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Ray Bradbury

Palabras brillantes que nos hablan de futuros oscuros

Si no recuerdo mal, Ray Bradbury fue el primer autor que hizo que me interesase por la ciencia ficción. De manera inesperada llegó a mis manos Crónicas marcianas hace unos cuantos años, me lo regalaron y, desde entonces, esta colección de relatos tan bien hilvanada está situada entre las historias que más me impresionaron, entre los libros que siempre recomiendo, entre los relatos que da gusto leerlos solo por lo agradable que es navegar entre sus palabras perfectamente estructuradas.

Ray Bradbury
Pixabay

Cuando nos adentramos en las historias y personajes de Ray Bradbury, no estamos solo metiendo el pie en narraciones de naves espaciales y alienígenas, sino que estamos observándonos a nosotros mismos en un espejo, un espejo que bien puede estar en Marte, o dentro de un cohete, o formando parte de algún artefacto tan típico del futuro. Sus historias nos muestran mundos íntimos, nos muestran los sentimientos, las emociones, los pensamientos que se suceden dentro de la cabeza de los personajes. Porque los viajes al espacio o las invasiones a Marte no son nada, lo importante no sucede en el exterior, sino en el interior, ¿qué es lo que mueve a los humanos a escapar de la Tierra? ¿Qué consecuencias puede tener una casa que te lo hace todo? ¿Qué es lo que se te pasa por la cabeza cuando vagas por el espacio sabiendo que la muerte es lo próximo?

Lo último que he leído de este autor ha sido El hombre ilustrado, otra colección de cuentos no tan famosa como la anterior, pero en la que Bradbury está presente en cada espacio y en cada palabra. Es una colección de relatos que, al contrario que Crónicas marcianas, no sigue un hilo argumentativo y temporal, sino que son relatos independientes. Hay historias que nos sitúan en la misma Tierra, donde también hay máquinas y robots que nos superan, y nos sustituyen; en el espacio, donde no solo nuestro cuerpo, sino también nuestra mente es capaz de viajar allá donde nadie ha estado; en Marte, escenario de cualquier historia de ciencia ficción que se precie, pero siempre desde la perspectiva tan particular de Ray Bradbury; e incluso en algún que otro planeta lejano.

Dejo aquí un pequeño fragmento que corresponde al cuento «Una noche o una mañana cualquiera» perteneciente a El hombre ilustrado. Aquí la protagonista es la locura, la desesperación, lo pesado que puede ser la aparente infinitud eterna del espacio exterior, o por lo menos así lo veo yo. A Hitchcock, el personaje a quien ha impregnado la locura, deja de creer que lo que ha estado delante de sus ojos, pero ya no lo está, no puede ser real, le embarga continuamente una incertidumbre sobre todo lo que le rodea, ya que tiene miedo de que cuando se dé la vuelta ya no exista. Solo es capaz de confiar en aquello que está físicamente ante él, pero llegará un momento en que que ya ni siquiera eso será suficiente. 

Ray Bradbury
Pixabay

—Ya lo ves. No tienes ninguna evidencia mental. Eso busco, una evidencia mental que yo pueda sentir. La evidencia física, las pruebas que tienes que buscar fuera no me interesan. Quiero algo que se pueda llevar en la mente, y tocar, y oler, y sentir. Pero no es posible. Para creer en algo tienes que llevarlo contigo. Y la Tierra y los hombres no te caben en los bolsillos del traje. Yo quisiera hacer eso, llevarme todas las cosas conmigo. Así podría creer que existen. Qué pesado y difícil tener que salir en busca de algo, algo terriblemente físico, para poder probar su existencia. Odio los objetos físicos. Los dejas atrás y ya no puedes creer en ellos.

—Estas son las reglas del juego.

Bradbury, Ray (2010), El hombre ilustrado. Minotauro. (Página 153)

Si quieres leer algo de Ray Bradbury puedes encontrar El hombre ilustrado aquí. Por otra parte, si ya conoces al autor y has leído alguna obra suya te recomiendo este otro libro: Ray Bradbury, humanista del futuro de José Luis Garci.

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