Jauja -Primera capital del Perú-
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Jauja -Primera capital del Perú-

Jauja representa una ciudad puente entre el mundo andino y orden virreinal hispano; entre realidad geopolítica y mito literario. 
Fue la primera capital española del Perú, aunque lo fue solo durante unos meses decisivos de 1534. 

En el lugar en donde hoy se encuentra la ciudad de Jauja existieron asentamientos humanos de épocas preincaicas pertenecientes a la cultura Huanca. Tras una cruenta lucha, la zona fue incorporada al Imperio Inca durante la expansión liderada por el inca Pachacútec.

En términos del idioma quechua, la llacta de Hatun Xauxa fue fundada después de la caída de la ciudadela de Tunanmarca (Siquillapucara), aproximadamente en el año 1465 por Túpac Inca Yupanqui. Tuvo la categoría de centro administrativo siendo uno de los lugares poblados de mayor importancia después del Cuzco. Por orden del inca se construyó en la parte alta de este poblado un palacio real, aposentos para la corte, un acllawasi, es decir, una red de edificios residenciales de las llamadas, acllas, o grupos de mujeres especializadas en actividades productivas, particularmente en la textilería, cerámica y preparación de chicha, que estaban obligadas a prestar servicios laborales al estado inca. También fue construido un templo dedicado a Inti, el dios Sol.

Después de la captura de Atahualpa, su ejecución posterior y ya con ánimo de tomar posesión del territorio del Tahuantinsuyo, los españoles establecieron alianzas con los habitantes de la región y el 25 de abril de 1534, Francisco Pizarro fundaba la ciudad de Santa Fe de Hatun Xauxa. 

Las razones principales por las que se eligió ese enclave, además de descansar en alianzas con los habitantes de la región, fueron el hecho de ser un relevante centro administrativo dentro del imperio inca. Estaba situado en una posición estratégica entre la sierra central y el sur andino y enclavado en un valle fértil y bien abastecido. Su posición permitía controlar las rutas que se entrecruzaban en esa posición, a la vez que ofrecía un clima benigno, abundancia agrícola y una importante red organizativa heredada del Tahuantinsuyo.

Por lo tanto, Jauja representó el primer intento de capitalidad en el Perú, facilitado por el uso de las infraestructuras incas que representaban la transición entre conquista militar y organización política. A ojos españoles, parecía un lugar idóneo para establecer el nuevo poder.


Fundacion de Jauja
Fundación de Jauja

Pronto surgieron los inconvenientes. Entre ellos, estaba la considerable altitud y la distancia respecto al mar que dificultaba las comunicaciones con Panamá y con España. Se hacía necesario un enclave mejor conectado comercial y militarmente. Por ello, en enero de 1535, Pizarro se decidió, solo un año después, a fundar la Ciudad de los Reyes —actual ciudad de Lima—, cerca de la costa, desplazando definitivamente la capitalidad. Jauja quedó así como una capital meramente simbólica. 

Los ecos de magnificencia y grandiosidad que llegaban a España en tiempos de la conquista el Perú hicieron que en la tradición popular española surgiera la expresión “esto es Jauja”, que quedó asociada a una abundancia y riqueza casi mítica. Esa imagen procede de los relatos tempranos que exageraban la fertilidad del valle, convirtiéndolo en una especie de tierra prometida imaginaria.


Diversos cronistas la mencionan en sus escritos: Pedro Cieza de León la describe como un valle fértil, bien poblado y organizado. Francisco de Xerez alude a la región en el contexto de la consolidación del poder después de Cajamarca. Pedro Pizarro también la menciona en sus memorias. Inca Garcilaso de la Vega, desde su perspectiva mestiza, aporta información sobre la importancia del valle en tiempos incaicos.

 

Jauja no fue solo un punto geográfico, sino un símbolo de esperanza y abundancia. Fundada por los españoles, representaba la intención de organizar y consolidar el poder en un territorio recién conquistado. Sin embargo, su breve papel como capital muestra la fragilidad de los proyectos humanos, incapaces de sostenerse sin adaptación a las condiciones reales. Situada en el fértil Valle del Mantaro, Jauja trascendió la historia virreinal: su fama de tierra generosa le dio incluso nombre a un ideal de prosperidad y bienestar. 
Más que un destino definitivo, fue un umbral de transición, una memoria viva de lo que pudo ser y del potencial que la conquista despertaba, antes de que la capital se trasladara a Lima y dejara a Jauja en un papel más silencioso pero siempre fértil.

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