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La gitanilla búlgara del anfiteatro

Lucie solo tiene siete años, pero su desparpajo tiene a todos entusiasmados.

C.Anduiza para LHM

 

Vive con su madre, Dessislava, que es sastra y confecciona la ropa de la burguesía de Plovdiv.
Su padre es limpiabotas en los alrededores del Monasterio de Bachkovo.

Una familia respetada por todos, pero el intenso trabajo de sus progenitores, permite a Lucie gran libertad de movimiento, mientras reparte los trajes confeccionados por su abnegada madre.

A Lucie le gusta bailar y le hacen corro allá por donde va.

Su padre deambula buscando zapatos que limpiar, pero no es fácil, así que tiene que moverse de un lado a otro y acude a curiosear en el corro que se ha formado en el anfiteatro y no da crédito a lo que ve: allí está Lucie bailando, jaleada por todo un corrillo de turistas y de un grupo de niños de un colegio que han acudido a conocer el complejo arquitectónico del antiguo Plovdiv.

Su padre observa con asombro que Lucie tiene a sus pies una caja de cartón con su peluche preferido, junto a numerosos Levs, Stotinkis, Dólares, Euros, todo tipo de monedas.

Y los trajes para repartir entre la clientela de su madre, los sujeta una turista encandilada con la frescura de Lucie.

Los aplausos hacen acudir a más visitantes de una de la ciudades más antiguas de Europa.

Su padre no se atreve a intervenir, cuando alguien requiere de sus servicios como limpiabotas, así que se enfrasca en la tarea de sacar brillo a los zapatos del Alcalde de la Ciudad, sin él saberlo.

El Alcalde se distrae viendo también a la graciosa gitanilla, mientras su padre no se atreve a levantar la cabeza del calzado, completamente avergonzado.

El Alcalde hace alarde de la desenvoltura de la chiquilla y comenta; – Mira que tiene gracia la condenada, ¿dónde estarán sus padres que permiten que deambule por la ciudad?

El padre de Lucie pierde la compostura, se le cae el cepillo de las manos y mancha el calcetín del Alcalde que se pone furioso. Así que se va precipitadamente y llama al Ayuntamiento para que venga la autoridad a llevarse a la gitanilla.

– ¡¡¡Que fatalidad!!! piensa Ludvik, el padre de Lucie. Así que todo avergonzado baja corriendo a buscar a su desenvuelta hija y se la lleva, dejando la caja con el osito, las monedas y los trajes de la esposa del Alcalde y sus hijas.

Llegan a casa, el diminuto taller de costura de Dessislava, quien se afana en terminar un bonito vestido azul cielo, de gasa, para la esposa del propietario de la cadena de alimentación más grande del país, ella no levanta la cabeza de su trabajo, no tiene tiempo que perder.

Ludvik espera, sabe que Dessislava no puede distraerse de su tarea, así que no dice nada y manda a Lucie a su rincón, donde tiene una cama y una pequeña mesita con su silla. Lucie es muy fuerte muy valiente y no dice nada, ni siquiera hace pucheros ni llora.

Su padre vuelve a su oficio y deambula buscando clientes, a pesar de su bajo estado de ánimo, pero alguien lo busca y lo llama. Es la policía, quien le detiene y lo llevan al cuartelillo.
Y cual es su sorpresa, cuando allí ve a la maestra del grupo de niños que asistía a la representación de su fantasiosa hija, Lucie, en el anfiteatro. La maestra tiene en sus manos la caja con las monedas y el peluche y también se encuentran, en un perchero, los vestidos que tenía que entregar a la esposa del Alcalde y sus hijas.

Así que Ludvik, vuelve al taller y besa y abraza a su hija, con lágrimas en los ojos.

– ¡¡¡¡Hija, hija, muchas gracias, muchas gracias!!!! Tengo un regalo para ti. A partir de mañana acudirás a la escuela y allí aprenderás todo lo que yo no he podido aprender.

Lucie no es que se sintiera demasiado contenta porque a ella lo que le gusta es bailar y cantar, pero pronto se hizo con la escuela y disfrutó e hizo disfrutar con su gracejo, a todos a su alrededor.

Pero no solo ella obtuvo un gran beneficio, sino que su padre entró de bedel en el Ayuntamiento.

Lucie es hoy en día una gran bailarina del Ballet Búlgaro y va por todo el mundo derrochando alegría y entusiasmo, transmitiendo su cultura.

Ludvik abre la puerta al Alcalde, con una reverencia de gratitud, al verle llegar al Ayuntamiento cada mañana.

Y Dessislava ha ampliado su taller y confecciona los ropajes del vestuario del Ballet, donde actúa su valiosa hija Lucie.

La alegría, el entusiasmo y el esfuerzo dan grandes resultados.

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