El requerimiento -Juan de Palacios Rubio-

 

 

 

 

El llamado "Requerimiento" fue redactado por Juan Palacios Rubio 
y se utilizó por primera vez por los componentes de 
la expedición a Tierra Firme encabezada por Pedro Arias Dávila en el año 1513. 

 

Juan López de Vivero, conocido como Juan de Palacios Rubio, nació probablemente en el pueblo que le dio su nombre, Palacios Rubio, en la provincia de Salamanca, en torno a 1450.

Fue un insigne jurisconsulto formado en la Universidad de Salamanca, escritor y consejero real que, junto a Alonso Díaz de Montalvo, fue uno de los principales juristas castellanos de la época de los Reyes Católicos, a quienes serviría con su trabajo letrado en las más importantes cuestiones legales de su tiempo; en 1504 fue nombrado miembro del Consejo de Castilla, un cargo que desempeñó hasta su muerte. Entre otras notables intervenciones, fue el autor de las trascendentales Leyes de Toro que regulaban lo concerniente a las sucesiones, compiló las leyes del Consejo de la Mesta y sobre todo, con su ayuda se logró de manera definitiva la unión entre Aragón y Castilla; más tarde, intervendría en la adquisición del reino de Navarra.

Pero por lo que se le tiene presente en todo lo relacionado con la conquista de América fue por ser el redactor del famoso “requerimiento”, norma de obligado cumplimiento para todos los que accedían a conquistar las tierras del Nuevo Mundo. 

La causa que originó su redacción fue que, tras la Junta de Burgos en 1512, se desencadenó el cuestionamiento de los títulos que podían ser invocados por la Corona de Castilla para la adquisición y retención del Nuevo Mundo, basada en el marco cultural del derecho romano y en la validez de la donación hecha por el papa Alejandro VI. Se disputaba también sobre la licitud de la guerra contra los habitantes del Nuevo Mundo, que se convertía en “guerra justa” desde el momento en que los naturales se negaban aceptar la sumisión a la Corona y su conversión al cristianismo.  


El Requerimiento Debía ser leído por los conquistadores a los grupos, asambleas o autoridades de los pueblos indígenas, como procedimiento formal para exigirles su sometimiento a los reyes españoles y a sus enviados. Esta exigencia a los indígenas era argumentada en el texto apelando al derecho divino, que de acuerdo a las creencias católicas, se había oficializado con la entrega de las tierras americanas a la monarquía española por parte del papado.


 

 

Texto del Requerimiento

 

De parte del muy alto y muy poderoso y muy católico defensor de la iglesia, siempre vencedor y 
nunca vencido el gran Rey don Fernando V de España, de las dos Sicilias, de Jerusalén, de las 
Islas y tierras firmes del Mar Océano, etc. Tomador de las gentes bárbaras, de la muy alta y 
poderosa Sra. la Reina Doña Juana, su muy cálida y amada hija, nuestros Señores, yo Dávila 
su criado, mensajero y capitán, los notifico y les hago saber como mejor puedo: Que Dios nuestro 
señor único y eterno, creó el cielo y la tierra, un hombre y una mujer de quienes nosotros y 
vosotros fueron y son descendientes y procreados y todos los de después de nosotros vinieron, 
mas la muchedumbre de la generación y de esto ha sucedido de cinco mil y mas años que el 
mundo fue creado, fue necesario que unos hombres fuesen de una parte y otros fuesen por otra 
y se dividiesen por muchos reinos y provincias de que una sola no se podrían sostener ni conservar. 
De todas estas gentes nuestro Señor dio cargo a uno que fue llamado San Pedro, para que de 
todos los hombres del mundo fuese señor y superior, a quien todos obedeciesen y fuese cabeza 
de todo lo humano, donde quiera que los hombres estuviesen y viviesen en cualquier ley, 
secta o creencia, pidiéndole a todo el mundo por su reino, señorío y jurisdicción, y como 
quiera que le mando propusiese su silla en Roma como el lugar mas aparejado para regir el 
mundo, también le permitió que pudiese estar y poner su silla en cualquier otra parte del mundo, 
y juzgar, y gobernar a toda la gente, cristianos, moros, judíos, gentiles y de cualquier otra 
secta o creencia, a este llamaron Papa, que significa admirable, mayor, padre y guardador. 
A este San Pedro obedecieron y tomaron por señor, Rey y superior del universo, los que en 
aquel tiempo vivían y asimismo han tenido todos los otros que después de él fueran al 
pontificado elegido y así se ha continuado hasta ahora y así se continuará hasta que el 
mundo se acabe. Uno de los pontífices pasados que en lugar de este mundo, hizo donación 
de estas Islas y tierras firmes del Mar Océano, a los ricos Rey y Reinas y a los sucesores en 
estos reinos, con todo lo que en ellas hay según se contienen en ciertas escrituras que sobre 
ellos basaron, así que sus Altezas son Reyes y Sres. de estas Islas y tierras firmes, por virtud 
de dicha donación y como a tales Reyes y Sres. algunas Islas más y casi todas a quienes esto 
ha sido modificado has recibido a sus altezas y les han obedecido y servido y sirven como 
súbditos lo deben hacer, con buena voluntad y sin ninguna resistencia, luego de su inclinación 
como fueron informado de lo susodicho, obedecieron y recibieron a los valores religiosos que 
sus Altezas profesaban para que les predicasen y enseñasen la Santa fe, y todos ellos de su 
humilde y agradable voluntad sin apremio ni condición alguna se hicieron cristianos y lo son, 
sus Altezas los recibieron alegres y así los mandó tratar como a los otros súbditos y vasallos, 
los otros son pedidos y obligados a hacer lo contrario.

