Roberto Baal -El Arruinado-

publicado en: La nueva higuera, Leyenda Negra, Piratas | 0


Durante el siglo XVI, los países europeos, especialmente Francia, incansable enemiga de España, rechinaba sus dientes al escuchar lo que se contaba sobre las riquezas que España estaba obteniendo en el Nuevo Mundo y de las que todos deseaban apoderarse a cualquier precio.  



Uno de los primeros piratas franceses que se lanzaron a la rapiña en los mares del Caribe fue el conocido como Roberto Baal. Nació en la ciudad francesa de Carcassonne en el año 1500 bajo el nombre de Jean-François de La Rocque de Roberval. Fue un noble hugonote francés, acostumbrado a una vida de cortesano muy costosa de mantener; para salvar su patrimonio de la ruina, no tuvo ningún escrúpulo en dedicarse a la piratería y al corso bajo la protección de su gran amigo, el rey de Francia.

En 1534, Francisco I, en un intento de emular los descubrimientos de la corona española, en manos entonces de Carlos I de España y emperador de Sacro Imperio, encargó a un marino de nombre Jean Cartier que encontrara el paso por el noroeste del mundo hacia Asia. Después de dos expediciones sin éxito, el 17 de octubre de 1540, el rey volvía a ordenar a Cartier que regresara a lo que ya denominaban el Canadá Francés para dar paso a un nuevo proyecto del cual él sería «capitán general», con dos objetivos principales: la colonización de los territorios y la difusión de la fe católica.

Sin embargo, Cartier, poco antes de su partida, se vio sustituido en la empresa por Roberval, un hombre de religión protestante que fue nombrado primer Teniente General del Canadá Francés. 

Bajo las órdenes de Roberval, Jean Cartier partió primero con sus buques, mientras tanto, Roberval aprovechó para asaltar barcos ingleses y hacerse con el dinero necesario para fletar sus buques. Al fin emprendió el viaje hacia las nuevas tierras. A su llegada se encontró con Cartier, quien consideró que ya había obtenido las ganancias suficientes, en oro y diamantes y, aprovechando la noche, se escapó partiendo hacia Francia con su botín.  Roberval continuó la expedición y, a pesar de realizar alguna proeza como la navegación posiblemente hasta el estrecho de Davis, tuvo que desmantelar el asentamiento que había durado menos de dos años debido al duro invierno, al origen carcelario de los colonos, al escorbuto y a los ataques de los iroqueses.  

En 1543 llegaba desde Francia una expedición de rescate y Roberval decidió repatriar su 
pequeña colonia volviendo arruinado a Francia.

Dada su decepción por la fallida empresa canadiense y conservando aún sus naves, Roberval se dedicó de nuevo a la piratería legal, es decir, al corso, esta vez en la región del Caribe contra los barcos y las ciudades españolas, ya que Francia y España estaban en guerra.

Conocido en el Caribe como Roberto Baal, entre los años de 1543 a 1547 atacó algunas rancherías (aldeas de nativos) y Santa Marta, ciudad que incendió hasta los cimientos al no poder conseguir ningún rescate por su liberación. Desde allí, siguió un ataque contra Cartagena de Indias, ciudad en la se dice que obtuvo oro en una cantidad de doscientos mil pesos. Poco tiempo después, con varios barcos bajo su mando, estaban en Cuba donde atacaron Baracoa y La Habana. En esta ciudad anclaron sus embarcaciones frente a La Punta. Desembarcaron a su gente por la caleta de San Lázaro; pero los vecinos de la Villa se armaron, logrando rechazar a los invasores con el auxilio de los fuegos de la primera fortaleza que se construyó en La Habana con el ánimo de defenderse de la piratería que ya empezaba a hacer estragos por todo el Caribe. Los piratas tuvieron que retirarse sin causar daño alguno, y con la pérdida de más de quince hombres.

En 1547, Roberto Baal se retiró de la piratería y regresó definitivamente a Francia.

Murió en París como uno de los primeros mártires hugonotes.

 

Fuentes: Oficina del historiador de La Habana: Piratas y Corsarios de La Habana

 

 

 

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