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India -en los Puranas- Ganesha

El señor del éxito

Para empezar a hablar de la India no existe mejor embajador que Ganesha, él es el portador del éxito y la fortuna, el destructor de todos los males y todos los obstáculos.

Si quieres empezar algo bien, ponte en sus manos. 

El tiempo ha demostrado que Ganesha es inmortal; y lo es por la bondad y la sabiduría que encierra. Desde hace miles de años, con su candor,  es un símbolo mágico para todos los hindúes, sea cual sea su creencia. 

Sobre su nacimiento han circulado varías versiones. Para no dejar nada fuera y con ello un gramo de la buena suerte que promete Ganesha, relato las dos más conocidas leyendas. No son exactamente cuentos, pero la pureza del símbolo que representa Ganesha merece la pena que se hable de él…

Pixabay

 

En el Shiva Purana

Un día, Parvati, la esposa del dios Shiva, tomó un poco de ceniza del pecho de su marido -costumbre que adoptan los hombres que se dedican en la India a una vida de ascetismo- y la mezcló  poniéndola sobre su cuerpo que aún estaba mojado después del baño. Amasó la mezcla y la convirtió en un niño, que fue creciendo hermoso y fuerte, a quien llamó Ganesha.

El niño demostraba un profundo amor filial, obediente y respetuoso. A Parvati le gustaba quedarse sola en palacio y, para no ser molestada, solía colocar a Ganesha en la puerta diciéndole que no dejara entrar a nadie sin su autorización.

Pero un buen día, Shiva quiso entrar al palacio de la diosa para ver sin tardanza a su esposa. Ganesha le pidió la consigna que su madre le había dado para permitir la entrada  y, al ver que no la tenía, le cerró el paso. Shiva, furioso, saco su espada y, con un golpe certero, cortó la cabeza del muchacho que rodó pendiente abajo, desapareciendo de su vista y quedando a sus pies el cuerpo decapitado de su hijo.

Parvati, alertada por lo ocurrido, salió a la puerta y vio con horror a su querido hijo tendido a los pies de Shiva y muerto por obedecer sus órdenes. Desesperada lloró e imploró ante Shiva suplicando que le devolviera a su hijo a la vida. Shiva se compadeció de  ella y llamando a sus soldados les ordenó que trajeran ante él  la primera cabeza que les saliera al paso. Sus soldados encontraron un elefante y le cortaron la cabeza, que llevaron ante Shiva, quien la colocó sobre los hombros de Ganesha para devolverle a la vida.

Desde entonces el precioso hijo de Parvati creció con todos lo honores de un príncipe y Shiva lo convirtió en líder de los ejércitos  del dios, siendo conocido también como Ganapati -conductor de ejércitos-.  

 

En el Brahma Vaivarta Purana:

Se dice que cuando los dioses vinieron a honrar a Parvati y admirar a su hijo, uno de ellos se negaba a    mirarlo. Los demás dioses lo regañaban por ello, pero aquel dios sabía que una sola mirada de sus potentes ojos podría quemar la cabeza del niño reduciéndola a  cenizas. Parvati, molesta por la actitud de aquel dios, insistió una y otra vez para que mirase a su hijo y disfrutara con la visión de su belleza y su perfección. Por fin, cediendo, el dios echó la mirada sobre el niño y, tal como él sabía, su cabeza fue reducida a cenizas.

Parvati, su madre, comenzó a llorar y llorar, hasta que el Dios Visnú, que es el conservador del universo, acudió en su ayuda con una cría de elefante recién muerta y colocó la cabeza en el cuello de Ganesha que enseguida volvió a la vida.

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