Toribio de Benavente -Motolinia-
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Toribio de Benavente -Motolinia-

      Fray Toribio de Benavente, también conocido como
“Motolinia”, adoptó este nombre al observar que los indígenas mexicanos
calificaban con el adjetivo “motolia” (en náhuatl, pobre) a los
franciscanos que con él llegaron a México, haciendo personalmente
gala de esa pobreza por asimilación a los indígenas.



Debió nacer en el pueblo zamorano de Benavente, o bien, en un pueblecito aledaño llamado Paredes, en torno a 1490. Independientemente de como fue su ingreso en la orden franciscana o de cómo obtuvo su formación intelectual y religiosa, en el año 1518 aparece en la provincia de San Gabriel de Extremadura, lo que le facilitó formar parte de la célebre expedición de franciscanos que desde ella se dirigieron a México en 1524. Se embarcaron en enero de ese año en Sanlúcar de Barrameda, llevando como superior a fray Martín de Valencia. Llegaron a la capital mexicana en junio de ese mismo año.

Esta expedición, integrada por un total de doce franciscanos, 
posteriormente designados los Doce Apóstoles de México, 
fue autorizada oficialmente por el superior general 
de la orden mediante la “obediencia” firmada en 1523, en la que 
fray Toribio destaca, junto con otros cinco expedicionarios, en el grupo 
de los “predicadores y también confesores doctos”. 
Hernán Cortés los recibió con gran solemnidad.

Los inicios de su estancia en México estuvo plagada de disputas con la primera Real Audiencia y los llamados oidores. Unido a su superior, fray Martín de Valencia, se vio obligado a amenazar con gravísimas penas eclesiásticas a sus componentes por el trato que causaban a los indígenas. Se originó una guerra abierta y despiadada entre los franciscanos y los oidores que  terminó con la destitución de estos últimos por la Corona en 1530, sin castigarlos como merecían por constituir, en palabras del propio fray Toribio, “la escoria y heces del mundo”, apreciación en la que con otras palabras coinciden hoy todos los historiadores.

Su actividad fue muy intensa en la fundación de distintas ciudades  e instituciones religiosas de México, en Puebla de los Angeles, Cuernavaca… Por un tiempo, sería requerido para ir a Guatemala desde donde, después de fundar la viceprovincia franciscana, regresó a Mexico, decepcionado, al parecer, debido a desavenencias con la orden.
De nuevo, ocupó distintos cargos eclesiásticos; fue en esta época cuando escribiría la conocida
carta al emperador desde Tlaxcala contra el dominico fray Bartolomé de las Casas en 1555, célebre por su virulencia.

Toribio de Benavente


Más adelante, para conocer a cerca de su vida y actividades es necesario acudir a los datos autobiográficos que él mismo aportó en sus escritos pues, los superiores le encomendaron la tarea de elaborar la que, en 1541, tituló, «Historia de los indios de la Nueva España».
Se 
sabe que su obra fue muy extensa, aunque solo nos ha llegado la “Doctrina Cristiana”, en lengua mexicana, mandada imprimir por fray Juan de Zumárraga en 1547.
Sin embargo, con el tiempo, han ido saliendo a la luz otros testimonios de su escritura  relacionados con la vida, las costumbres religiosas y los sucesos acaecidos en el Nuevo Mundo del que fue testigo privilegiado. 
Con ellos se ha puesto de manifiesto, entre otras cuestiones,  el contraste del ser y del parecer entre Bartolomé de las Casas y Motolinia en cuanto al trato a los indigenas, el comportamiento de los conquistadores y todas las cuestiones relacionadas con esa nueva vida que él tan bien conoció y para la que vivió desde su llegada al Nuevo Mundo.

Contra toda previsión, por tratarse de un personaje tan destacado como él, la orden lo condenó en 1558 a un año de prisión en un convento por haber escrito dos cartas que no agradaron a sus superiores, humillación a la que él mismo no tardó en añadir una postura de desprendimiento hacia su persona, lo que lo anuló física y moralmente hasta el punto de que apenas se vuelve a saber nada de Motolinia hasta su muerte en la ciudad de México en 1569.

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El texto trata de un conjunto de cuarenta y cinco capítulos agrupados en tres tratados, de los que, en el primero relata las costumbres religiosas de los mexicanos prehispánicos, en el segundo expone los progresos de estos mismos indígenas en el cristianismo y en el tercero aborda en sus diecinueve capítulos diversos temas religiosos, junto con descripciones de índole geográfica.


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