Universidad de Santo Tomás de Aquino -La Española-
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Universidad de Santo Tomás de Aquino -La Española-

La historia de la educación superior en el continente americano comienza en el Caribe, en la ciudad de Santo Domingo, capital de la actual República Dominicana. Allí surgió la primera institución universitaria del Nuevo Mundo, un acontecimiento que marcó el inicio de la vida intelectual organizada en América y que reflejó la rapidez con la que se implantaron las estructuras españolas en los territorios recién conquistados.

A comienzos del siglo XVI, la isla de La Española era el principal centro político y administrativo del imperio en las Indias. Santo Domingo funcionaba como base de operaciones para la expansión hacia el continente y albergaba instituciones clave como la Real Audiencia y el Arzobispado. Era, en muchos sentidos, el primer ensayo de ciudad imperial en América.

En ese contexto surgió una necesidad práctica: formar clérigos, juristas y administradores sin tener que enviarlos a estudiar a España. Los dominicos, una de las órdenes más activas, comenzaron a organizar estudios superiores en su convento. Allí se enseñaba teología, latín y formación religiosa. No era aún una universidad formal, pero sí algo muy cercano a ello: un espacio donde el saber comenzaba a tomar forma institucional.

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Paulo III
 

La universidad no nació de la nada. Cuando en 1538 el papa Paulo III, a petición de los frailes del convento dominico —activo desde 1518—, emitió la bula In Apostolatus Culmine, lo que hizo fue reconocer oficialmente una realidad que llevaba años gestándose. Así nació la Universidad Santo Tomás de Aquino, considerada tradicionalmente como la primera universidad del continente americano, aunque su primacía ha sido discutida por los historiadores.


La nueva institución se organizó siguiendo el modelo de las universidades españolas, especialmente las de Salamanca y Alcalá. Contaba con las facultades tradicionales —Teología, Derecho, Medicina y Artes— y las clases se impartían en latín, con un currículo basado en el pensamiento escolástico. Como ocurriría después en otras universidades americanas, la enseñanza estaba estrechamente vinculada tanto a la Iglesia como a la administración del imperio.

Durante el siglo XVI, Santo Domingo se convirtió en un foco relevante de actividad intelectual en el Caribe. Desde allí se formaron religiosos, juristas y funcionarios que participaron en la organización de los territorios americanos. Fue también un espacio de debate. Algunos dominicos cuestionaron los abusos del sistema colonial, contribuyendo a una reflexión moral que acabaría resonando en la propia España.


Universidad de Santo Tomás de Aquino
Universidad de Santo Tomás de Aquino

La existencia de esta universidad demuestra hasta qué punto la monarquía hispánica intentó reproducir en América sus estructuras culturales y administrativas desde los primeros momentos. La enseñanza superior se convirtió así en una herramienta clave para formar las élites que sostendrían el sistema colonial.

Con el paso del tiempo, sin embargo, el protagonismo de Santo Domingo fue disminuyendo. A medida que el centro del poder se desplazaba hacia México y Perú, surgieron nuevas universidades en ciudades como Lima o México. La institución dominicana atravesó periodos de interrupción y reorganización, condicionada por conflictos políticos y dificultades económicas.

Es en este punto donde surge el debate. La Universidad de Santo Tomás de Aquino fue la primera en contar con autorización papal, pero su funcionamiento no siempre fue continuo. Frente a ella, universidades como la de Universidad Nacional Mayor de San Marcos, fundada en 1551, pueden reclamar una trayectoria más estable.

A ello se añade un elemento decisivo: la documentación. Durante siglos, los documentos fundacionales de la universidad dominicana se consideraron perdidos y no fueron localizados hasta 1953. El documento no se conservó en América. Como tantos otros textos fundacionales, permaneció durante siglos en los registros pontificios del Archivo Apostólico Vaticano, ajeno a las controversias que su ausencia había provocado al otro lado del océano. Su desaparición se relaciona con una Real Orden de Carlos V fechada en septiembre de 1538, que exigía que todas las bulas papales fueran aprobadas por el Consejo de Indias. La bula que reconocía la universidad fue expedida un mes después de esa disposición, lo que ha llevado a algunos historiadores a situar el reconocimiento efectivo de la Universidad de Santo Domingo en 1558.

Si se acepta esta interpretación, el orden cambia: la universidad de Lima, fundada en 1551 sería la primera, seguida por la de México, fundada ese mismo año.

Pero más allá de estas discusiones, lo esencial permanece. La universidad de Santo Domingo representa el comienzo de algo nuevo: el traslado de la vida intelectual europea a un territorio desconocido, donde habría de adaptarse, transformarse y crecer.
No fue solo la primera —o una de las primeras— universidades de América. Fue, sobre todo, el punto de partida de una tradición que, con el tiempo, se extendería por todo el continente.

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