Tres barcos para un Nuevo Mundo

El 3 de agosto de 1492, partieron de Palos de la Frontera tres barcos para un Nuevo Mundo:

la Pinta, la Niña y la Santa Maria.

 

Tres barcos para un mundo nuevo
Rafael Monleón Museo Naval de Madrid

 Ninguna de las naves que zarparon hacia el nuevo mundo era de nueva construcción. Se sabe que los Reyes Católicos, una vez se dio el visto bueno para el inicio de la expedición de exploración encabezada por Cristóbal Colón, dieron la orden de poner a disposición del recién nombrado almirante de Castilla los medios suficientes para hacerlo posible; entre otras órdenes, mandaron al pueblo de Palos de la Frontera la entrega de dos barcos y marineros. Se hizo en virtud de una sanción por malos usos en la navegación que estaba pendiente de pago. 

 

Las dos primeras carabelas se obtuvieron en dicho puerto y la tercera

que, según se ha podido constatar con posterioridad, se trataba de una

embarcación más grande que una sencilla carabela,

era una nao o una carraca.

 

La Pinta

Se desconoce dónde fue construida, pero probablemente lo fuese en los astilleros de Palos de la Frontera. Se trataba de una carabela nórdica de velas cuadradas con un velamen muy sencillo. Los palos de trinquete y el mayor iban aparejados con una vela cuadrada de grandes dimensiones, en tanto que el palo de popa, llamado de mesana, portaba una vela latina.

Su nombre hizo pensar a algunos historiadores que pertenecía a la familia Pinto, pero en realidad fue alquilada a su propietario, Cristóbal Quintero, que fue en ella a las Indias como marino. Dicen que fue elegida personalmente por Martín Alonso Pinzón debido a sus buenas cualidades náuticas, puesto que él mismo la había alquilado anteriormente y la conocía muy bien.

La nave iba capitaneada por Martín Alonso Pinzón; bajo su mando y como maestre iba su hermano, Francisco Martín Pinzón. Se sabe también que entre la tripulación de La Pinta viajó Cristóbal Quintero, copropietario de la embarcación, así como Rodrigo de Triana, cuyo nombre en realidad era Juan Rodríguez Bermejo, este sería el hombre que avistó por primera vez la tierra del Nuevo Mundo, el 12 de octubre de 1492.

Después del descubrimiento, La Pinta fue la primera en regresar a la península. Al mando de Martín Alonso Pinzón hizo su entrada en el puerto de Bayona, en Galicia, hecho que se produjo alrededor del 28 de febrero del año 1493.

 

La Niña

Fue mandada construir en 1488 por el armador de Moguer, Juan Niño, en los antiguos astilleros del puerto de esa localidad. En su botadura sobre el río Tinto, la nave recibió el nombre de Santa Clara en honor al Monasterio de ese mismo nombre en Moguer, aunque pasó a la posteridad con el nombre de su propietario.

Hay fuentes que apuntan a que fueron los hermanos Niño los que aportaron esta carabela; en todo caso, ellos fueron los responsables de los preparativos de la nave que se realizaron durante el mes de julio de 1492 en el puerto de Moguer.

Los nombres más conocidos de quienes viajaron en esta nave son, su capitán, Vicente Yáñez Pinzón, y Juan Niño, propietario y maestre de la embarcación. 

Cuando la nave que capitaneaba la expedición, La Santa María, ya en las tierras del nuevo mundo, tuvo que ser evacuada y desechada para la navegación, la Niña ocupó su lugar. Cristóbal Colón se hizo con el mando y en el viaje de regreso, en cuyo tiempo sufrieron el fragor de varias tormentas, recalaron primero en las islas Azores y después en Lisboa.

Más tarde, La Niña formó parte de la flotilla del segundo viaje de Colón. Y en las nuevas tierras, partió como capitana de un viaje de exploración en el que se descubrieron la costa sur de Cuba y Jamaica.

La vida de esta embarcación fue larga y azarosa, navegó durante años por todos los mares conocidos; se tienen referencias de sus viajes hasta el año 1497; más tarde, se habla de una carabela llamada la Santa Clara que, capitaneada por Alonso Prieto, estuvo navegando hasta el año 1508, y que bien pudiera ser la misma embarcación.

 

La Santa Maria

Fue la mayor de las tres embarcaciones. En los documentos originales se menciona que eran tres carabelas. Más tarde, algunos académicos, como consecuencia de estudios posteriores, han interpretado que la más grande de ellas, llamada La Santa Maria era una nao o bien una carraca. Con lo cual poseía un mayor tonelaje y un puente mando que la convertía en más pesada y lenta que las carabelas con las que viajó.

Había sido construida en un astillero gallego, razón por la que se la conocía como La Gallega. Era propiedad de Juan de la Cosa.

El almirante, Cristóbal Colón, en su primer viaje, iba al frente de la embarcación y bajo sus órdenes, el maestre Juan de la Cosa, el intérprete Luis de Torres, y el que posiblemente fuera el piloto de la nave, Pedro Alonso Niño.

Tras el primer viaje, La Santa María no retornó a España, quedó embarrancada en la isla Española, en diciembre de 1492. Sus restos sirvieron para construir el Fuerte Navidad, que serviría de refugio a quienes tuvieron que quedarse en las tierras recientemente descubiertas por falta de espacio en las otras embarcaciones, llegando a ser el primer asentamiento castellano en el Nuevo Mundo.

 

Tres barcos para un mundo nuevo

 

Las tripulaciones de los tres barcos 

Existen diversas listas propuestas para los tripulantes que participaron en el viaje descubridor. La historiadora norteamericana Alice Bache Gould, quien vivió en España y estudio a fondo en el archivo de Simancas, en donde murió, elaboró y documentó una lista de los tripulantes de las distintas embarcaciones.

Ese es el estudio que, hasta el momento, se tiene como más autorizado por su exhaustivo análisis de las fuentes documentales originales, extraídas de los diversos archivos estatales españoles. 

Esta autora identificó a 87 tripulantes en el primer viaje de Colon. Demostró que, en su caso, muy pocos fueron forzados a embarcarse, solo 4 de ellos habían tenido problemas con la justicia.

Todos los tripulantes de las embarcaciones iban a sueldo de la corona que había pagado cuatro 
meses de anticipo. El clima entre los capitanes y la tripulación era de confianza en el almirante, que
debió trasmitir a todos sus certezas, que no eran otras que hallar islas a 400 leguas de las 
Canarias y tierras indianas a 700 o poco más de ese mismo archipiélago.

 

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