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Los misterios del museo

Puede ser un día interesante, por qué no. Hay muchas opciones, pero … Considerando que el calor  es bastante intenso, qué mejor que disfrutar de un Museo. En Madrid existen varios en un radio de menos de un kilómetro. Hay que elegir. Podría ser el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

¡¡¡Buena idea!!!

Cedida por Aspasia para LHM

Pues al Reina Sofía que nos vamos. Enorme edificio. Mejor dicho, edificios: Edificio Nouvel y Edificio Sabatini, cuyo nombre proviene del arquitecto italiano, Francisco Sabatini, quien continuó con su construcción tras el diseño realizado por José de Hermosilla, uno de los arquitectos más importantes de siglo XVIII, junto a sus contemporáneos Juan de Villanueva, Ventura Rodríguez y el propio Sabatini. Es un edificio de estilo Neoclásico que fue Hospital General de Madrid.

Consta de cuatro plantas y una terraza, desde donde puede verse la zona de Atocha, con los edificios de alrededor reflejados en el material superior que hace de cubierta de la terraza.

Un vistazo nos lleva a ver Dalíes, Picassos, Mirós, Julio Romero de Torres y sus espléndidas mujeres.

Mujer en Azul de Pablo Ruiz Picasso, Muchacha en la ventana de Salvador Dalí. Y, cómo no, El Guernica de Picasso, cuyo título, al parecer, alude al bombardeo de Guernica, ocurrido el 26 de abril de 1937, durante la guerra civil española.

Mucha gente alrededor de esta famosa obra entorpeciendo el paso a otras salas. Los rostros no expresan especialmente ninguna reacción en uno u otro sentido.

No es un cuadro fácil de percibir. El horror que emana no permite precisamente disfrutar.  Así que no nos detenemos, seguimos viendo arte, seguimos cruzándonos con personas de todos los países, ávidos de arte.

Incluso los edificios con sus jardines son dignos de contemplar y admirar.

El personal del Museo ofrece con  amabilidad información precisa.

Es importante perderse, obnubilarse y abstraerse, la mente nos lleva a recuerdos y pensamientos. No es difícil por ello, de repente, no saber dónde nos encontramos.

La mente trasciende y vuela detrás de una pareja de enamorados absortos en su idílico momento.

Dos niños juegan alrededor, ausentes de la realidad de su entorno, el juego es su único interés, pero también observan, comentan y señalan algunas de las obras de arte, puesto que algunas son llamativas, otras extrañas, pero el arte lo admite todo.

La pareja de enamorados admira con entusiasmo tanta creatividad.

Observamos que la pareja de enamorados viste de los mismos colores y prendas que los dos niños que juegan, absolutamente ausentes del lugar en donde se hallan, sin embargo, sus mentes perciben lo que sus estancias irradian: arte y cultura.

Llama la atención la viveza del color de sus atuendos informales: playeras rojas, calcetines amarillos con pequeños dibujos de caballos, camisa blanca y pantalones rojos. Los cuatro iguales.

Sus figuras se reflejan en los cristales de las puertas ¿Es parte de la colección?, ¿pertenecen a una Exposición Temporal? Desde luego, no pasan desapercibidos para nadie. Atraen, emanan sonrisas, alegran los rostros. Ellos, ausentes, viven su momento. Recorren las salas sin modificar su expresión facial. Los niños se mueven entre las piernas de los adultos que observan las obras sin saber muy bien cómo interpretar algunas de ellas. Por extrañas, por inexpresivas o por desconocidas, sin embargo, sí perciben un aire cálido, un aire festivo que les envuelve, lo que les hace sentirse bien, disfrutar del momento, sonreír, admirar cuadros y esculturas. Y es que esas cuatro figuras propalan tanta fuerza positiva que arrastra hacia el optimismo, hacia la concordia.

Así que vamos detrás del cuarteto que se  dirige hacia uno u otro lado del museo, nos dejamos llevar y entramos en un pequeño cuartito con paredes cubiertas de papel pintado en tonos claritos, con dibujos pequeñitos y, de una de estas paredes, arranca una especie de cono negro que va alargándose y estrechándose, ocupando buena parte del espacio,  ¿qué puede ser?, todo lo que uno pudiera imaginar con semejante forma y color, un tanto tétrico, incluso escatológico.
Según la autora, “algo que asemeja cola-tentáculo-miembro”.

No sabemos cómo acabará la jornada la empleada vigilante, después de ocho horas encerrada en esa habitación sin ventilación. Es verdad que el color blanco, con miembros del cuerpo humano en miniatura que representa el papel de las paredes, es alegre, en contraste con la escultura negra.

Seguimos a estas cuatro figuras que desaparecen y  vuelven a aparecer por arte de magia.

Traspasan paredes, a veces se les escucha reír a carcajadas, lo que nos permite volver a encontrarlos y seguir su circuito dentro del museo.

De repente se escucha un estruendo y surge un resplandor en círculo, apareciendo una brillante nebulosa, convirtiendo las cuatro figuras en una maravillosa criatura mitológica,  un precioso caballo blanco alado,  agitando sus alas y moviendo su patas de tal manera que parece galopar en el aire.

A su alrededor surge una fuente con enormes chorros de leche proyectándose hacia el Olimpo y en medio se posa nada más y nada menos que Pegaso.

Todo queda a oscuras, relumbrando únicamente la blancura del  precioso corcel.

Empujada por no se sabe qué energía, me veo subida a su lomo y nadie más hay alrededor, se ha hecho la obscuridad, así que abre sus enormes alas y comienza un galope sobre los chorros de leche y somos empujados hacia el Edén.

Cabalgamos sin parar hasta la Vía Láctea que nos ofrece su brillante luminosidad.

Un nuevo mundo se abre ante mis ojos. Mi cuerpo se transforma en ninfa ante la presencia súbita de Apolo, Dios de la belleza, la perfección, la armonía y las artes, que amenaza o protege desde lo alto de los cielos, siendo identificado con la luz de la verdad.

Las ninfas del Olimpo me perciben como una amenaza, así que me siento cohibida por lo que intento pasar lo más desapercibida posible, sin embargo, mi fisonomía y mi indumentaria me delatan como alguien discordante, así que he de desprenderme de todos mis ropajes, exhibiendo mi dorado cuerpo, lo que llama la atención de Apolo, quien me ofrece su mano para llevarme a la presencia de Zeus, rey de los dioses. Afrodita, diosa de la belleza, la lujuria y la pasión, que cree tener competencia, se revuelve y se interpone entre Apolo y mi presencia, Artemisa, hija de Zeus y hermana de Apolo, defensora de la virginidad me toma de la mano, apartándome del bello Apolo. Atenea, diosa de la sabiduría, sale en mi defensa, evitando una confrontación. Es Pegaso quien me atrapa y me lleva en volandas al lugar de donde me había recogido.

Cedida por Aspasia para LHM

Una vez desaparecida la magia, la realidad se hace presente con la imagen del mítico Guernica y sus trágicas expresiones emulando los desastres, el infortunio y las desdichas de la propia vida, expuesto con todo el dramatismo de que es capaz de afrontar y experimentar el ser humano.

Devolvamos la calma a nuestra mente y visitemos las salas llenas de arte, imaginación y surrealismo.

Relajemos los sentidos para disfrutar.

2 comentarios en “Los misterios del museo”

  1. Tiene magia y poesía. La fantasía de la mitología es misteriosa y enigmática. Crea unos dioses y héroes de enorme fuerza y belleza que pueden ser benefactores o destructores, pero siempre tienen un especial atractivo. Me ha gustado el relato/cuento que tiene rasgos culturales.

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