Diego de Almagro -La alianza rota del Perú-
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Diego de Almagro -La alianza rota del Perú-

“fueron ambos tan buenos compañeros e tan avenidos, y en tanta amistad e conformidad, que ninguna cosa de hacienda, ni de indios, ni de esclavos, ni minas en que sacaban oro con su gente, ni ganados avía entre ellos sino común, e no más del uno que del otro, mucho mejor que entre hermanos”. 
En referencia a Pizarro y Almagro, dice Pedro Cieza de León.  Crónica del Perú,
Diego de Almagro
Diego de Almagro

Probablemente, nació en la localidad de Almagro (La Mancha) hacia 1475. De origen humilde, sin linaje ni fortuna, pronto entra en el mundo militar. Siendo todavía muy joven, Almagro consiguió embarcarse en la armada al mando de Pedrarias Dávila, designado gobernador de Castilla del Oro, más conocida como Tierra Firme.

Durante los primeros años en el Caribe y Panamá participa en expediciones tempranas por el nuevo continente, demostrando que estaba muy bien dotado para el oficio de soldado en un medio tan hostil y desconocido, en donde fue adquiriendo una gran experiencia bajo las banderas de varios capitanes.

Los cronistas de la época afirmaban refiriéndose a Almagro: “era muy buen soldado, y tan gran peón que por los montes muy espesos seguía a un indio sólo por el rastro, que aunque le llevase una legua lo tomaba”.

Asentado en Panamá, se unió a Francisco Pizarro y a Hernando de Luque dando lugar, en la isla de Taboga, a la formación del triángulo fundador de la empresa hacia la zona de Levante, es decir, al Sur de Panamá. En pos de esas tierras ya habían salido expediciones como la del capitán Gaspar de Morales y la de Pascual de Andagoya que habían traído noticias alentadoras. En esa sociedad, Pizarro asumiría el mando militar; Almagro la logística, el reclutamiento, y el sostén humano; Luque la financiación y respaldo legal. Según las últimas investigaciones, tanto Pedrarias, gobernador de Castilla del Oro, como el licenciado Espinosa, participaron de esta compañía, aunque de forma muy discreta. 


Según lo acordado entre los socios, el 13 de septiembre de 1524 partió Francisco Pizarro en una pequeña carabela llamada Santiago. Pocos meses más tarde, Almagro zarpaba también de Panamá, en ayuda de su socio. Sin cruzarse con quienes, el mismo Pizarro, había enviado en busca de refuerzos, Almagro llegaba al que llamaron Pueblo Quemado, donde sostuvo un recio combate con los indios. En la refriega perdió un ojo. A partir de entonces sería conocido como «el Tuerto». Pero Almagro siguió navegando. El 24 de junio de 1525 descubrieron un río al que denominaron río de San Juan. Sin embargo, la expedición que sigue sin encontrar el objetivo de apoyar a Pizarro, regresaba hacia Panamá, cuando, finalmente, ambos socios se encontraron en Chochama —territorio costero, hoy Chocó colombiano—y tuvieron que reconocer que habían fracasado. 

Almagro fue el encargado de informar a Pedrarias sobre este primer viaje. El gobernador tildó a Pizarro de incompetente y decidió cancelar la empresa. Pronto se arrepintió y finalmente, aceptó que continuaran explorando, con la condición de que Pizarro tuviera un capitán adjunto. Almagro entonces se propuso para ese cargo y dedicó todos sus afanes en reclutar gente para embarcarla en el Santiago y el San Cristóbal, iniciándose así el segundo viaje hacia Levante. Esta vez los dos capitanes viajaron juntos recorriendo numerosas islas y poblados continentales en un viaje durísimo por los vientos, las tormentas, los indígenas que les atacaba, las enfermedades y la falta de comida y agua.

En ese segundo viaje tuvo lugar la famosa escena de la isla del gallo y el viaje del prestigiado marino, Bartolomé Ruiz. Este, navegando hacia el sur, atravesó por primera vez la línea ecuatorial, al tiempo que, en ese mismo viaje, se encontraría con una nave de indígenas de la etnia Tallán. La embarcación, como los barcos europeos, portaba vela de algodón y preciosas mercancías destinadas al comercio que denotaban la exquisitez de la civilización a la que se estaban aproximando.


Al regreso del segundo viaje sin resultados ciertos, pero con evidencias de que las promesas de encontrar ricos territorios podían hacerse realidad, los tres socios decidieron negociar directamente con el Rey de España. Pizarro partió a la península ibérica, y en Toledo, la emperatriz Isabel en nombre de la Corona, firmó la famosa Capitulación de Toledo que haría posible la conquista del Perú. A su regreso a las Indias, Pizarro llevó consigo a tres de sus hermanos paternos, Hernando, Juan, Gonzalo y a un hermano materno, Francisco Martín de Alcántara.

