Tomé Hernández -Superviviente en Puerto Hambre-
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Tomé Hernández -Superviviente en Puerto Hambre-

El testimonio que sigue fue recogido muchos años después de los hechos por mandato del virrey del Perú. 
En él, Tomé Hernández —uno de los pocos supervivientes de las frustradas colonias del Estrecho de Magallanes— reconstruye su propia travesía: desde la partida con Sarmiento de Gamboa hasta la ruina de las ciudades de Nombre de Jesús y Rey Felipe, la dispersión de los colonos, el encuentro con el corsario Cavendish y su larga cautividad.
Su declaración precisa y estremecedora, constituye hoy la fuente más valiosa para comprender el destino de aquella empresa y la suerte de los hombres que la emprendieron en el confín austral del mundo.
Quien se acerca al relato de Tomé Hernández no abre un simple expediente del virreinato, sino una puerta a un mundo donde la voluntad humana fue llevada hasta el límite. Su declaración —seca, sincera, a veces estremecedora— parece escrita por un hombre que volvió de entre los muertos para contar lo que vio en el confín del mundo.

Tomé Hernández recuerda que zarpó de Sanlúcar de Barrameda con Sarmiento de Gamboa en 1581, impulsado por esa mezcla de fe, ambición y obediencia que empujaba a los hombres de su tiempo. Navegaron hacia el Estrecho de Magallanes como quien se dirige a los bordes del mapa. Allí, tras un larguísimo viaje, entre puertos de mundos desconocidos, en marzo de 1584, nació la ciudad de Rey Felipe: unas chozas clavadas en la roca, un estandarte al viento, y un pequeño puñado de españoles convencidos de que podían levantar una patria donde solo reinaban el frío y la desolación.
Pero la dureza del clima y la soledad del paraje hicieron imposible la supervivencia. La ayuda nunca llegó y el invierno austral no perdona. No lo hace ahora, ni lo hacía entonces. A la ciudad de Rey Felipe llegaron desde Nombre de Jesús hombres convertidos en espectros, caminando entre ventiscas para anunciar que tampoco ellos tenían salvación: el barco enviado por Sarmiento de Gamboa para recabar ayuda había sido escupido del estrecho por los vientos. Y los vientos de Magallanes, dice Tomé, no soplan: dictan sentencia.

Tomé Hernández -Superviviente en Puerto Hambre
Tomé Hernández -Superviviente en Puerto Hambre

Lo que sigue es la crónica de una resistencia imposible. Varios meses viviendo de moluscos arrancados con las uñas, de algas recolectadas en la orilla, del puro deseo de no morir todavía. Muchos no lo lograron. Y cuando ya casi no quedaban fuerzas, los supervivientes intentaron la huida en dos lanchones. Una tormenta desgarró la pequeña flotilla, y treinta y cinco hombres quedaron bajo la guía de Tomé, arrojados unos contra otros en una costa que parecía querer tragárselos.
Pasaron meses antes de que Tomé, por un breve respiro del clima, lograra reunirse con  los demás compañeros. Decidieron entonces regresar a las ruinas de Nombre de Jesús, como quien retorna a un cementerio buscando la sombra de una esperanza.
Fue en ese momento cuando el destino, implacable y burlón, les presentó tres velas en el horizonte: eran las naves de Cavendish. Hubo desconfianza, miedo, necesidad. Finalmente, Cavendish tomó a bordo a uno de los soldados españoles —el único de todos—, mientras el resto quedaba en la playa esperando la promesa de venir a recogerlos que nunca se cumpliría. Al regresar al navío, el corsario, aprovechando el buen viento, levantó anclas y abandonó a todos en tierra. El Estrecho quedaba atrás; los supervivientes, también.
Durante los días siguientes, Cavendish recorrió islas y fondeaderos, saqueó la pequeña ciudad de San Felipe, desmontó casas, recogió artillería y siguió su ruta hacia el Pacífico.
Sin embargo, el destino de aquel soldado embarcado iba a cambiar. Tomé vivió para contarlo. Desde su cautiverio logró enviar aviso a Chile, salvando sin saberlo a ciudades enteras del ataque que se avecinaba. De alguna forma, quizá fue la misma fuerza que lo hizo resistir en Magallanes lo que le permitió recuperar la libertad.
Regresó a España. Volvió a América. Y el 21 de marzo de 1620, por orden del virrey del Perú, declaró ante escribano lo que había vivido en el Estrecho. Gracias a su relato, podemos escuchar todavía las voces apagadas de Nombre de Jesús y Rey Felipe, y comprender que, en aquellas tierras donde el viento arrastra hasta los huesos, hubo un puñado de hombres que quiso fundar un mundo, y un hombre que regresó para contarlo.

La declaración de Tomé Hernández permitió conservar una memoria directa y detallada de lo ocurrido. Gracias a él, la historia de Ciudad del Rey Don Felipe –y la del proyecto de Sarmiento de Gamboa– no quedó hundida en el olvido.

Tomé Hernández - Superviviente en Puerto Hambre-

El texto original, tal como lo dio Hernández ante el virrey del Perú, fue publicado más tarde por don Bernardo de Iriarte (en 1768) como apéndice al viaje de Sarmiento de Gamboa a través del Estrecho.

La declaración se hizo el 21 de marzo de 1620 ante escribano por orden del Virrey del Perú. En ese momento Hernández tenía unos 62 años. El motivo: que testificara sobre lo que sucedió en las dos poblaciones fundadas por Pedro Sarmiento de Gamboa en el Estrecho de Magallanes.


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