Los Hermanos Pizarro en el Perú
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Los Hermanos Pizarro en el Perú

Una vez obtenida la Capitulación de Toledo, firmada el 26 de julio de 1529, que autorizaba la conquista de las tierras situadas al sur de Panamá, Francisco Pizarro regresó a Trujillo, en Extremadura, su lugar de origen. Allí se reunió con tres de sus medio hermano: Hernando, hijo legítimo del capitán Gonzalo Pizarro, Juan y Gonzalo, como él nacidos fuera del matrimonio. En ese mismo momento conoció también a su hermano materno, Francisco Martín de Alcántara. Los cuatro se trasladaron juntos a Sevilla y, pocos meses más tarde, partieron hacia las Indias desde Sanlúcar de Barrameda.

Hernando Pizarro llegó a ser una de las figuras más influyentes —y menos románticas— de la conquista del Perú.

Nacido en Trujillo (Extremadura), era hijo legítimo del capitán Gonzalo Pizarro, lo que le otorgaba una posición social más sólida que la de Francisco, que había nacido fuera del matrimonio. Llegó a Panamá junto a sus hermanos en 1530. Participó en las expediciones hacia el sur en busca del incanato. Igualmente, estaba presente en la captura de Atahualpa y formó parte de los hombres de confianza de Francisco Pizarro en la consolidación del poder español.

Firma Hernando Pizarro
Firma Hernando Pizarro

Fue el encargado de viajar a España con el famoso quinto real del rescate obtenido de Atahualpa, defendiendo ante la Corona los derechos de su hermano y asegurando privilegios para la familia Pizarro. Su relación con la monarquía fue más directa y estratégica que la de Francisco.

Durante la guerra civil entre pizarristas y almagristas, Hernando mostró un carácter firme y duro. Tras la batalla de Las Salinas (1538), ordenó la ejecución de Diego de Almagro el Viejo, decisión que marcó el punto de no retorno en el conflicto entre conquistadores.

Llamado a España para rendir cuentas por esa ejecución, fue encarcelado durante más de veinte años en el castillo de La Mota (Medina del Campo). No volvió al Perú. Finalmente, fue liberado y pasó sus últimos años en Extremadura. Le aliviaría su soledad la joven Isabel Mercado, quien le dio dos hijos, pero con la que nunca se casó. Con cincuenta años cumplidos, y todavía preso, en 1552 terminaría casándose con su joven sobrina Francisca Pizarro Yupanqui, heredera del marquesado de su padre Francisco Pizarro. La pareja tuvo cinco hijos, tres varones (Francisco, Juan y Gonzalo), y dos mujeres (Isabel e Inés). Nueve años después obtuvo la libertad definitiva y se trasladó a Zarza (hoy Conquista de la Sierra), cerca de Trujillo, donde restauraron y ampliaron la casona familiar de los Pizarro. Allí disfrutó de la felicidad con su joven esposa, en la opulencia que le otorgaban las enormes rentas de ambos, mientras se construían un palacio en la plaza principal de Trujillo. Falleció a principios de septiembre de 1578, siendo el único Pizarro que murió “de viejo y en la cama”.

Si Francisco fue el audaz fundador, Hernando fue el administrador frío del poder. Más político que aventurero, más legalista que impulsivo, representó el esfuerzo por transformar la conquista en dominio estable y legitimado ante la Corona. Su larga prisión simboliza también el giro de la Monarquía: la Corona ya no necesitaba conquistadores autónomos, sino funcionarios obedientes.


Juan Pizarro fue uno de los hermanos menores de Francisco Pizarro, nacido también en Trujillo (Extremadura), llegó al Perú para unirse a la empresa familiar cuando contaba 19 años. A diferencia de Hernando, Juan fue un hombre de acción directa, con fama de enérgico y duro. Participó en el reparto del tesoro de Atahualpa en uno de los primeros lugares, haciéndose con una considerable fortuna. Junto con su hermano Gonzalo quedó a cargo de la ciudad de Cuzco cuando Francisco fue a la costa para fundar la Ciudad de los Reyes, la futura Lima. Las crónicas le atribuyen un trato duro y humillante hacia Manco Inca, sucesor del incanato, actitud que contribuyó a deteriorar la relación entre españoles e incas y que sería uno de los factores del gran levantamiento indígena. 

La muerte de Juan Pizarro
La muerte de Juan Pizarro

Durante la rebelión encabezada por Manco Inca Yupanqui en 1536, cuando sus hombres sitiaron el Cuzco, Juan tuvo un papel destacado en la defensa de la ciudad. Murió ese mismo año al intentar asaltar la fortaleza de Sacsayhuamán, posición estratégica desde la cual los rebeldes dominaban el entorno del Cuzco. Una piedra lanzada desde lo alto de la fortaleza le causó una herida mortal.

Su muerte se produjo en uno de los momentos más críticos de la conquista: cuando el dominio español aún no estaba consolidado y el resultado del levantamiento indígena era incierto.

Juan representa el rostro más combativo y frontal de la familia Pizarro. Murió joven, en plena acción, antes de que la conquista se transformara en administración y conflicto interno entre españoles. No conoció la guerra civil entre pizarristas y almagristas ni el giro político posterior. Su figura queda ligada a la fase más violenta e inestable del proceso, cuando todo aún estaba en disputa.


