Juan Garrido -El trigo en la Nueva España-
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Juan Garrido -El trigo en la Nueva España-

Pocos nombres resuenan con tanta fuerza en los pliegues ocultos de la historia como el de Juan Garrido. Africano de nacimiento —probablemente del Reino del Kongo o de Guinea—, llegó joven a Sevilla, donde se bautizó y abrazó la fe cristiana. Desde allí cruzó el Atlántico hacia La Española a comienzos del siglo XVI.

Juan Garrido -El trigo en la Nueva España-
Actual campanario de San Hipólito

Su vida estuvo marcada por la aventura. Peleó en las campañas de Ponce de León en Guadalupe, Puerto Rico, Cuba y en la expedición a la Florida, hasta que en 1519 fue reclutado por Hernán Cortés para su viaje hacia el Yucatán. Vivió activamente la conquista de México, desde el desembarco en la isla de Cozumel hasta la caída de Tenochtitlan. Siempre estuvo unido a Hernán Cortés en la empresa más arriesgada de su tiempo: la conquista del reino de los poderosos y temidos mexicas. Estuvo en la Noche Triste, donde vio morir a muchos de sus compañeros. Conmovido por el sacrificio de tantos hombres, por mandato de Hernán Cortés y en recuerdo de los muertos, levantó en la calzada de Tacuba una ermita dedicada a San Hipólito, patrono de los mártires caídos.


Pero su huella no se limitó al campo de batalla. Ya avecindado en la Ciudad de México y tras la conquista, se dedicó a cultivar sus heredades; se casó y tuvo tres hijos. Desempeñó oficios civiles como portero del Cabildo y pregonero. Afirman algunos historiadores que en 1522 recibió una encomienda en Coyoacán y también tuvo tierras en el camino de Tacuba. El cronista, López de Gómara, lo cita como participante en varias expediciones mineras a Zacatula y Michoacán. Posteriormente, también bajo el mando de Cortés, marcharía a las tierras de la actual Baja California.  

Recientes estudios sobre su vida, obtenidos de documentos encontrados en el Archivo General de Indias tratan de demostrar, en contra del pensamiento general, que estuvo con Hernán Cortés en el viaje que este realizó a España en torno a 1541. Según tales documentos, con 58 años de edad, presentó al rey una Probanza para el reconocimiento de sus méritos el día 27 de septiembre de 1538, que representa ser toda una biografía y que comienza:

“Suplico a Vuestra Majestad me haga merced, pues soy viejo y pobre y tengo mujer e hijos.”

«Yo, Juan Garrido, residente de color negro, vecino de esta ciudad (de México), me presento ante Su Merced y declaro que tengo la necesidad de hacer una probanza a perpetuidad (del) Rey, un reporte de como serví a Su Majestad en la conquista y pacificación de ésta Nueva España, del tiempo cuando el Marqués del Valle (Cortés) la llevó a cabo; en su compañía estuve presente en todas las invasiones y conquistas y pacificaciones que se llevaron a cabo, siempre con el Marqués, todo lo hice a mis expensas sin recibir salario o repartimiento de indios, o alguna otra cosa. Soy casado y residente en esta ciudad, donde siempre he vivido; y también como fui a descubrir y pacificar las islas de San Juan de Buriquén de Puerto Rico; y también como fui a la pacificación y conquista de la isla de Cuba por el adelantado Diego Velázquez; en todas estas maneras por treinta y cinco años he servido y sigo sirviendo a Su Majestad, por estas razones me dirijo a Su Merced. También porque fui el primero en tener la inspiración de sembrar trigo aquí en la Nueva España y ver si crecía; esto lo hice a mis expensas»

“He servido a Vuestra Majestad treinta años en esta tierra, a mi costa, sin salario ni repartimiento.”


Pero más allá de las armas y de la memoria de los muertos, como él mismo afirma, Garrido dejó una semilla tangible y viva: el trigo.

López de Gómara lo relata cuando, al hablar sobre él, dice: «Un negro de Cortés, que se llamaba, según pienso, Juan Garrido, sembró en un huerto tres granos de trigo que halló en un saco de arroz; nacieron los dos, y uno de ellos tuvo ciento y ochenta granos. Tornaron luego a sembrar aquellos granos, y poco a poco hay infinito trigo: da uno ciento, y trescientos, y aún más lo de regadío y puesto a mano; siembra uno, siegan otro, y otro está verde, y todo a un mismo tiempo; y así, hay muchas cogidas por año»

Ese sencillo gesto de la siembra del trigo marcó un hito: el pan europeo, desconocido en tierras americanas, empezó a formar parte de la vida cotidiana en el virreinato.

Afortunadamente, la vida de este hombre singular nos ha llegado a través de sus propias palabras, un testimonio excepcional: el de un africano negro y libre que conquistó, habitó y sembró en el Nuevo Mundo una semilla que, temporada tras temporada y acariciada por el sol, cubre las tierras con el oro que nos da la vida. En su figura confluyen la fe, la espada, el arado y la palabra escrita.

Para saber más:  Juan Garrido, el negro conquistador. Nuevos datos…

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