Yumbe -La tierra del Chocolate-
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Yumbe -La tierra del chocolate-

"...guardan las almendras e las tienen en el mismo aprecio e 
estimación que los cristianos e otras gentes tienen el oro e la moneda; (...) 
pues que por ellas compran todas las otras cosas. 
En aquella provincia un conejo vale diez almendras de estas, 
e por cuatro almendras dan ocho pomas o nísperos, (...) 
y un esclavo vale ciento o más (...) 
Y porque en aquella tierra hay mujeres que dan por
precio su cuerpo, como entre los cristianos las públicas
meretrices, y viven desso, (...) quien las quiere para
su libidinoso uso les da por una carrera ocho o
diez almendras, como él e ella se conciertan"...

Historia del Almirante -Hernando Colón-

Hernando Colón, hijo del Almirante, con trece años de edad, acompañó su padre y a su tío Bartolomé en el cuarto viaje a las Indias. Y fue el muchacho, quien años después, describe las peripecias de ese viaje que sería el último de su padre, quien, aquejado de gota, estaba impedido para desenvolverse con soltura en la vida del mar y apenas pudo poner los pies en tierra, por lo que se hizo construir un camarote en la popa del barco y era su hermano Bartolomé quien descendía del barco para explorar.

Las cuatro naves que formaban la expedición partieron de Cádiz en mayo de 1502, recalaron en las distintas islas antillanas hasta que, navegando hacia occidente, el día 30 de julio de ese mismo años llegaban a una isla, la que llamaron “isla de pinos”, por la proliferación de enormes árboles, -hoy, isla Guanaja-.

Allí se encontraron con indios pacíficos, buenos constructores de enormes canoas hechas de un solo tronco, con ocho pies de ancho, en la que podían viajar 25 nativos y en las que cargaban sus mercancías para comerciar.

Allí conocieron la planta del cacao que los expedicionarios confundieron con almendras, 
aunque se dieron cuenta de que esa planta tenía un gran valor para los indígenas, que la 
utilizaban como moneda y de ella 
extraían un líquido oscuro y espumoso que consumían con deleite.


Tomaron las tierras en nombre de los reyes de España y se llevaron con ellos al cacique Yumbe para que les sirviera de guía. Este les condujo hasta un cabo, que Colón bautizó como Cabo Caxinas, por estar cubierto de árboles frutales, cuyas vayas eran descritas como una especie de manzanillas, algo arrugadas, con hueso esponjoso, buenas para comer, y que eran llamadas así por los propios indígenas. Las gentes de aquellas nuevas tierras también les recibieron con presentes y dádivas.

Colón, por primera vez y por fin, estaba en la tierra continental que él siempre había intuido.

Pocos días más tarde, continuaron su ruta viéndose en medio de tremendas e interminables tormentas que les hacían pensar que estaban viviendo el fin del mundo. Según Hernando Colón, a propósito de los indígenas que fueron encontrando a lo largo de la actual costa hondureña, dice:

“…hasta el cabo de Gracias a Dios, son casi negros y de aspecto brutal; van completamente desnudos; en todo son muy rústicos, y, según decía el indio Yumbé, comen carne humana y peces crudos, tales como los matan; traen las orejas y narices horadadas con tan anchos agujeros, que cómodamente podían pasarse por ellos un huevo de gallina, por lo que el Almirante llamó aquel país costa de Oreja…”


 

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