Con el tiempo, la presencia de los Pizarro convirtió una sociedad de conquista en una hegemonía familiar, dejando a Almagro en posición secundaria y empujando la empresa común hacia un inevitable enfrentamiento.


En la Capitulación de conquista obtenida por Pizarro, este recibió el título de adelantado y de gobernador de los nuevos territorios a conquistar bajo el nombre de la Nueva Castilla. Para Almagro, quedaron ventajas menores como el nombramiento de alcaide de la fortaleza de Tumbes, una renta de 300.000 maravedís anuales y la condición de hidalgo. La Capitulación no rompió la amistad entre ellos, pero introdujo una jerarquía: Pizarro asumía mando efectivo, para Almagro solo quedaban las expectativas. Desde entonces, ya no fueron socios iguales ante la ley del rey.

En estas condiciones se iniciaron los preparativos para el tercer viaje al Perú. Pizarro partió y Almagro poco tiempo después lograba que bajo su banderín de enganche se anotaran ciento cincuenta y tres hombres, con los cuales marchó también hacia el Perú. Mientras tanto, Pizarro, se había adentrado en el continente y había capturado a Atahualpa en Cajamarca. Enterado Almagro de tan portentosas nuevas al llegar a San Miguel de Tangarará, partió hacia Cajamarca, donde pudo felicitar a Pizarro el 12 de abril de 1533.

El Tesoro de Atahualpa
El Tesoro de Atahualpa

A su llegada, se comenzaba a reunir una fabulosa fortuna en oro y plata que el inca había prometido a cambio de su rescate. En aquel momento, el interés se centraba en un reparto del que Almagro no podía participar, pues el oro y la plata, que se iba amontonando solo podía repartirse entre los captores del Inca. Finalmente, el reparto se hizo. Las fuentes hablan de que Almagro también recibió una suma considerable, pero claramente inferior a lo que le hubiese correspondido como socio de la empresa. 

Almagro ya debía venir resentido por la Capitulación de Toledo, donde él quedó en posición subordinada. El reparto del rescate consolidó esa desigualdad simbólica. Ahí empezó a gestarse el conflicto que terminaría en guerra civil entre pizarristas y almagristas. 

Finalmente, Atahualpa fue ejecutado el 26 de julio de 1533. Almagro y Pizarro, juntos de nuevo, reanudaron la marcha hacia el interior del imperio. Primero sería Jauja y después el Cuzco.

Mientras tanto Pedro de Alvarado, lugarteniente de Hernán Cortés en la conquista de México, había llegado a las costas con ambiciosos proyectos y capitulaciones dadas por el rey Carlos para una expedición a las islas y tierras no descubiertas en el Mar del Sur. Pizarro pidió a Almagro que tomase posesión de la costa y Almagro cumplió cabalmente el encargo. Efectuó la primera fundación de Trujillo y, en compañía de Sebastián de Belalcázar, ascendió hasta Quito para oponerse a la ambición de Pedro de Alvarado. Se evitó el enfrentamiento entre españoles y se pasó a negociar con el rubio gobernador de Guatemala, quien pretendía que la ciudad del Cuzco le pertenecía. Finalmente, Alvarado fue recompensado económicamente y marchó a Guatemala.


Antes de estos hechos, Hernando Pizarro había marchado a España llevando al Monarca el quinto real correspondiente al rescate de Atahualpa. Almagro, a su vez, comisionó secretamente a diversos partidarios suyos para que pidieran a la Corona una gobernación independiente para él. En España, Hernando Pizarro, intrigó contra él ante los más altos personajes de la Corte. Sin embargo, los valedores de Almagro supieron defenderle vigorosamente y obtener para él una gobernación —la de Nueva Toledo—. Esta debía estar al sur de la de Pizarro con una extensión de doscientas leguas. Almagro estaba en Cuzco cuando recibió la Real Cédula que daba absoluta legalidad a su deseo de descender hacia las tierras de Chile para encontrar su propio imperio.

Pero entre las gobernaciones de ambos conquistadores existía el problema de que nadie sabía con exactitud dónde caía el Cuzco. La capital del antiguo imperio se convirtió en un punto de fricción legal, no solo militar. Los hermanos de Francisco Pizarro, que ocupaban su lugar, ausente para la fundación de Lima, se negaron a que Almagro fuera teniente gobernador en Cuzco. Esta situación estuvo a punto de provocar un sangriento motín entre pizarristas y almagristas, pero, felizmente, Francisco Pizarro regresó a la vieja capital de los incas y el 12 de junio de 1535, ambos socios, según cuentan los cronistas, "comulgando de una misma hostia, remozaron su pacto de amistad".

A mediados del año 1535, Almagro inició la expedición a Chile que resultó ser un rotundo fracaso hasta que, defraudados y abatidos, a finales de 1536, Almagro y sus hombres iniciaron el regreso hacia Perú por el desierto de Atacama. En los primeros meses de 1537, la expedición llegaba a la villa de Arequipa. Allí tuvieron noticias de que Manco Inca había cercado la ciudad de Cuzco en franca rebelión contra los hermanos Pizarro. Los hombres de confianza de Diego de Almagro insistían para que se apoderara de Cuzco. Almagro dudaba.


Hay testimonios de que se intentó un arreglo con Manco Inca que, a la postre, se frustró. Entonces, Almagro envió emisarios a Cuzco exigiendo a Hernando que le entregara la ciudad. Este se negó rotundamente y en la noche del 8 de abril de 1537 la hueste de los almagristas tomó por asalto el Cuzco. Hernando y Gonzalo Pizarro fueron hechos prisioneros. Juan había muerto en la defensa de la ciudad.

Diego de Almagro se apodera del Cuzco
Diego de Almagro se apodera del Cuzco

Enterado Francisco Pizarro del regreso de Almagro y de la prisión de sus hermanos, intentó negociar con su socio, nombrando como mediador a fray Francisco de Bobadilla, que fue aceptado por Almagro. Este dictó que, en espera de que la exacta posición fuera fijada por pilotos expertos, él juzgaba que el Cuzco pertenecía a Pizarro. Los almagristas rechazaron el fallo y el 23 de noviembre de 1537, Almagro decidió seguir ocupando Cuzco hasta que el Emperador diera un fallo definitivo.

Francisco Pizarro aceptó todo a cambio de la libertad de su hermano Hernando que le fue concedida pese a la protesta unánime de los capitanes almagristas que lo consideraban un grave error. Efectivamente, una vez libre, Hernando bajo pretexto de seguir la lucha contra Manco Inca, formó un ejército para llevarlo a Cuzco. Por esos días, Francisco Pizarro recibió una Real Cédula donde se ordenaba a Diego de Almagro salir de todos los lugares conquistados por Francisco Pizarro. En un acto de verdadera desesperación, Almagro y los suyos marcharon también a Cuzco para defenderlo.



Finalmente, Hernando Pizarro comandando su ejército marchó a la ciudad imperial. Los almagristas, dirigidos por Rodrigo Orgóñez, pues el gobernador estaba muy enfermo, ocuparon emplazamientos en el campo de Las Salinas, cerca de Cuzco. El 5 de abril de 1538 se encontraron los dos ejércitos. Un cronista escribió: «Jamás de una parte ni de la otra salieron a tratar de paz». El 6 de abril con los primeros rayos del sol ambos bandos se lanzaron al combate con singular denuedo. Almagro, aquel hombre que en su juventud seguía el rastro de un indio por los montes más espesos, sin más guía que su instinto y su tenacidad, contemplaba ahora la batalla desde una litera, enfermo y derrotado, mientras otros decidían su destino.

Rodrigo Orgóñez, luchó valientemente pero murió a manos de un villano y la victoria quedó para los pizarristas. Diego de Almagro y unos pocos leales escaparon hacia la fortaleza de Sacsahuamán para intentar seguir defendiéndose. Los partidarios de los Pizarro los siguieron obligándolos a rendirse. El viejo y enfermo gobernador de la Nueva Toledo se entregó y fue conducido a Cuzco donde ya como prisionero, y una vez hizo testamento, a la edad de sesenta y tres años fue ejecutado en 1538.

El conquistador que había contribuido a abrir estos reinos para la Corona terminaba juzgado 
por los mismos hombres con quienes los había ganado.

El cronista Cieza de León dice de él, «era de pequeño cuerpo, de feo rostro é de mucho ánimo; gran trabajador, liberal, aunque con jactancia de gran presunción sacudía con la lengua algunas veces sin refrenarse; era avisado, y, sobre todo, muy temeroso del Rey. Fué gran parte para que estos reinos se descubriesen, según mas claramente lo he contado en los libros de las Conquistas».

Como indica el mismo cronista, Almagro tuvo un hijo que se llamó Diego de Almagro, el Mozo, tenido con una india panameña bautizada como Ana Martínez. Tuvo, también en Panamá, otra hija con una india llamada Mencía, a la que pusieron el nombre de Isabel, pero se desconoce el destino que corrió.

Fueron, como escribió Pedro Cieza de León, tan buenos compañeros que nada había entre ellos que no fuese común. Compartieron riesgos, derrotas y la ambición de conquistar un imperio. Pero las capitulaciones desiguales y la intervención de los hermanos Pizarro quebraron aquel equilibrio.
Almagro murió no solo por el Cusco, sino por una alianza rota. Su ejecución selló la primera gran guerra civil del Perú y convirtió una empresa compartida en una tragedia fundacional.


Fuentes: RAH.- Diego de Almagro

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