Gonzalo Calvo Barrientos -El Desorejado-
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Gonzalo Calvo Barrientos -El Desorejado-

“Había en estos reinos un español que se decía Gonzalo Calvo Barrientos, al cual por ciertos delitos le fueron cortadas las orejas en el Perú; y, corrido de la afrenta, se vino a esta tierra de Chile, donde anduvo entre los indios muchos años, y fue muy conocido de ellos, y sabía su lengua y costumbres…” 
  Crónica y relación copiosa y verdadera de los reinos de Chile -Jerónimo de Vivar-

Gonzalo Calvo Barrientos fue un soldado español llegado al Perú con los hombres de Pizarro. Una vez se conoció su historia, en Chile lo consideran el primer español que puso los pies en aquellas tierras. La causa de su llegada a Chile fue que tuvo problemas en el Perú por un robo. Como castigo público, le cortaron una o ambas orejas, lo que le valió el apodo El Desorejado.

Cuenta la leyenda que Gonzalo Calvo avergonzado de su situación pidió ayuda a Atahualpa cuando este estaba prisionero de Pizarro. Solicitó al Inca que, si fuera posible, lo enviara a un lugar donde pudiera moverse con cierta libertad y escapar de la indignidad de su destino. Atahualpa accedió y el Inca lo envió a la parte más retirada de su reino, lo que hoy es Chile. Le confió la compañía de una de sus hermanas, una princesa inca, no solo como protección personal, sino como garantía simbólica y política: su presencia otorgaba legitimidad frente a los pueblos que Gonzalo Calvo debía atravesar. La princesa cumplía un doble papel: protegerse, proteger, y actuar como enlace con las comunidades locales, asegurando que Gonzalo pudiera negociar y moverse sin ser inmediatamente atacado.

Así se internó por el desierto de Atacama hacia el sur hasta llegar a la desembocadura del río Aconcagua (Quillota), donde fue acogido por los caciques promaucaes, particularmente Michimalonco. En esa región se adaptó a la vida indígena: adoptó costumbres locales e incluso cambió su nombre por el de, Gasco, viviendo como un nativo y convirtiéndose, según algunas crónicas, en uno de los primeros europeos que se incorpora íntegramente a una cultura originaria en esas tierras. Así lo encontró Diego de Almagro cuando en 1536 llegó a la zona en su expedición hacia el sur. Gracias a su presencia y reputación entre los locales, facilitó el recibimiento pacífico de la expedición española y sirvió de guía y mediador.

Pero, cuenta también la leyenda, que con Almagro viajaba Felipillo, un muchacho del norte de las tierras del imperio incaico, que había acompañado a los españoles desde que dieron sus primeros pasos en los territorios del Perú. Gonzalo Calvo se dio cuenta de que Felipillo traducía según intereses poco claros y hablaba a los indígenas para ponerlos en contra de los españoles. Lo delató, advirtiendo directamente a Almagro sobre la conducta de Felipillo, denunciando que sus palabras estaban causando inquietud o retirada entre los indígenas. Ese aviso provocó que Almagro identificara a Felipillo como un problema serio. y al fin el muchacho, que intentó huir, fue capturado y severamente ajusticiado.

Según esta leyenda, Calvo Barrientos y Felipillo se encontraron en el mismo escenario histórico, pero con roles opuestos: mientras Calvo ayuda a estabilizar y mediar con los indígenas, Felipillo exacerba suspicacias y tensiones.

Después, poco se sabe de Gonzalo Calvo. Pudo ocurrir que, cuando Diego de Almagro decidió regresar, lo acompañara parte del camino hacia el Perú, influyendo en Almagro para que eligiera la ruta más adecuada por el desierto de Atacama en lugar de las rutas más interiores, largas y peligrosas. Nada confirma que esto ocurriera así.

En torno a su final, también las fuentes varían: algunas crónicas afirman que continuó viviendo entre los indígenas después de ayudar a la expedición de Almagro. Otras versiones señalan que murió en la batalla de Las Salinas (1538), luchando junto a los seguidores de Almagro contra los de Pizarro.

La historia del Desorejado que se fue fraguando con el tiempo hasta convertirse en leyenda fue recogida por varios cronistas en distintos momentos

** Jerónimo de Vivar, en su «Crónica y relación copiosa y verdadera de los reinos de Chile» elabora el documento más antiguo que habla sobre la existencia de Calvo Barrientos. Data de 1558, antes de la llegada formal de Pedro de Valdivia.

Como muchas crónicas de Indias, el manuscrito (o una copia) de Vivar fue enviado a la corte española para informar a las autoridades, posiblemente al Consejo de Indias. A lo largo de los siglos, estos papeles fueron pasando entre archivos administrativos y colecciones privadas, hasta que llegó a formar parte de los fondos de la Biblioteca Nacional de España en Madrid. Su contenido permaneció ignorado durante siglos hasta que en el año 1937 el manuscrito fue identificado correctamente como la obra de Vivar.

José Toribio Medina, historiador chileno, reconoció su importancia y promovió su publicación poco después. Este descubrimiento aportó una de las descripciones más tempranas y detalladas de la conquista de Chile, contemporánea a los hechos.

 La figura de Calvo Barrientos aparece precisamente en las crónicas de la expedición de Almagro en Chile, aunque no se trató de una relación de “amistad” ni vínculo cercano, sino más bien de una interacción decisiva en el contexto de la conquista y la mediación con los indígenas.


** Góngora y Marmolejo, también cronista del siglo XVI, en su «Historia de todas las cosas que han acaecido en el Reino de Chile y de los que lo han gobernado», Góngora terminó su manuscrito el 16 de diciembre de 1575, El manuscrito se mantuvo inédito por largo tiempo hasta que fue redescubierto por el bibliógrafo González Barcia. La primera edición de la obra la realizó Pascual de Gayangos en el Tomo IV de su «Memorial Histórico Español», Madrid, 1852. Después ha sido editada en varias ocasiones tanto en Chile como en Madrid.

El autor sintetiza la figura de El Desorejado mediante tres rasgos esenciales: castigo, expulsión y adaptación al mundo indígena, que servirán de base para su posterior construcción legendaria. Góngora y Marmolejo es el eslabón de transición. Sin él, el paso de simple dato histórico a personaje con identidad propia sería mucho más débil.


** Diego de Rosales, jesuita español del siglo XVII, en su «Historia general del Reino de Chile», que datan de 1674, permaneció manuscrita durante mucho tiempo y se publicó por primera vez entre 1877 y 1878 en Valparaíso. Recoge y reelabora tradiciones en las que aparece la figura del Desorejado, a quien sitúa conviviendo con una mujer de alto linaje incaico, identificada en ocasiones como hermana de Atahualpa. En este mismo contexto, incorpora ecos de relatos donde Felipillo se desplaza por los márgenes del mundo español y acaba siendo asociado, directa o indirectamente, con figuras como el Desorejado.

Rosales escribe muy tarde, cuando estos episodios ya han sido transformados por la transmisión oral y la reinterpretación. Su relato no solo conserva memoria, sino que la amplifica y la carga de sentido simbólico. La figura de Felipillo en este entramado, más que un dato histórico firme, parece responder a un patrón narrativo: *Felipillo → el intérprete ambiguo, traidor o mediador. *El Desorejado → el español marginado, fuera del orden. Juntarlos crea una especie de mundo de frontera, poblado por personajes que no encajan en ningún bando.

  • El Desorejado no nace como mito, sino que se convierte en él a través de la escritura. 
    Desde la crónica testimonial hasta la elaboración narrativa, su historia evoluciona para encarnar el símbolo del hombre situado entre dos mundos.

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