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F. Scott Fitzgerald -La era del jazz-

Cuenta Hemingway en París era una fiesta, que para sostener el estilo de vida al que Fitzgerald se veía obligado por su matrimonio con Zelda, tenía que escribir historias cortas para venderlas en revistas. Tal vez en aquella época de grandes guerras y grandes batallas solo podía concebirse la gran novela. Pero con esos cuentos, alguien como nuestro autor dejó un exquisito álbum fotográfico en blanco y negro de una sociedad americana que se despertaba, asombrada de sí misma, por todo lo que era capaz de lograr. Solo artistas como él pueden presentir lo efímero de todo logro.

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Y fueron cientos sus relatos, en algunos ensayaba posibles novelas. El propio autor dijo de uno de ellos, Absolución, que en él estaba el prólogo de El Gran Gatsby. Es evidente que el final de la novela ya había sido sentido de antemano.

El padre Schwartz frunció el ceño cuando de repente se le ocurrió algo.

—Pero no te acerques —le advirtió—, pues si lo haces solo sentirás el calor y el sudor de la vida.

Toda esa charla le parecía a Rudolph peculiarmente extraña y terrible, porque el hombre era un sacerdote. Permanecía sentado, semiaterrorizado, con los hermosos ojos muy abiertos clavados en el padre Schwartz. Pero, por debajo de su terror, sentía que sus propias convicciones íntimas se confirmaban. En algún lugar había algo inefablemente magnífico que no tenía nada que ver con Dios. Ya no creía que Dios estuviera enojado con él por su primera mentira, pues Él sin duda había comprendido que Rudolph la dijo para conseguir que la confesión fuera más incitante al realzar el carácter opaco de las faltas admitidas con algo radiante y lleno de orgullo. En el momento en el que había afirmado lo inmaculado de su honor un estandarte de plata había sido desplegado al viento en algún lugar, se habían escuchado crujidos de cuero, brillaron en el sol espuelas plateadas y se reunió una tropa de hombres a caballo que aguardaban la aurora en una pequeña colina verde. El sol había hecho florecer estrellas de luz sobre sus pechos como en ese cuadro que había en su casa de los coraceros alemanes en Sedan.

Pero ahora el sacerdote estaba murmurando palabras desarticuladas y plenas de congoja, y el muchacho se sintió embargado de pánico. De improviso el horror se coló por la ventana abierta y la atmósfera de la habitación ya no fue la misma. El padre Schwartz se desplomó de repente sobre las rodillas y su cuerpo se echó hacia atrás contra una silla.

—Dios mío— exclamó con voz extraña, y cayó flácido sobre el piso.

Fragmento de “Absolution” Published in: The American Mercury Collected in All the Sad Young Men  en 1926

 

Pero hubo muchos más… el Hollywood que le acogiera le ha convertido en un escritor mítico, en Cuentos de la Era del jazz, publicado por la editorial Montesinos se guardan algunas joyas que conviene leer.

https://www.editorial-montesinos.com/clasica/2950-cuentos-de-la-era-del-jazz-9788496831957.html

 

 

 

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