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Rafael Pombo

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El inolvidable cuentista de los niños colombianos

Madre voy a seguirte… ve tú delante que dándome el ejemplo, lo haré al instante.

El escritor y poeta Rafael Pombo, más conocido como uno de los máximos representantes del romanticismo en Colombia, es el encargado de llevarnos a un mundo mágico con sus cuentos, fábulas y poemas llenos de humor y musicalidad.

El gran creador de la literatura infantil fue traductor y diplomático colombiano, fundador de uno o más periódicos en Colombia como El Centro y El Cartucho. También fue gran colaborador de La Siesta, El Día, La América, La Nueva Era y Las Crónicas, El Filotémico, El Heraldo, El Obrero y La Escuela Normal. Además fue nombrado como miembro de la Academia de la Lengua, miembro honorario de la Academia de Historia y fue promotor del instituto de Bellas Artes en Colombia.

Sus obras son tradicionales y se transmiten de generación en generación, en las que se destaca una pequeña enseñanza sobre la vida. Son historias que han quedado para siempre en la memoria de adultos y niños .

Cuando pienso en los cuentos de Rafael Pombo me transporto a un mundo mágico, me imagino un lugar tradicional, un bello pueblo de la sabana de Bogotá, lleno de árboles  y aves, un sendero de grandes riachuelos, un lugar de fiesta en el cual hay francachela y comilona. La verdad es que me imagino saltando como rin rin renacuajo, encontrándome con la pobre viejecita, Juan Matachín, Simón el bobito, el gato bandido y Mirringa Mirronga.

Aún hoy en día sus cuentos no pasan de moda, pero estos no se publicaron durante su vida debido a que el autor no deseaba hacerlos públicos, pero, finalmente, a petición de sus seguidores autorizaron la publicación de muchas de sus obras para que fueran conocidas. Para los colombianos es el «poeta de los niños», Pombo ha dejado un legado a los más pequeños, a través de sus rimas les enseña valores y formas de enfrentarse a la vida. 

En el 2019, uno de los más reconocidos cantantes colombianos, Carlos Vives, hizo una recopilación con otros artistas para interpretar y homenajear al autor y sus imperecederos cuentos, por  lo cual ganó el Grammy Latino por mejor álbum de música para niños.

Pombo
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Mirringa Mirronga 

Mirringa Mirronga, la gata candonga
va a dar un convite jugando escondite,
y quiere que todos los gatos y gatas
no almuercen ratones ni cenen con ratas.
«A ver mis anteojos, y pluma y tintero,
y vamos poniendo las cartas primero.
Que vengan las Fuñas y las Fanfarriñas,
y Ñoño y Marroño y Tompo y sus niñas.
«Ahora veamos qué tal la alacena.
Hay pollo y pescado, ¡la cosa está buena!
Y hay tortas y pollos y carnes sin grasa.
¡Qué amable señora la dueña de casa!
«Venid mis michitos Mirrín y Mirrón.
Id volando al cuarto de mamá Fogón
por ocho escudillas y cuatro bandejas
que no estén rajadas, ni rotas ni viejas.
«Venid mis michitos Mirrón y Mirrín,
traed la canasta y el dindirindín,
¡y zape, al mercado! que faltan lechugas
y nabos y coles y arroz y tortuga.
«Decid a mi amita que tengo visita,
que no venga a verme, no sea que se enferme
que mañana mismo devuelvo sus platos,
que agradezco mucho y están muy baratos.
«¡Cuidado, patitas, si el suelo me embarran
¡Que quiten el polvo, que frieguen, que barran
¡Las flores, la mesa, la sopa!... ¡Tilín!
Ya llega la gente. ¡Jesús, qué trajín!»:
Llegaron en coche ya entrada la noche
señores y damas, con muchas zalemas,
en grande uniforme, de cola y de guante,
con cuellos muy tiesos y frac elegante.
Al cerrar la puerta Mirriña la tuerta
en una cabriola se mordió la cola,
mas olió el tocino y dijo «¡Miaao!
¡Este es un banquete de pipiripao!»
Con muy buenos modos sentáronse todos,
tomaron la sopa y alzaron la copa;
el pescado frito estaba exquisito
y el pavo sin hueso era un embeleso.
De todo les brinda Mirringa Mirronga:
«¿Le sirvo pechuga?» «Como usted disponga,
y yo a usted pescado, que está delicado».
«Pues tanto le peta, no gaste etiqueta:
«Repita sin miedo». Y él dice: «Concedo».
Mas ¡ay! que una espina se le atasca indina,
y Ñoña la hermosa que es habilidosa
metiéndole el fuelle le dice: «¡Resuelle!»
Mirriña a Cuca le golpeó en la nuca
y pasó al instante la espina del diantre,
sirvieron los postres y luego el café,
y empezó la danza bailando un minué.
Hubo vals, lanceros y polka y mazurca,
y Tompo que estaba con máxima turca,
enreda en las uñas el traje de Ñoña
y ambos van al suelo y ella se desmoña.
Maullaron de risa todos los danzantes
y siguió el jaleo más alegre que antes,
y gritó Mirringa: «¡Ya cerré la puerta!
¡Mientras no amanezca, ninguno deserta!»
Pero ¡qué desgracia! entró doña Engracia
y armó un gatuperio un poquito serio
dándoles chorizo de tío Pegadizo
para que hagan cenas con tortas ajenas.

Fuente: Wikisource

Si quieres leer más sobre los cuentistas del siglo XIX pulsa Aquí

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