañado de una hueste, integrada por unos trescientos soldados, entre ellos ciento veinte escopeteros y ballesteros, ciento treinta y cinco de a caballo, cuatro tiros, mucha pólvora y unos mil indios auxiliares tlaxclatecas, cholutecas y mexicanos, para la conquista y el dominio de nuevas y desconocidas tierras.

 

La historia de Pedro Alavaro en el Nuevo Mundo tuvo su momento más importante cuando Hernán Cortés pone en sus manos la conquista de las regiones del istmo continental, con el fin de frenar la expansión de otros conquistadores procedentes de Nicaragua y buscar el ansiado paso entre ambos océanos; cometido que, según confiesa Cortés,

Pedro de Alvarado -Guatemala-
Cacicazgos en los territorios de Centroamérica en 1524

“es la cosa que yo en este mundo más deseo topar, por el gran servicio que de ello el emperador recibiría”.

Al penetrar en la región, Alvarado se encontró con una serie de reinos y señoríos, que poseían unas estructuras sociales, políticas y económicas razonablemente desarrolladas, entre los que descollaban los reinos de los quichés, cakchiqueles, zutuhiles, mames y pipiles, los cuales ofrecieron resistencia al conquistador y tuvieron que ser sometidos separadamente. 

Inició la conquista dirigiendo su hueste a la costa sur de México, en la región costera de Soconusco. En los primeros meses de 1524, somete por la fuerza el poderoso reino de los quichés, mata en una batalla al noble guerrero indígena, Tecún-Uman, su jefe; se alía con los cakchiqueles, enemigos declarados de los anteriores y con su ayuda conquista a los zutuhiles, acabando así con la resistencia de los quichés.

Después de penetrar en la zona oriental de Guatemala, sostiene algunas escaramuzas con tribus que le ofrecen resistencia y el 6 de junio irrumpe en el actual El Salvador acabando, no sin duros enfrentamientos, con el reino de los pipiles.


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Regresa a Guatemala y, el 25 de julio de 1524, 
funda la ciudad de Santiago de los Caballeros, 
en Iximché, capital del reino de los cakchiqueles, 
la cual sufriría en unos años varios traslados 
hasta quedar definitivamente instalada en el 
valle de Panchoy en 1543. 
Pronto acabaría 
convirtiéndose en la cabeza y principal 
ciudad de la Gobernación de Guatemala.

Pero, a pesar de las fulgurantes campañas de Alvarado en 1524, no todo el territorio estaba conquistado y menos pacificado, pues había señoríos todavía no sometidos, y no tardarían sus amigos los cakchiqueles en iniciar una sangrienta y larga sublevación por las extorsiones a los que les sometían.

A partir de 1526, serían sus capitanes, entre los que destacó su hermano Jorge de Alvarado, los que llevaron a cabo las expediciones de conquista. De hecho, la tierra descubierta no acabó de estar dominada hasta el año 1530.

Alvarado, con la aureola del conquistador valeroso, pero poco considerado con sus huestes y con los indígenas, llega a España en marzo de 1527. Allí queda libre de los cargos que se le imputaban. Tuvo la oportunidad de trabar amistad con el influyente Francisco de los Cobos, secretario del emperador, recibiendo el ansiado título de Adelantado y el codiciado hábito de Santiago. Se casa con la noble Francisca de las Cuevas, y consigue su mejor triunfo, el ser nombrado gobernador de la naciente Gobernación de Guatemala y, de esa manera, independizarse de la jurisdicción de Cortés.


Como gobernador de Guatemala en 1530, estuvo acompañado de un ilustre y sensato clérigo, el licenciado Francisco Marroquín, quien, pocos años después fue nombrado primer obispo de Guatemala.

Logró poner orden entre los españoles, enfrentados por los repartimientos de indios y, con el apoyo del cabildo de Santiago de los Caballeros, se emitieron las primeras normas de buen gobierno.

Pero, incansable, Alvarado intentó participar en la conquista del Perú de donde volvió fracasado y, en la conquista de Honduras, Cerezeda le cede el gobierno del territorio.

