Pedro de la Gasca: Pacificador del Perú
Dicen las crónicas que “no pidió ni capitanes, ni soldados, ni armas, ni jerarquía ostentosa, ni salario [...] sino un poder general tan pleno y absoluto como el que poseía el Emperador”.
Con aquellas credenciales, y sin apenas recursos militares propios, logró pacificar el Perú y restaurar la autoridad de la Corona allí donde habían fracasado ejércitos y virreyes.

Pedro de la Gasca había nacido en el pueblo de Navarregadilla en la provincia española de Ávila, en torno a 1493. Pertenecía a una familia hidalga con propiedades en la sierra de Gredos y buenas e influyentes relaciones sociales. Desde muy joven se manifestó su inclinación al estudio y en 1519 era colegial en San Ildefonso de Alcalá de Henares donde estudió teología. Allí llegó a identificarse con la línea reformadora impulsada por Cisneros, precursor del humanismo religioso. Más tarde pasaría a la universidad de Salamanca para estudiar jurisprudencia donde estuvo en contacto directo con los pensadores de la escuela jurídico-teológica salmantina de inclinación neotomista. Sin duda por ello se vio influenciado por la idea de instaurar un mundo de “razón y justicia”, obedeciendo a la voluntad divina.
La historia recoge su trayectoria vital como el representante de un modelo de funcionario castellano muy cercano en todos los ámbitos a la que estaba empezando a ser la gran Monarquía Hispana.
Fue en el año 1545 cuando fue seleccionado para emprender una misión pacificadora en los territorios del Perú. Antes de ser enviado, ya había intervenido en ámbitos muy diversos, tanto religioso como político. Entre otros, ejerció cargos, en las universidades de Alcalá y Salamanca, hasta que fue nombrado por el cardenal Tavera, como magistrado del Supremo Consejo de la Inquisición y con ello se introdujo en la política.
Pero fue en el reino de Valencia donde descubrió el mundo del mar, desconocido para él. En los tres años que ejerció como visitador se ocupó del adoctrinamiento y sujeción de los moriscos, así como de la defensa del reino, fortificando la costa y las islas para evitar ataques de berberiscos y piratas. En su labor fiscalizadora, hizo una toma de cuentas a los oficiales de hacienda y aplicó juicio de residencia a los ministros de justicia. En esos años adquirió un notable conocimiento de las funciones gubernativas, que después le serían de gran utilidad en América.
Tras la conquista del Perú, las guerras emprendidas entre pizarristas y almagristas habían convertido la región en un campo de batalla. Pero la situación se agravó aún más cuando el primer virrey, Blasco Núñez de Vela intentó de manera muy poco afortunada la implantación de las Leyes Nuevas de 1542. El hecho de que no fueran aceptadas por los encomenderos hizo que se rebelaran contra el recién llegado virrey. Gonzalo Pizarro, hermano del conquistador ya muerto, Francisco Pizarro, se había erigido en el líder de la rebelión.
Con el fin de apaciguar la situación, Pedro de la Gasca fue nombrado presidente de la Real Audiencia de Lima por el emperador Carlos y con este cargo llegó a Panamá. Su equipaje estaba compuesto de numerosas cartas y documentos con la firma del emperador que le permitirían tomar las decisiones más oportunas en cada momento y según su propio criterio. A su llegada a la ciudad, Nombre de Dios, dio comienzo su labor de consumado diplomático: logró hacerse con la armada pizarrista que conducía el general Pedro Alonso de Hinojosa. Más tarde al llegar a las costas del Perú, en junio de 1547, Gasca anunciaba la revocación de las Nuevas Leyes y el otorgamiento de perdón a los rebeldes que acatasen su autoridad, permitiéndoles conservar sus empleos y rentas.
Enterado Gonzalo Pizarro, continuó la guerra al frente de la rebelión, apoyado por su sanguinario maestre de campo, Francisco de Carvajal. Tras la victoria obtenida contra el jefe realista Diego Centeno en el campo de Huarina en octubre de 1547, se sintió fuerte. Pero esa victoria fue la última que obtuvo. Mientras tanto, el trabajo que el licenciado Pedro la Gasca fue realizando, con mucha cautela, de manera silenciosa, pero de forma muy eficaz, fue resquebrajando día a día la lealtad de muchos de los hombres que habían jurado seguir al rebelde. Poco a poco, el sentimiento de temor y acatamiento al Monarca, tan inmerso en el espíritu de los súbditos españoles en el siglo XVI, acabó por vencer.
