Sebastián de Belalcázar – Inagotable conquistador-
Vendió todas sus pertenencias, compró dos bergantines y reclutó a setenta hombres, caballos y pertrechos. Partió de Nicaragua en mayo de 1532 y llegó a Puerto Viejo, donde se unió a la hueste de Pizarro, quien le confió el mando de la caballería, junto con su hermano Hernando y con Hernando de Soto. Fue así…

del Nuevo Mundo hasta la consolidación de la Civilización Hispanoamericana—. Bajo su sombra caben reyes y reinas, conquistadores y misioneros, navegantes y sabios, mujeres valientes y pueblos originarios cuyas lenguas, dioses y costumbres se entrelazaron con los recién llegados. Caben ciudades fundadas con sangre y esperanza, choques y abrazos, heridas y mestizajes, gentes que, al encontrarse, mezclaron su destino para siempre.