Domingo de Soto -Un imperdonable olvido-
«Con Francisco de Vitoria y Domingo de Soto en Salamanca, el Renacimiento teológico y teológico-jurídico, adquiere su forma definitiva; con ellos dos, la Universidad de Salamanca será la primera universidad del mundo…»
Venancio Diego de Carro -1930- OP

Domingo de Soto, nacido Francisco, vino al mundo probablemente a finales de 1494 en la ciudad de Segovia. Gracias a sus dotes para el estudio pudo aprender gramática latina y muy joven, pasó como colegial a Alcalá de Henares, donde se graduó como Bachiller. Más tarde, ya en París, estudió Teología durante dos años; allí fue alumno de Francisco de Vitoria. Graduado como maestro en Artes en esa universidad, regresó a España en 1520 incorporándose a la Universidad de Alcalá. Fue entonces cuando sintió la vocación religiosa. Después de pasar por el monasterio de Monserrat, donde debieron aconsejarle para que ingresara en la Orden de Predicadores, en julio de 1525 tomaba el hábito de Santo Domingo en el Convento de San Pablo de Burgos.
En 1525, Domingo de Soto llegó a Salamanca para ejercer la docencia en el Convento de San Esteban. A lo largo de su vida, desarrolló una vasta y profunda obra intelectual, plasmada en numerosas publicaciones y relecciones, en las que abordó con lucidez los principales problemas filosófico-políticos de su tiempo. Su pensamiento, de raíz profundamente humanista y centrado en la justicia como valor supremo, abarca cuestiones que lo convierten en una figura única en la historia del pensamiento. Con él se produce un momento decisivo en la transición del pensamiento medieval hacia una visión científica moderna. Aunque teológicamente se enmarcaba aún en el sistema aristotélico, su enfoque ya apuntaba hacia una racionalidad nueva, más cercana a la ciencia que vendría.
En torno a él surgió la máxima “Qui scit Sotum scit totum” Quien sabe de Soto, sabe todo. Esta frase, nacida del respeto de sus contemporáneos, refleja la magnitud de su pensamiento: quien comprendía su obra, abarcaba los saberes fundamentales de su tiempo.

Concilio de Trento -1545
Su brillantez intelectual lo abarcaba todo; En la defensa de la fe que ocasionó fuertes controversias en los extensos dominios de España, fue convocado el Concilio de Trento -1545- y al saber el Emperador que Francisco de Vitoria no gozaba de buena salud, pidió a Domingo de Soto que acudiera en nombre de España. Junto a fray Bartolomé Carranza viajaron a Trento debatiendo cuestiones difíciles y delicadas con los protestantes.
Su labor fue brillante, siendo premiado con un emblema heráldico, consistente en dos manos que se estrechan de cuyo lazo salen unas llamas, símbolo de la colaboración entre humanos, con una leyenda en palabras de San Pablo a los Gálatas: “Fides quae per charitatem operatur”: una fe viva es inseparable del amor a Dios y al prójimo, en contraposición de la «sola fides», solo la fe basta, bandera de los luteranos.
En toda esa etapa turbulenta para la religión cristiana, estuvo al servicio del emperador que, en marzo de 1548, solicitó su presencia en Alemania en donde lo hizo su confesor, algo que de Soto aceptó por obediencia.
Durante esos años participó como teólogo en la Dieta convocada en Augsburgo que, tras la batalla de Mühlberg, daría lugar al Interim de Augsburgo, «Declaración de su Romana e Imperial Majestad sobre la observancia de la religión dentro del Sacro Imperio hasta la decisión del Concilio General»
Pero por fin en las primeras semanas de enero de 1550 emprendió el regreso a España en donde volvió a ejercer una intensa actividad en todo los órdenes que pudieran concernirle. De su vocación y dedicación intelectual nos han quedado profundas huellas.
- Entre otros aportes, su conocimiento de la ciencia lo llevó a formular, en su Comentario a la Física de Aristóteles, una interpretación del movimiento desde una perspectiva racional y matemática, alejándose de la mera especulación teológica o filosófica.

Domingo de Soto fue el primero en formular la ley de la caída de los graves, estableciendo que la caída libre de los cuerpos es un movimiento uniformemente acelerado. Aunque no la formuló con el lenguaje matemático moderno, sí anticipó su concepto clave.
La idea fue recogida posteriormente por Galileo Galilei, quien demostró experimentalmente esa aceleración constante. Newton, un siglo más tarde, culmina esa ruptura con una física matemática universal, basando sus Leyes del Movimiento y la Ley de la Gravitación Universal sobre las observaciones de los dos sabios que lo precedieron. La caída libre es un caso particular de su segunda ley: F=ma
- Cabe destacar entre sus obras por su valor humanitario y su vigencia más allá del tiempo, “In causa pauperum deliberatio”, (deliberación en la causa de los pobres). Una importante defensa de los derechos de los necesitados, argumentando en torno a su dignidad, afirmando que todos los seres humanos tienen derecho y responsabilidad para dar sentido y forma en libertad a sus propias vidas.
- En España, el problema humano, consecuencia del descubrimiento de un nuevo mundo, seguía generando contiendas motivadas por los derechos y deberes morales para con los habitantes de aquellas nuevas tierras, que la Escuela de Salamanca había abordado plenamente de la mano de sus sabios, encabezados por Francisco de Vitoria y por el propio Domingo de Soto. Con ese motivo, en 1550 el Emperador Carlos V mandó se reuniesen en Valladolid catorce personas significativas de la época, letrados, teólogos, juristas y miembros del Consejo de Indias. La Universidad de Salamanca pidió ayuda a de Soto en el discutido tema americanista entre Fray Bartolomé de las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda. En la que fue llamada La Controversia de Valladolid, de Soto actuó como árbitro de la disputa, siendo además encargado de resumir la exposición de los dos contendientes, resumen que se publicó en Sevilla, 1552; pero la disputa entre las dos posturas enfrentadas todavía se discuten.
- Al margen de las muchas intervenciones de Domingo de Soto en la vida de su tiempo, y sus muchas publicaciones, la obra De iustitia et iure (Sobre la justicia y el derecho), publicada entre 1553 y 1554, es una de las cumbres del pensamiento jurídico y teológico del Siglo de Oro español. En ella se articula una síntesis entre la filosofía aristotélica-tomista, el derecho romano y canónico, y los problemas sociales y políticos del siglo XVI. Fue uno de los primeros tratados sistemáticos sobre justicia y el derecho en la era moderna. Reflejando en ella la capacidad de pensamiento crítico desde la fe católica, en diálogo con el mundo.
Muere un viernes a 15 de noviembre de 1560. Las honras fúnebres las pronunció su discípulo el agustino Fray Luis de León. Sin duda, dentro del contexto histórico-cultural europeo del siglo XVI, Domingo de Soto adquiere un singular relieve; fue una de las personas más destacadas de la Universidad de Salamanca.
El pensamiento reflejado en su extensa obra, de extraordinaria vigencia en la actualidad, representa una visión cristiana, racional y universalista del derecho. No como instrumento del poder, sino como garantía de la justicia. En tiempos de globalización y crisis ética, especialmente, De iustitia et iure, sigue siendo una fuente para reflexionar sobre la dignidad, el poder, y la equidad en las relaciones humanas.
Fuente: RAH, Domingo de Soto
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