Para terminar con la rebelión, Pedro de la Gasca había logrado reunir un ejército bastante numeroso. Su hueste estaba tan sólidamente organizada que la noticia de la derrota de Centeno en el encuentro con Gonzalo Pizarro no consiguió menguar los ánimos de esos súbditos leales al rey reunidos en la cuenca del Mantaro. Después de la batalla de Huarina persiguieron a los rebeldes a través de la cordillera andina. Los que hasta entonces habían luchado al lado de Gonzalo Pizarro fueron abandonando sus filas para pasarse al lado del “pacificador”. Así, el 9 de abril de 1548, prácticamente sin batalla, se derrotó al rebelde en el valle de Jaquijahuana, cerca de Cuzco.
Después de que Pedro de la Gasca hiciera el ofrecimiento al derrotado Gonzalo Pizarro de ser oido, sin que obtuviera ninguna respuesta, procedió al juicio y a la ejecución de los rebeldes: Pizarro, Carvajal y sus seguidores más contumaces murieron decapitados, iniciándose la corta etapa de gobierno del «pacificador».
Entre los años 1548-1550- Pedro de la Gasca distribuyó rentas y encomiendas entre sus soldados, y dictó diversas medidas con el propósito de garantizar la solidez del poder central, realizando una profunda reorganización del virreinato. Esta acción fue llamada Reparto de Guaynamira.
Entre otras medidas administrativas: reorganizó la Hacienda Pública, impulsó la recaudación fiscal favorecida por el auge de Potosí, revisó las encomiendas y fortaleció la administración de justicia mediante la implantación de corregidores. El 29 de abril de 1549 se instaló definitivamente la Real Audiencia de Lima, máximo cuerpo administrativo-judicial del Virreinato. Para mejorar la vida de los indígenas, también entre otras medidas: moderó los tributos, suprimió la esclavitud, prohibió los trabajos demasiado pesados, y obligó a que toda labor fuera pagada con salario justo. Señaló la conveniencia de agrupar en pueblos a la población indígena, que vivía muy dispersa en todo el territorio. En cuanto a la expansión hacia Nuevos territorios, además de que promovió la fundación de nuevas ciudades, dio permiso para iniciar expediciones a zonas todavía inexploradas en la región selvática del norte peruano; Fomentó la utilización del camino del río de La Plata hacia el Perú y estableció sus ordenanzas sobre el laboreo de minas, la captura y reducción de esclavos cimarrones, la visita y despacho de navíos en el puerto de Lima.
Pacificado el Perú y restablecida la autoridad real, Pedro de la Gasca regresó a España en 1550. Dejaba tras de sí un territorio profundamente transformado, donde la Corona había logrado imponerse sobre las pretensiones de los encomenderos rebeldes.
El gobierno quedó provisionalmente en manos de la Audiencia de Lima hasta la llegada del virrey Antonio de Mendoza, cuya misión sería consolidar la obra de pacificación y organización emprendida por el célebre Pacificador.
En 1567, a los setenta y cuatro años de edad, después de ocupar diversos cargos de carácter religioso y político, envuelto por la buena fama de estadista y prelado, falleció Pedro de la Gasca en el castillo de Sigüenza. Sus restos fueron sepultados en el altar mayor de la iglesia de la Magdalena de Valladolid, donde había fundado una rica capellanía.
Pedro de la Gasca había demostrado que, en una época dominada por las armas, la autoridad, la prudencia y la ley podían resultar más eficaces que los ejércitos. Por ello la historia lo recuerda, no como conquistador, sino como el Pacificador del Perú.
Referencias:
La figura de Pedro de la Gasca se ha seguido estudiando a lo largo del tiempo con mucho interés. El historiador, Teodoro Hampe Martínez en su artículo recogido por la RAH hace una extensa relación de los diversos estudios realizados en torno a su vida, a su persona, que pueden resultar de interés para quienes quieran ahondar en la figura del Pacificador.
RAH: Pedro de la Gasca
Wikipedia: Pedro de la Gasca
