Gil González Dávila -El Mar Dulce-

publicado en: Descubridores, El Encuentro, La nueva higuera | 0

 

“Merece lugar prominente en la galería de los grandes aventureros españoles. 
La construcción de sus navíos, su marcha de 224 leguas con un puñado de hombres 
por entre numerosas tribus guerreras, su lucha contra los obstáculos de la 
naturaleza, más parecen fábulas que obras humanas... "

Ricardo Fernández Guardia -historiador costarricense-

 

Gil González Dávila nació en Ávila, en torno a 1480. Vivió sus primeros años bajo la tutela de Juan Rodríguez de Fonseca, quien sin duda debió promocionarle para su marcha a las Indias. Llegó en 1511, con el cargo de contador en la isla de La Española. 

Contagiado de la fiebre conquistadora, su horizonte fue el nuevo mar descubierto por Núñez de Balboa y las tierras que lo bordeaban al otro lado del mundo de las que iban llegando noticias: en 1519, Juan de Castañeda y Hernán Ponce de León habían descubierto el golfo Dulce, así como las costas e islas del golfo y la península de Nicoya.


Por aquel entonces, Andrés Niño, hombre adinerado y diestro en los viajes a las Indias, buscaba un socio que pudiera vencer los inconvenientes de la burocracia de la Corte. Lo encontró en Gil González Dávila, pupilo de Fonseca. Obtuvieron un contrato con el rey para ir a descubrir. González Dávila fue nombrado capitán general de la armada. Partieron con tres navíos bien surtidos, hacia la ciudad de Acla donde pensaban recoger las naves que dejara construidas Núñez de Balboa, trasladarlas al otro extremo y hacerse a la mar. El gobernador de la Castilla del Oro, Pedrarias Dávila, con todos los medios a su alcance, se opuso a ello.

Esto llevó a los expedicionarios a tomar una decisión: 
construirían sus propias naves en el Pacífico. 
Varios meses después, y tras enorme esfuerzo, desde el 
golfo de San Miguel, cuatro barcos 
se hacían a la mar para dar inicio a la 
expedición. Al llegar a las islas de las Perlas, 
pagaron cara su impericia como 
constructores de barcos y las cuatro naves 
se perdieron. Gil González Dávila decidió 
por segunda vez construir las embarcaciones. Dos años más tarde, 
el 21 de enero de 1522, desplegaba de nuevo 
las velas con los nuevos barcos.

Después de navegar cien leguas, cuando estaban a la altura de la costa de Chiriquí, los barcos habían sido atacados por la bruma, y el agua en las vasijas estaba inútil; decidieron navegar hacia la costa y desembarcar.

Allí, dividieron la expedición en dos grupos: uno, al mando de Andrés Niño, que se quedaría reparando las naves y las vasijas de agua; otro, con Gil González, continuaría por tierra y, una vez listos los navíos, Niño navegaría hacia el oeste por la costa, hasta encontrar un buen puerto, en donde esperaría a sus compañeros.

Gil González Dávila inició aquella primera incursión tierra adentro. Andrés de Cereceda, que acompaña al grupo como tesorero real, hizo un relato detallado del recorrido, de los muchos poblados indígenas visitados, pacificados, bautizados y la cantidad de oro recogida. Finalmente, Gil González, enfermo de reúma, y sus hombres se encontraron de nuevo con Andrés Niño en lo que llamaron Puerto Caldera.

Volvieron a dividir la expedición en tres partes; Gil González recorrió zonas de la costa del Pacífico central de Costa Rica, hasta que llegó a Nicoya, en donde un amigable cacique que le obsequió con 14.000 castellanos de oro, se bautizó él, su familia y más de seis mil súbditos. Allí tuvo noticias del poderoso y aguerrido cacique Nicaragua. Se dirigió hacia sus tierras y este lo recibió en paz, le entregó 15.000 castellanos de oro, se bautizaron más de nueve mil indios y en nombre de España tomó posesión del lago, al que llamó la Mar Dulce.

Gil González Dávila -La Gran Nicoya-
Diriangen y Nicaragua

Continuó Gil González su recorrido, sometiendo pacíficamente a muchos pueblos, cuando recibió la visita del poderoso cacique Diriangén, en son de paz y con una presentación extraordinaria, pero su intención era conocer el poderío y las armas de los visitantes. 17 de abril de 1523, caía por sorpresa sobre la expedición de González Dávila.


Hubo una intensa batalla, casi todos los expedicionarios lograron salvar su vida, pero tuvieron que retirarse, momento que aprovechó Nicaragua para atacarles y recuperar el oro que les había dado. Finalmente, Nicaragua se rindió y se disculpó.

Para entonces, Gil González había perdido a la mayoría de sus hombres y, convencido de la necesidad de regresar, marchó a jornadas forzadas y casi sin descanso, hasta llegar a Caldera, en donde ya estaba Andrés Niño de regreso, después de descubrir la bahía de Fonseca y el golfo de Tehuantepec en México. Juntos volvieron sobre sus pasos.



Llegaron a Panamá el 25 de junio de 1523, el éxito de la expedición despertó la ambición de Pedrarias Dávila que intentó despojarlo de sus riquezas; pero Gil González, avisado a tiempo, compró una embarcación y huyó hacia La Española. 

Desde la isla, volvió a embarcarse hacia Nicaragua, para entonces, Pedrarias Dávila ya se había apoderado del territorio. González Dávila, se dirigió hacia Honduras y Guatemala, donde fundó, en la costa del golfo Dulce, la ciudad de San Gil de Buena Vista en 1524, pero Cristóbal de Olid, lugarteniente de Hernán Cortés, lo hizo prisionero injustamente y, después de varios hechos de rivalidades entre los propios conquistadores, Cortés lo envió prisionero a España para ser juzgado.

Gil González Dávila murió en su ciudad natal, poco después de su llegada a la Península, 
el 21 de abril de 1526.

 

 

Fuente: RAH. Gil González Dávila

Relación de Andrés Cereceda

 

 

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