Gonzalo Pizarro fue el menor de los hermanos paternos de la familia Pizarro y el último en sostener —y perder— el poder conquistador en el Perú. Llegó a las indias con su hermano Francisco y participó en la conquista y en la posterior administración de los territorios obtenidos. Su figura se define por varios episodios clave:

*** Cuando Francisco Pizarro en 1535 deja Cuzco en manos de sus hermanos, Manco Inca era el sucesor del incario. No era un rebelde desde el inicio, pero la convivencia en Cuzco se volvió insostenible debido a las vejaciones y humillaciones a las que fue sometido tanto por Juan como por Gonzalo. Las crónicas coinciden en que Manco fue maltratado, vigilado y en ocasiones retenido casi como prisionero. Uno de los hechos más graves fue la apropiación de Cura Ocllo, esposa principal de Manco. Gonzalo Pizarro la tomó como concubina. Para la cultura andina, no fue solo un agravio íntimo, ese acto tuvo una carga política enorme: suponía una deslegitimación pública del Inca. Manco Inca, después de intentarlo varias veces, logró escapar de Cuzco con el pretexto de organizar ceremonias religiosas. Poco tiempo después, regresó al frente de un ejército masivo y sitió la ciudad durante meses.

El sitio de Cuzco fue el momento más crítico para la presencia española en el Perú. Aunque la rebelión fracasó, el resultado fue irreversible: Manco se retiró a Vilcabamba y comenzó la resistencia neoinca. La posibilidad de un dominio indirecto pactado murió allí.

Gonzalo representa, en ese episodio, la arrogancia conquistadora en su forma más cruda: joven, victorioso, sin contención. Gonzalo no es un simple secundario. Es uno de los detonantes del giro violento que transforma una ocupación en guerra abierta.

*** Entre los años 1541 y 1542 organizó una ambiciosa exploración desde Quito hacia el interior amazónico en busca del mítico País de la Canela y riquezas orientales. La expedición fue desastrosa: hambre, enfermedades, deserciones y pérdida casi total del contingente. En ella participó Francisco de Orellana, quien terminó descendiendo el gran río Amazonas hasta el Atlántico. Gonzalo regresó exhausto y con su prestigio militar resentido.

*** En 1542 la monarquía promulgó las Leyes Nuevas, destinadas a limitar las encomiendas y frenar abusos sobre los indígenas. Muchos encomenderos se sintieron amenazados. Gonzalo se convirtió en el líder de esa resistencia.

*** Cuando el virrey Blasco Núñez Vela intentó aplicar las nuevas normas, estalló el conflicto. Gonzalo lo derrotó en la batalla de Añaquito (1546) y, durante un tiempo, fue de hecho el hombre más poderoso del Perú. Algunos incluso le sugirieron proclamarse rey independiente.

Sin embargo, la Corona reaccionó enviando a Pedro de la Gasca, hábil negociador que logró desarticular el apoyo a Gonzalo sin grandes combates. Finalmente, fue derrotado en la batalla de Jaquijahuana, en 1548 y ejecutado.

Ajusticiamiento de Gonzalo Pizarro
Ajusticiamiento de Gonzalo Pizarro
Si Francisco representa la conquista, Hernando la legitimación ante la Corona y Juan la violencia del asedio, Gonzalo encarna la última fase: el choque entre los conquistadores y el poder real. Con él muere no solo un hombre, sino una época. A partir de su caída, el Perú deja de ser territorio de caudillos para convertirse plenamente en territorio del Estado.

Francisco Martín Alcántara. Fue el hermano materno de Francisco Pizarro, conquistador del Perú. Ambos compartían madre —Francisca González—, pero no padre, lo que los convertía en medio hermano. Su figura aparece más discreta que la de los hermanos Pizarro, pero su presencia en algunos eventos resulta reveladora.

Nació en Trujillo, (Extremadura), como todos los Pizarro, viajó a América dentro del círculo familiar que acompañó y sostuvo la empresa peruana. Se embarcó con su mujer, Inés Muñoz, y sus dos hijos, que perecieron durante la travesía. Francisco Martín se quedó rezagado cuando el cuerpo principal de la hueste marchó hacia los Andes, por lo cual no intervino en la captura de Atahualpa. Hay un Francisco Martín en la lista de los beneficiados con el tesoro de Cajamarca, pero no coincide con el medio hermano de Pizarro. Se estableció en el Perú tras la caída del Imperio inca y participó en la consolidación del nuevo orden colonial, integrándose en la élite conquistadora asentada en Lima.

La muerte de Francisco Pizarro
La muerte de Francisco Pizarro

Su destino quedó definitivamente unido al del conquistador. El 26 de junio de 1541, durante el asalto al palacio de Lima por parte de los partidarios de Diego de Almagro el Mozo, Francisco Martín de Alcántara murió defendiendo a su hermano, Francisco Pizarro. Ambos fueron asesinados en el mismo episodio.

Sin embargo, Martín de Alcántara no aparece en las crónicas como figura de iniciativa ni de ambición visible. Su papel fue el del hombre de confianza: el pariente leal que acompaña y sostiene desde la sombra. En el Perú no fue caudillo ni estratega, sino parte del núcleo íntimo que rodeaba al gobernador.

Su muerte tampoco fue la de un líder político, sino la de un hermano que permanece junto a otro en el momento extremo. Cuando los almagristas irrumpieron en la casa de Lima, no huyó: cayó allí, sellando con su sangre un vínculo familiar que había cruzado el Atlántico y atravesado también la guerra civil entre conquistadores.

Su figura representa ese segundo plano frecuente en la conquista: hombres cercanos al poder, sin gran protagonismo individual en las crónicas, pero profundamente implicados en el proceso y sus conflictos. Por su parte, su viuda, Inés Muñoz, natural de Trujillo de Extremadura, se unió en segundo matrimonio con Antonio de Ribera, se hizo benefactora del monasterio de la Concepción de Lima y ganó fama como introductora del trigo en el Perú. Falleció esta dama el 3 de junio de 1594.

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