|

Quito -Dos veces fundada-

Si hemos de atender a lo escrito por el cronista fray Martín de Murúa en su Historia del Perú, en torno a 1613 : 
"El nombre de Quito refieren los indios antiguos, que le resultó por unos grandes cordeles, que el famoso Huaina Capac hizo en ella de oro y plata, poniendo en ellos diversas leyes y estatutos, que se habían de guardar en ella y en las provincias comarcanas, y esto se llama en su lengua, quipu, y los españoles, corrompiendo el vocablo, llamáronla Quito".

Tanto Pedro Cieza de León como el Inca Garcilaso, en sus respectivas crónicas sobre la conquista del Perú de la que fueron testigos, mencionan Quito como una región clave del norte del imperio inca, incorporada tras las últimas campañas militares.


Cuando los españoles llegaron al Tihuantinsuyo, el imperio estaba muy debilitado como consecuencia de la guerra civil entre Atahualpa y su hermano Huáscar. Tras la entrada de los conquistadores y la captura de Atahualpa en Cajamarca por Francisco Pizarro, el mundo inca se abrió a sus pies, pero el Norte andino quedó como un espacio por ocupar y disputar.

Sebastián de Belalcázar, por iniciativa propia, partió hacia el Norte desde San Miguel de Tangarará. En su camino hacia Quito, se encontró con una fuerte resistencia liderada por el general inca Rumiñahui, que con todo el ejercito se había hecho fuerte en la región. Poco tiempo después, se produjo la llegada de Pedro de Alvarado desde Guatemala a las costas del norte reclamando derecho a conquistar aquellas tierras. Enterados Pizarro y Almagro deciden tomar cartas en el asunto. Diego de Almagro solicita la ayuda de Sebastián de Belalcázar y parte de manera oficial hacia Quito. De ahí devienen dos hechos clave para la fundación de la ciudad de Quito:

Con el fin de formalizar la ocupación del territorio, Diego de Almagro llevó a cabo en agosto de 1534 la fundación de una ciudad a la que dio el nombre de Santiago de Quito. Se trató, sobre todo, de un acto legal y político, destinado a legitimar la presencia española en la región.
Sin embargo, sería Sebastián de Belalcázar quien daría forma efectiva a la ciudad. Tras internarse en la zona y enfrentarse a las fuerzas del norte del Imperio inca, llegó a un asentamiento andino de Quito, levantado por los incas sobre un antiguo enclave de intercambio entre los pueblos indígenas. Lo que encontró no fue una ciudad en funcionamiento, sino un espacio devastado. Las tropas del general Rumiñahui, fiel a Atahualpa, habían arrasado el lugar para impedir que pudiera ser aprovechado por los españoles.
Fue en ese escenario, entre restos recientes de destrucción, donde Belalcázar decidió establecer la ciudad de San Francisco de Quito, cuya fundación formal tuvo lugar el 6 de diciembre de 1534.


Lo realizado por Belalcázar marcó la diferencia, porque durante la conquista, fundar una ciudad no era solo un acto simbólico, implicaba tomar posesión del territorio en nombre de la Corona, establecer un modelo urbano español y repartir tierras y poder entre los conquistadores. Según los planes barrocos de las ciudades coloniales, la primera etapa de la planificación urbana consistía en crear una plaza central alrededor de la cual se organizaban los demás edificios. Siguiendo este modelo, se perfilaron los primeros trazos de calles que fueron marcados sobre la tierra quemada. Donde hubo templos incas, habría iglesias; donde hubo silencio, habría campanas. Según consta en una de las primeras actas del cabildo de la villa, los nuevos vecinos solicitaron que se les permitiera utilizar las piedras de las viejas edificaciones para construir con ellas sus casas. La ciudad de Quito pasó así a convertirse en un centro clave del dominio español en el norte andino.

Santiago de Quito, fundada por Almagro, con el carácter de provisional y simbólica, no desapareció.  La fundación inicial fue desplaza, vinculándose al origen de Guayaquil.

La ciudad progresó rápidamente. El 8 de enero de 1545, el papa, Paulo III fundó la diócesis de San Francisco de Quito con la finalidad de mejorar el proceso de evangelización a los indígenas, que era difícil por la extensión del territorio. Años después, el 29 de Agosto de 1563, a petición del Cabildo de la ciudad, Felipe II firmaba la cédula de creación de la Audiencia y Presidencia de Quito. En ella se establecieron los límites geográficos de su  jurisdicción, que abarcaban una superficie cinco veces mayor que la de la actual República del Ecuador.

Económicamente fue un lugar próspero. Durante más de dos siglos, la ciudad se convirtió en una de las zonas mineras más grandes y mejor pagadas de los virreinatos, así como uno de los centros textiles más importantes y grandes en América, abasteciendo al Virreinato de la Nueva España y al resto del Virreinato del Perú. Por su parte, las instituciones civiles y religiosas de orden social proliferaron desde los primeros tiempos de su fundación:

El Antiguo Hospital de San Juan de Dios funcionó como tal desde mediados del siglo XVI, acogiendo por igual  a blancos, indios y mestizos. Instituciones educativas como San Fulgencio dieron forma a un espacio intelectual que acompañó la organización del mundo virreinal. Fundada en 1586 por los agustinos, está considerada la primera universidad de Quito, Estaba orientada sobre todo a la enseñanza de teología y artes. 

La Iglesia de la Compañía de Jesús -Cumbre del Barroco-

La llegada de los jesuitas a Ecuador se produjo en 1586, consolidándose como una orden influyente en educación, arte y misión. Entre otras muchas actividades, desde Quito se alimentó la extraordinaria empresa de las misiones de Jaén y Mainas en la región del Amazonas. En 1622 fundaban la Universidad de San Gregorio Magno que alcanzó gran prestigio en el ámbito intelectual del virreinato. Años más tarde, se fusionaría con la universidad Santo Tomás de Aquino, fundada en 1686 por los padres agustinos. De ella deriva la actual universidad central.


Pero la ciudad de Quito desarrolló con el paso de los siglos una singularidad que la hizo especialmente notable: la llamada Escuela Quiteña, cuyo prestigio se extendió por los virreinatos americanos y alcanzó incluso a Europa. Su origen se encuentra en un pequeño centro de enseñanza a cargo de Juan Griego que más tarde pasaría a ser el colegio de San Juan Evangelista, donde se enseñaban las primeras letras y oficios elementales a indígenas y mestizos bajo la dirección de religiosos, de forma gratuita. 
Con el tiempo, ya bajo el patronato real, aquella escuela desbordó el ámbito educativo y dio lugar a una intensa actividad artística. Pintura, escultura y arquitectura religiosa se desarrollaron de manera conjunta, dando forma a una tradición en la que se entrelazaban las influencias europeas y la sensibilidad indígena. Gracias a sus artistas, en gran parte indígenas, se levantaron templos y se llenaron sus espacios de imágenes y ornamentos que adaptaban los modelos europeos al entorno local, configurando uno de los conjuntos artísticos más singulares del mundo virreinal.
Primera gran obra arquitectónica de la Escuela Quiteña, la Iglesia y Convento de San Francisco,

Referencias: Centro virtual Cervantes

Lecturas recomendadas

Amazon



Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *