Antonio de Mendoza -Primer virrey de Nueva España-
El 17 de abril de 1535, el emperador Carlos, en Barcelona, firmó el título de “visorrey” de Nueva España en favor de Antonio de Mendoza. Con ello se creaba el primer el virreinato en el Nuevo Mundo.
«Habemos acordado de nombrar persona que en nuestro nombre y como nuestro visorrey la gobierne y haga y provea todas las cosas concernientes al servicio de Dios Nuestro Señor y aumento de nuestra santa fe católica y a la instrucción y conversión de los indios naturales de la dicha tierra, y así mismo haga y provea las cosas que convengan a la sustentación y perpetuidad, población y ennoblecimiento de la dicha Nueva España y sus provincias».
Antonio de Mendoza, probablemente nació en Mondejar, Guadalajara en 1490. Pertenecía a una de las familias más importantes en la historia medieval española. Entre sus familiares hay cardenales, consejeros reales, militares; destacando entre ellos por la trascendencia cultural de su obra literaria el Marqués de Santillana...
Antes de la llegada a América, el noble castellano había acumulado una gran experiencia. Su padre, el conde de Tendilla, fue el capitán general de Granada, con funciones de virrey, desde que la ciudad fuera ganada a los moros y él se educó en el encuentro de culturas que provocó esa situación. Durante esos años de difícil convivencia aprendió el oficio de virrey, sustituyendo a su progenitor, el de regidor de cabildo, el de tesorero de la Casa de la Moneda, y las dificultades de gobierno de una población étnica y confesionalmente distinta a la suya.
Con la llegada de Carlos I a Castilla, se vio involucrado en la guerra de los comuneros y en varios conflictos de carácter familiar. Durante un tiempo parecía haber sido relegado de labores importantes del reino, sin embargo, su vida cambiaria con el matrimonio de Carlos I con Isabel de Portugal en Sevilla pues, la simpatía que despertó en la reina, jugaría a favor del futuro de Antonio de Mendoza quien ocupo diversos cargos como embajador en otros tantos países europeos, en momentos significativos de la historia española; también sería enviado como pacificador en una peligrosa rebelión de los moriscos en territorio de Extremadura que supo resolver con brillantez. Todo ello le serviría de invaluable experiencia cuando posteriormente fue elegido primer virrey en los nuevos territorios americanos.
Una vez aceptado su nombramiento como virrey, Antonio de Mendoza se embarcó para las indias. Llegó al puerto de Veracruz a finales de septiembre de 1535, haciendo su entrada en la ciudad de México el 14 de noviembre.
Sus facultades en los nuevos territorios americanos eran muy extensas y casi sin límites, pues estaba capacitado para obrar y ejercer la función encomendada con la obediencia y acatamiento de todas las autoridades virreinales. Todas ellas estaban contenidas en la instrucción real dada por el emperador con veintisiete recomendaciones, a la que siguió otra instrucción, firmada por la emperatriz y fechada el 14 de julio en Madrid, con diecisiete recomendaciones más.

Su área de gobierno efectivo se extendía desde Panamá hasta las fronteras indias del norte de México. Su labor consistía en reordenar el gobierno del territorio conquistado, en constante expansión.
Desde el primer momento tuvo que enfrentarse con conflictos muy serios pendientes de solución, entre ellos el hecho de que, desde el inicio de su mandato, residían en Nueva España Hernán Cortés, el conquistador natural del territorio, ocupado en ese momento en el descubrimiento y conquista del norte del continente; el gobernador Nuño de Guzmán quien gobernaba Nueva Galicia y estaba enfrentado a Cortés; las tierras del sur del virreinato, en Yucatán, era del también conquistador Francisco Montejo, acompañado de sus hijos, quien gobernaba; mientras Pedro de Alvarado tenía una encomienda muy especial en Guatemala.
A pesar de todo, en los años siguientes a la llegada del virrey, tuvieron lugar un sin fin de acontecimientos que irían conformando el virreinato de la Nueva España: un acertado modelo de administración política y territorial que perduraría durante trescientos años.
La preeminencia en su gobierno la tuvo el trato con los indios, quienes debían ser sabedores de las leyes que les favorecían y las penas impuestas a los transgresores, para lo cual ordenó que se reuniera una junta de personas notables y doctas, y que se ofreciera un resumen de las disposiciones adoptadas, expresando deberes y exenciones que se recogerían en un memorándum. Acto seguido, se debía reunir a los indios en una plaza o lugar estratégico, y mediante persona que entendiese bien la lengua, o por un intérprete, se leyese dicho memorial. Así se hizo y la primera lectura tuvo lugar en la Ciudad de México, presidida por el virrey, en presencia de la Audiencia y de la gente principal.

Hacia el norte del continente se abrieron caminos difíciles. Fray Marcos de Niza soñó con ciudades doradas, y detrás de él partieron Álvar Núñez Cabeza de Vaca y Estebanico, un esclavo bereber que terminó siendo guía y explorador. Más tarde, Francisco Vázquez de Coronado alcanzó las llanuras de lo que hoy son Kansas y Nuevo México, donde fundó asentamientos que marcaron la frontera del virreinato.