Nuñez de Vela -Primer virrey del Perú-
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Nuñez de Vela -Primer virrey del Perú-

Nuñez de Vela -Primer virrey del Perú-
Nuñez de Vela -Primer virrey del Perú-

Blasco Núñez Vela fue descrito como “un hombre valiente, pero áspero, rudo y empedernido”, de ninguna manera el tipo de gobernante necesario para poner en vigor las Leyes Nuevas recientemente promulgadas en favor de los indios, y, así, el choque con los conquistadores no tardó en hacerse inevitable.


El primero de marzo de 1543, Blasco Núñez de Vela fue nombrado primer virrey y gobernador de Nueva Castilla y sus provincias. Pertenecía a una familia noble procedente de la ciudad de Ávila. Antes de pasar a América, fue corregidor en Málaga y Cuenca, inspector general de la frontera de Navarra, caballero de la Orden de Santiago y capitán general de las Guardias de Carlos I.

El Perú, como ninguno otro lugar de las Indias, durante los primeros años estuvo envuelto en continuos enfrentamientos entre los conquistadores. Parece que los historiadores están de acuerdo en que hubo numerosas causas, pero que la principal estuvo en el Acuerdo de Panamá entre Pizarro, Almagro y el clérigo Hernando de Luque. Las desigualdades que se produjeron como consecuencia de las capitulaciones de Toledo en las que Francisco Pizarro resultó notablemente favorecido, así como la actuación de sus hermanos, provocaron los recelos de Diego de Almagro por la desigualdad injustificable. Pero sin duda tanto desacuerdo se prolongó debido al poco tacto e imprudencia del primer virrey del Perú, Blasco Núñez de Vela, y su manera de exigir el cumplimiento de las Leyes Nuevas; especialmente lo relacionado con las encomiendas.


A pesar del cuidado que el Consejo de Indias tuvo siempre con la elección de los virreyes, debido al número de potestades que poseían – eran el alter ego del rey-, con el nombramiento de Núñez de Vela, no se tuvo un gran acierto, pues carecía de la habilidad política necesaria en una delicada situación como fue la que se presentó en el Perú.
El 4 de marzo de 1544, el recién nombrado virrey llegaba al Perú. Desembarcó en Tumbes, y se dirigió a Lima. A pesar de las súplicas de quienes le acompañaban, desde que inició el camino, fue imponiendo exigencias que correspondían a la nueva normativa. A las quejas de quienes le acompañaban el virrey replicaba:

“que había venido no para interpretar las leyes ni discutir su conveniencia, sino para ejecutarlas, y que las ejecutaría a la letra, cualesquiera que fuesen las consecuencias”.

El virrey, a pesar de la alerta que despertó su llegada, fue recibido con los honores correspondientes a su rango. Pero enseguida, los Cabildos se coordinaron para acreditar ante la Corte a Francisco de Carvajal con el fin de exponer sus quejas ante el rey. Por su parte el licenciado Rodrigo Niño, letrado, en representación y en nombre de todo Perú, presentó al virrey un memorial, con el ruego de suspender la aplicación de los puntos más perniciosos y difíciles de implantar de las Leyes Nuevas. Las peticiones fueron desestimadas y el virrey procedió a su inmediata aplicación.

Al mismo tiempo, pidieron a Gonzalo Pizarro que tomara el cargo de protector de la colonia, y así lo hizo. 
Este se presentó en Cuzco dispuesto a presidir una diputación que debía enviarse a Lima para exponer sus quejas al virrey y solicitar la suspensión de las ordenanzas. Pero Pizarro, no conforme con el encargo que debió considerar insuficiente, solicitó ser nombrado capitán general para organizar una fuerza armada. El Ayuntamiento de Cuzco se negó al principio, pero finalmente, le concedieron el mando militar.

Nuñez de Vela -Primer virrey del Perú-

Mientras Gonzalo Pizarro seguía armándose y reuniendo hombres, Blasco Núñez empezó a convencerse de que se hallaba en una posición crítica. Desconfiaba de cuantos le rodeaban, incluido el propio Vaca de Castro, quien había sido enviado por la Corona española, encargado de restaurar el orden en el Perú tras el asesinato de Francisco Pizarro y el caos provocado por las luchas entre conquistadores. Núñez de Vela lo mandó arrestar, seguido de la prisión de otros muchos caballeros. Entre ellos, mandó matar al factor real Illán Suárez de Carvajal, hundiendo él mismo una daga en su pecho. Esa muerte fue lo que acabó con la paciencia de los habitantes de Lima que se rebelaron abiertamente. 

Para intentar solucionarlo, el virrey se apoyó en algunos componentes de la Iglesia, pero nada pudo conseguir. Viéndose perdido, intentó marcharse de Lima, pero los oidores se negaron. Cinco días después estallaba el golpe de Estado fraguado por los propios oidores (Álvarez, Vázquez de Cepeda y Lissón de Tejada). El palacio fue invadido, saqueado y el virrey detenido. Lo primero que hicieron los golpistas fue enviarle con una fuerte guardia a una isla inmediata, hasta que se decidiese lo que se debía hacer con él.


Los oidores se repartieron los cargos, ordenando inmediatamente la suspensión de las ordenanzas hasta recibir instrucciones de la Corte. Intentaron convencer a Gonzalo Pizarro para que disolviera las tropas, pero ya era tarde. Pizarro entraba en Lima el 28 de octubre de 1544 con su ejército. Los jueces de la Audiencia lo proclamaron gobernador y capitán general del Perú. Al día siguiente, el Cabildo de la ciudad lo reconocía en su nuevo cargo. 
Nuñez de Vela -Primer virrey del Perú-

Uno de los oidores a quien se le encargó regresar a España con el virrey, Núñez de Vela, puso el barco a su disposición y este decidió desembarcar en Tumbes y reunir tropas para enfrentarse a los rebeldes. Cuando se vio acosado por Gonzalo Pizarro, se dirigió a la provincia gobernada por Sebastián de Belalcázar quien se unió a los hombres del virrey.
Después de algunas escaramuzas, el 18 de enero de 1546, Blasco Núñez salió de la ciudad de Quito, disfrazado para no ser reconocido, encabezando un pequeño ejército. El encuentro para la batalla se produjo en las llanuras de Añaquito. Sebastián de Belalcázar, que combatía a su lado, fue herido y Blasco Núñez resulto muerto. Su cabeza, para escarnio público, fue clavada en una pica. Enterado Gonzalo Pizarro del agravio cometido con el virrey, mandó que sus restos fuesen sepultados en la Catedral de Quito con todos los honores debidos a su categoría, y él mismo presidió el duelo vestido de luto.

 

La llegada poco tiempo después de Pedro de la Gasca para intentar pacificar y ordenar aquellas tierras cambiaría la situación de manera definitiva, terminando con la rebelión y con las pretensiones de Gonzalo Pizarro y sus hombres.


Y así, el primer virrey del Perú terminó arrastrado por la misma tormenta política que había intentado contener. Su firmeza convirtió el mandato de la Corona en una lucha abierta contra los intereses de los conquistadores. La muerte de Blasco Núñez Vela reveló hasta qué punto la autoridad de la Corona seguía siendo incierta en el Perú, donde los conquistadores todavía se consideraban dueños de unas tierras ganadas por la espada.

Fuentes:  RAH: Blasco Núñez de Vela


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