A partir de ese momento, Honduras entra a formar parte de la Gobernación de Guatemala.

De nuevo en su territorio, se encuentra ante un serio juicio de residencia que le deja fuera de la gobernación, y él, a pesar de tenerlo prohibido, en julio de 1536, decide volver a España. Desde Puerto Caballos, en Honduras, escribe al cabildo de Santiago: “residiré en la Corte todo el tiempo que mis negocios lo exijan y porque no voy muy rico de dinero, espero negociar con Su Majestad solamente con los buenos servicios que le he hecho”.

Permaneció en España hasta 1539 y de nuevo la fortuna le sonríe: logra la suspensión, que no la anulación, del juicio de residencia, recupera la Gobernación de Guatemala, contrae matrimonio con Beatriz de la Cueva, hermana de la esposa fallecida, y logra nada menos que capitular con el Emperador una gran expedición para el descubrimiento y conquista de las codiciadas islas de la Especiería y de las Molucas en el Mar del Sur, capitulación que había sido deseada por otros grandes conquistadores.

Desarrolla una frenética actividad para desarrollar su sueño de llegar a las islas de las especias, pero, a mitad de camino, Antonio de Mendoza, virrey de La Nueva España, le persuade de que vuelva a Guatemala, desde donde Francisco de Marroquín le reclama. Pero antes, es requerido por el gobernador de Nueva Galicia, Cristóbal de Oñate, a que le ayude al sometimiento de los indios sublevados en Nochistlán. Acude con tan mala fortuna que por causa de una accidente con un caballo de uno de los soldados, resulta mortalmente herido. Trasladado a Guadalajara muere el 4 de julio de 1541 a los cincuenta y seis años. Murió pobre y fuertemente endeudado. Su esposa, Beatriz de la Cueva, también pereció trágicamente en la terrible inundación que el 10 de septiembre de 1541 arrasó Santiago de los Caballeros.


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Durante los quince años que fungió como gobernador de Guatemala, solamente siete residió en ella. Dicen que su gobierno, en general, no fue satisfactorio, pues su mente estaba en otras empresas y era mejor conquistador que gobernante. Sin embargo, en su haber queda la fundación de muchas ciudades que subsisten hasta la fecha, la pacificación de una tierra dividida en continua guerra entre reinos y señoríos indígenas, la erección de la diócesis de Guatemala, la ayuda a la evangelización de los nativos, llevada a efecto por dominicos, franciscanos y mercedarios, la creación de un nuevo modelo de estado, semejante a los existentes en Europa, en las regiones centroamericanas, que cristalizará pocos años después en el Reino, Capitanía General y Audiencia de Guatemala, germen de las actuales repúblicas de Centroamérica.


De las actuaciones de Alvarado han sido emitidos juicios contrarios y, en general, muy desfavorables. Ante los acusadores que condenaban sus excesos, Alvarado se defiende a sí mismo en una de sus cartas:

“y así convino que se hiciera por el bien de la tierra y de los conquistadores, porque si se hubiera 
hecho de otra manera, bien pudiera ser que nos hubieran matado con su modo de proceder y traiciones, 
cuyo resultado hubiera sido que Su Majestad no tuviera los reinos y vasallos que le hemos conseguido. 
Los españoles y los indios auxiliares que les acompañan suelen hacer malos tratamientos a los 
naturales, porque vienen muy cansados y fatigados y tienen que buscar la comida donde la encuentran, 
pues ni hay posadas y tabernas donde pueden encontrarla, ni su Majestad les provee en esos 
momentos de lo necesario. Los señores naturales de estas tierras me hicieron muchos engaños y 
burlas y yo tenía que castigarlos, que no se querían dar de paz. Aunque algunas cosas inconvenientes 
hubiéramos hecho, se debían de disimular y perdonar. Que todas las guerras y castigos que se han 
hecho con los naturales han tenido como resultado que la tierra esté bajo el dominio y servidumbre 
de Su Majestad”.

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Fuentes: RAH, Pedro de Alvarado

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