San Miguel de Tangarará -Primera ciudad del Perú-
San Miguel -hoy San Miguel de Tangarará- marca el momento en que la conquista del Pirú o Virú deja de ser solo expedición y exploración y se convierte en instalación territorial efectiva. Es el punto donde el mar queda atrás definitivamente y la empresa de Pizarro se vuelve irreversible.

Se trataba de una zona fronteriza, clave en el Imperio Inca. Poseía un importante puerto naval y era un centro de intercambio. Estaba habitado por los Tumpis, expertos navegantes.
Pizarro encontró a Tumbes casi destruida por la guerra civil incaica, habiendo apoyado a Huáscar contra Atahualpa. A pesar de la destrucción, era un enclave vital del Tahantinsuyu, conocido por sus grandes balsas de vela que comerciaban a lo largo de la costa. En este lugar, Pizarro colocó la «Cruz de la Conquista» o «Cruz de la Evangelización» en el cerro de Buena Ventura, marcando el inicio de la presencia española.
El 15 de julio de 1532, se fundó la primera ciudad española que se erigió en el Perú, en el sitio del curaca llamado, Tangarará, la ciudad fue llamada San Miguel en el fértil valle del río Chira (actual región de Piura). Pizarro sabía que fundar una ciudad era establecer la autoridad de la Corona en el territorio y por lo tanto, legitimarlo.

Se trataba de un buen asentamiento natural en un valle agrícola con agua permanente. Tenía tierras cultivables y su población indígena estaba asentada. El acceso desde el mar era relativamente fácil y constituía una base segura antes de avanzar hacia el interior.
Se siguió el ritual habitual de las fundaciones españolas: Se tomó posesión formal del lugar en nombre del rey. Se trazó una plaza mayor y se repartieron solares entre los hombres de la expedición. Se nombraron autoridades locales (alcaldes y regidores). Se colocó la cruz y se dio nombre cristiano a la ciudad: San Miguel, probablemente por devoción militar al arcángel.
Nunca llegó a ser una gran ciudad en términos materiales: era más bien un campamento fortificado convertido en población, pero con enorme significado político. Funcionó como base de operaciones. Desde allí partió Pizarro hacia el interior andino que culminaría en la captura de Atahualpa en Cajamarca en noviembre de 1532.
Por problemas de salubridad, la ciudad no permaneció allí por mucho tiempo. Hacia 1534, Pizarro ordenó trasladarla a un lugar más adecuado y seguro, dando origen a San Miguel de Piura, que es la ciudad que pervive hoy (aunque con cambios de ubicación a lo largo del tiempo).
Años después, en 1537, Hernando de Cevallos, fue comisionado por Pizarro para solicitar escudos de armas tanto para Lima, Trujillo, Quito y San Miguel. El rey Carlos V otorgó un escudo de armas a San Miguel de Tangarará el 7 de diciembre de 1537, cinco años después de su fundación original. Se hizo para distinguirla como la primera ciudad fundada por españoles en Sudamérica y como ciudad primogénita en lo que sería los territorios del virreinato del Perú.
Su concesión representaba un símbolo de legitimidad real para la ciudad colonial. Con ese acto se inscribía a Tangarará en el sistema heráldico español como ciudad oficial de la Corona, con derechos y reconocimientos propios. El escudo aparece hoy como pieza histórica en museos locales y en documentos relacionados con la memoria de la ciudad.
El valle del Chira sigue siendo fértil, y el río murmura su curso, indiferente al paso de los siglos. Entre la arena y las palmeras, uno puede imaginar las tiendas de Pizarro, la cruz alzada y los hombres que marcaban líneas en la tierra como si el mundo dependiera de ellas. Las montañas cercanas guardan silencio, pero llevan en sus pliegues el eco de pasos apresurados, de caballos y de voces que no volverán.
En San Miguel estuvo el umbral, el inicio de algo que cambiaría para siempre los Andes.