Por ende, como mejor puedo os ruego y requiero que entendáis bien lo que he dicho, y toméis 
para entenderlo y deliberar sobre ello el tiempo que fuere justo y reconoscais a la Iglesia por 
Señora y Superiora del universo mundo y al sumo pontífice llamado Papa en su nombre y al 
Rey y la Reina nuestros señores en su lugar como Superiores y Señores y Reyes de esta isla 
y tierra firme por virtud de la dicha donación y consentíais en ese lugar a que estos padres 
religiosos o declaren los susodichos.

Si así lo hicieres te ha de ir bien y aquello a que estas obligado, y sus altezas en su nombre los 
recibirán con todo amor y caridad, los dejarán vuestras mujeres hijos y haciendas libres, 
sin servidumbre, para que de ellas y nosotros hagáis libremente lo que quisieres y por bien 
tuvieres y no os compelerán a que tornéis cristianos, salvo si vosotros informados de la verdad 
quisieres convertir a la religión católica como lo han hecho casi todos los vecinos de estas islas y 
además de esto su Alteza dará muchos privilegios y exenciones que gozarán muchas veces.

Si no lo hicieres o en ello dilación maliciosamente pusieres, os certifico que con la ayuda de Dios 
entraré poderosamente contra vosotros y os haré guerra por todas las partes y maneras que 
tuviere y sujetaré al yugo y obediencias de la iglesia y de sus Altezas y tomaré vuestras personas 
y las de vuestras mujeres e hijos y los haré esclavos y como tales los venderé y dispondré de ellos 
como su Alteza mandare, y os tomaré vuestros bienes, y os haré todos los males y daños que pudiere 
como a vasallos que no obedecen y que no quieren recibir a su señor y le resisten y contradicen y 
protesto de los muertes y daños que de ellos se registraren serán a culpa vuestra y no de sus 
Altezas ni mía, ni de estos caballeros que conmigo vinieron y de como lo digo, requiero, pido 
al presente Escribano que me lo de como testimonio firmado y a los presentes ruego que de 
ello sean testigo.

 

La institución fue utilizada durante décadas, pero se pervirtió rápidamente. Se cumplía el trámite, pero en muchas ocasiones era leído en castellano o en latín, en la oscuridad, o a varios kilómetros de la próxima aldea a ser tomada. En todo caso, los indígenas muy pocas veces estaban dispuestos a convertirse por el mero hecho de la lectura de una carta. De hecho, el Requerimiento no dejó de ser criticado como ineficaz por algunos contemporáneos, como Fray Bartolomé de Las Casas o Gonzalo Fernández de Oviedo, quienes lo pusieron de manifiesto en sus escritos.  

..Yo pregunté después, el año de 1516, al doctor Palacios Rubios (porque él habia ordenado aquel requerimiento) si quedaba satisfecha la conciencia de los cristianos con aquel requerimiento, é díjome que sí si se hiciese como el requerimiento dice. Mas paréceme que se reía muchas veces cuando yo le contaba lo de esta jornada y otras que algunos capitanes después habían hecho; y mucho mas me pudiera yo reir de él y de sus letras (que estaba reputado por gran varon, y por tal tenia lugar en el consejo real de Castilla) si pensaba que lo que dice aquel requerimienlo lo habían de entender los indios sin discurso de años é tiempo.
Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia General y Natural de las Indias, t. III, cap. VII

 

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