Emilia Pardo Bazán: El color de la leyenda
Sin duda, la vida literaria de Doña Emilia Pardo Bazán transcurrió en los años duros en que se produjo la pérdida definitiva de las últimas colonias españolas en ultramar: Cuba, Puerto Rico y Filipinas, que estuvo seguida de un largo luto. Los restos de un inmenso imperio partían para comenzar el inevitable olvido o, tal vez, no.

Doña Emilia Pardo Bazán fue y es una célebre gallega a la que se le anteponen todos los apelativos posibles que la convierten en una pétrea figura de la historia del siglo XIX. Fue esposa, madre, amante, culta; fue condesa, cosmopolita, incansable polemista, feminista comprometida. En política militó en las filas del carlismo y en literatura cultivó el naturalismo, fue introductora de la literatura rusa en nuestro país que asimiló con su especial inteligencia y con un ojo muy certero en cuestiones sociales y políticas.
Puede decirse que nunca permaneció al margen de nada. En su empeño por ser y estar plenamente presente en la vida intelectual de su tiempo, acabó participando también de esa tristeza culpable que durante años pareció posarse sobre el ánimo de tantos pensadores españoles. Como muchos de ellos, observó con lucidez los momentos más difíciles de la historia nacional y se sintió llamada a mostrarlos al mundo. Así, en 1899, invitada por el abogado, político y periodista Mauricio Spronck, doña Emilia Pardo Bazán pronunció en un centro cultural parisino la conferencia titulada «La España de ayer y de hoy», donde expuso la imagen de una España herida y empequeñecida tras el desastre del 98.
Sin duda, gratuitamente, situó delante de los ojos de todos la visión de una máscara que identifica a los españoles con la herencia perdida de un tiempo en el que, a pesar de tanta envidia, fuimos los mejores. Eso convirtió en insidiosos apelativos el hecho de haber vertido sobre un Nuevo Mundo todos los sueños, las esperanzas, las ambiciones, la fe y el deseo de convertirlo en el reflejo de nosotros mismos.

Fue en dicha conferencia donde, según los estudiosos, se emplea, por primera vez, en sentido político y en español, la expresión «leyenda negra».
Menos mal, que en pro de una valentía que considera suya, se despachó a gusto en el último tramo de esa conferencia, y en sus últimas palabras, no es a España a quien desnuda para ser sometida al juicio ajeno.
«Y pues mi sinceridad me autoriza, tengo derecho a afirmar que la contraleyenda española, la leyenda negra, divulgada por esa asquerosa prensa amarilla, mancha e ignominia de la civilización en los Estados Unidos, es mil veces más embustera que la leyenda dorada. Esta, cuando menos, arraiga en la tradición y en la historia; la disculpan y fundamentan nuestras increíbles hazañas de otros tiempos; por el contrario, la leyenda negra falsea nuestro carácter, ignora nuestra psicología, y reemplaza nuestra historia contemporánea con una novela, género Ponson du Terrail, con minas y contraminas, que no merece ni los honores del análisis. El tal novelón nos ha perjudicado, pues por absurda que sea la calumnia, siempre habrá quien la crea y propale; pero nada hubiese podido la calumnia contra nosotros, si nuestros yerros no colaborasen con nuestros calumniadores para llevarnos al abismo».

El día en que la historia se escriba imparcialmente; cuando acaben de despojarnos y
el denigrarnos no tenga objeto alguno, reconocerá el mundo que si hemos sido colonizadores
inhábiles, no hemos sido ni más crueles ni tan rapaces como esos anglo-sajones, cuyo ejemplo, propuesto ahora a las naciones mediterráneas, puede enseñarnos la adquisividad
y el instinto de apropiación, pero no la lealtad y la humanidad.

Fuente: La España de ayer y de hoy
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