Américo Vespucio -Con nombre de mujer-

 

Por increíble que parezca, Américo Vespucio, como reza la memorable 
canción, debió ser sencillamente un hombre «sentado en el muelle de la
 bahía», viendo el ir y venir de las naves en pos del sueño de un 
Nuevo Mundo.  
Su osadía no encontró ningún reparo en 
atribuirse un descubrimiento que fue debido a cientos de corazones de 
españoles que, generosamente, le concedieron el privilegio de 
ser español, y con ello, cambiar su nombre de Albérigo por Américo. 

Pero, no hay agravio en ese presunto robo, sino la confirmación de que la dulce mano del destino
 siempre acaba abriéndose con la verdad 
entre sus dedos, pues, parece ser que «América» es el nombre ancestral 
de unos montes de oro, «cordillera de Amérrique», que aún 
discurre en Nicaragua y que 
viajó hasta España en alguno de los barcos que regresaban ufanos 
para mostrar las riquezas del Nuevo Mundo, por las cuales estaba
 justificado incluso morir.

Américo Vespucio, nació en Florencia en 1454. Después de pasar los primeros años de su vida en un largo periplo por ciudades y cargos probablemente relacionados con alguna de las ramas de la familia Medicci, llegó a Sevilla en el año afortunado de 1492. 

Su llegada a la capital hispalense coincidió con un momento importante para un mercader florentino llamado Berardi, corresponsal de un toscano que controlaba en nombre propio y en el de los Medicci el comercio de oro y esclavos en Portugal. Berardi era el intermediario en el tráfico de la ruta Lisboa-Sevilla-Valencia, hecho que le abrió las puertas para participar en un nuevo negocio: la conquista de Tenerife. Tal vez por eso estaba Berardi y, seguramente, también Vespucio en el campamento de Santa Fe cuando se firmaron las capitulaciones con Colón.

Desde entonces, Berardi se convirtió en el primer factor de Colón y Vespucio se puso

al servicio de ambos, interviniendo en el apresto y despacho de la segunda armada

de Colón a las Indias, en septiembre de 1493.

A partir de este momento Vespucio estaría siempre involucrado en la navegación de Castilla y Portugal. 
Y, según él mismo cuenta, realizó varios viajes, en torno a los cuales ha 
habido bastante confusión. 
La tesis ampliamente admitida por los historiadores, sostiene que realizó dos, o quizá tres,
 sirviendo tanto a Castilla como a Portugal. 
En todo caso, con su nombre, no figura en 
ninguna nómina de tripulantes; sus viajes solo se conocen por los relatos de los cronistas del 
momento, que no acertaron nunca a ponerse de acuerdo sobre la cuestión; pero sobre todo, a través de 
sus cartas, ninguna de las cuales es autógrafa, incluso, alguna es de dudosa autoría.

La relación de lo ocurrido con el nombre de América y el porqué, tienen la causa en esas cartas que escribiera en su día, fundamentalmente, dos de ellas impresas en vida del propio Vespucio:

  • El Mundus Novus, está escrita a Francesco de Medicci, en abril de 1503; en ella relata su viaje bajo bandera portuguesa. Según esta versión, zarpó desde Lisboa en abril de 1501 y, tras pasar Cabo Verde, desembarcó por primera vez en tierra firme americana. Destaca en su relato su estancia de veintisiete días entre las tribus indias de Brasil, que le impresionaron profundamente. La importancia de esta carta, se debe a que Vespucio dice hallarse ante un Nuevo Mundo.
  • La Carta Soderini, Fue dirigida en septiembre de 1504 a Piero Soderini, magistrado supremo de la República florentina, en ella describe un resumen de cuatro viajes al Nuevo Mundo que él decía haber realizado: los dos primeros por mandato del Rey Católico y los dos últimos al servicio de Manuel I de Portugal.

Poco tiempo después, en 1506, Renato II, duque de Lorena, recibía la carta que Vespuccio había escrito a Piero Soderini contándole sus viajes, acompañada de un mapa que representaba las tierras recién descubiertas por españoles y portugueses. Entusiasmado, el duque confió el manuscrito a los monjes de la abadía de St. Dié des Vosges para que realizasen una cuidada edición. 

La «Cosmographie Introductio», salió de las prensas el 25 de abril de 1507 
después de un largo trabajo en equipo.

 Jean Basin de Saudaucourt, poeta, tradujo la carta de Américo al latín;

Matías Rigmann preparó la introducción y

Martín Waldseemüller confeccionó el mapa.

El libro se compone de un prólogo, un epílogo y nueve breves capítulos.

En el capítulo noveno se halla la célebre frase, que se considera como el acto de bautismo del Nuevo Continente:

“Más ahora que esas partes del mundo (Europa, Asia, África) han sido ampliamente exploradas y otra cuarta parte ha sido descubierta por Américo Vesputio (como se verá por lo que sigue), no veo razón para que no se le llame América, es decir, la tierra de Américo, por Américo su descubridor, hombre de sagaz ingenio, de la misma manera que Europa y Asia han recibido ya sus nombres de mujeres”. 

El mapa, recortado y pegado sobre una esfera, debía de dar la idea exacta del globo terrestre.

La divulgación del nombre de América se debió, más que al texto impreso de la carta de Soderini, al mapa que dibujó Waldseemüller. Y las voces corrieron como la pólvora…

Américo Vespucio -Con nombre de mujer-
Mapa de Waldseemüller. -1507-

 

Años más tarde, apreciado el error en torno al nombre del descubridor

del Nuevo Mundo, Waldseemüller se desdijo y trató de corregirlo,

Vespucio no lo hizo nunca.

 

Cordillera de Amerisque y el origen del nombre de América

 

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