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Yo he venido aquí a contar historias

Ilustración de Natalia Montalat para LHM

Yo era una mujer corriente pero, un buen día, alguien… a quien yo no conocía y que tampoco sabría como describir, fue saliendo muy despacio, renglón a renglón, de algún escondido rincón de mi mente. Sin darme cuenta, el universo de mi vida se hizo enorme. Fue así, de la mano de ella, como empezaron a aparecer los “otros”. Iban entrando muy despacio con un libro en la mano, con un bigote rubio, con las gafas de concha, con la espada colgada al cinto o coleccionado mariposas y poco a poco se iban haciendo personajes precisos, con las piernas largas o las manos delgadas, con la sonrisa pícara   o adornados sus años con las canas del tiempo sobre las sienes. Algunos pasaban de largo, otros se quedaban e iban entrando en mi vida y construyendo las suyas. Sentía sus enfados, la ira o la misericordia, el sufrimiento o la alegría de sus corazones, cumplían años, se hacían viejos, soñaba con paraísos, conquistaban mujeres o alargaba su mano a los desconocidos. 

Con ellos he traspasado los años, los siglos, las culturas, los sabios han puesto palabras en sus labios para que yo las repita, las mas hermosas mujeres se han contoneando en los harenes de los palacios de las mil y una noches, he sentido las bombas al caer en las calles de Madrid durante la guerra civil, he cabalgado elefantes, hablado con poetas, cantado canciones de iglesia o me he disfrazado de negro del África más salvaje sobre un escenario de cartón piedra…Todos me han cautivado; todos se han llevado un trozo de mi misma con sus almas misteriosas, sus corazones rotos por el amor perdido, heridos de soledad o pletóricos de fuerza para enfrentarse a las batallas. 

Y los he sentido vivos entre mis dedos, aún lo están y siguen naciendo otros porque  son como los hijos que vienen, te acompañan durante un tiempo, se dejan acariciar, aprenden algo de tu experiencia y después se alejan. Pero ya, para siempre, se quedan ahí adheridos al corazón y apegados a tu alma. 

Con todos he jugado y juego a ser la creadora de un mundo inexistente que me hace sentir poderosa. Cada pequeño detalle de sus vidas son pequeñas partículas diseminadas en el aire que atraigo como un imán y pego con una cola fuerte y duradera hasta hacerlos sólidos, consistentes. Y así, ellos se van haciendo un mundo propio, se vuelven fuertes, con carácter y garra cuando asesinan o cuando perdonan, cuando aman o cuando desprecian. Sus sentimientos son los míos…

Sin embargo, con el correr del tiempo, he descubierto que son ellos los que juegan conmigo, los que me utilizan como instrumento de nieblas y de sombras que contienen lo que pudo ser y no fue, lo que alguien soñó y quedó frustrado. 

Tanto es así que cuando acaba una historia y me quedo sin nadie en la cabeza, camino por la calle como si estuviera perdida. Es como si mi vida no tuviera  sentido.

Y es que ya no recuerdo quien era la otra. Será que ya no existe, que se ha muerto. No lo sé… pero por eso te decía, que yo he venido aquí a contar historias.

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