Álvaro Saavedra -La ruta imposible-
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Álvaro Saavedra Cerón -La ruta imposible-

Era junio de 1526. Carlos I había mandado a Hernán Cortés que diera la orden para que “dos de las dichas carabelas o una de ellas con un bergantín o como mejor os pareciese... vayan en demanda de las dichas islas del Maluco hasta hallar nuestras gentes que en ellas están”.

Se sabe muy poco acerca de la vida de Álvaro Saavedra Cerón salvo que era primo de Hernán Cortés, y que se encontraba residiendo en la recién conquistada Tenochtitlan en el año 1526. Fue entonces cuando Cortés recibió la orden del rey. Era su deseo que los navíos que Cortés había construido en el litoral del Pacífico novohispano, con el propósito de navegar en busca de las islas de las especias, fueran destinados a averiguar lo sucedido con la nao Trinidad, de la expedición de Magallanes y Elcano, y que había quedado bajo el mando de Gómez de Espinosa. Asimismo, debería ir en apoyo de las expediciones comandadas por García Jofre de Loaysa y Sebastián Caboto respectivamente; además de verificar la existencia de alguna otra isla y si tenían especias u otras riquezas.

Cortés se apresuró a cumplir las órdenes recibidas. Mientras se ultimaban los preparativos en el istmo de Tehuantepec, apareció el patache Santiago perteneciente a la armada de Jofre de Loaysa y de Elcano. Se trataba de una de las naves separada de su flota a la salida del estrecho de Magallanes. Al frente de la nave, aunque ya enfermo, llegaba Santiago Guevara, quien falleció poco después. Muerto el capitán del patache Santiago, Hernán Cortes mandó reparar la embarcación, terminó de aparejar la flota y le encomendó su mando a Álvaro Saavedra Cerón.


Saavedra inició su expedición el 31 de octubre de 1527 desde Zihuatanejo. Llevaba con él ciento diez hombres en tres naves: Florida, Santiago y Espíritu Santo. Las naves iban preparadas para la exploración y el inicio de la colonización. Con él viajaban, Francisco Granado como escribano y el marinero Vicente de Nápoles, quienes redactaron sendas relaciones del viaje que han constituido fuentes fundamentales para su conocimiento.

Debido a las grandes dificultades en la navegación y los fuertes temporales, el día 15 de diciembre de 1527 la escuadrilla se dispersó definitivamente. Álvaro Saavedra capitán ya de una única embarcación, el Florida, avanzó por el océano hasta llegar a unas islas que pensó serían las islas de los Ladrones, probablemente en el archipiélago de las islas Marshall o las Carolinas. Continuaron navegando hasta descubrir la pequeña isla de Faraulep y, arribando poco después a la isla de Antokón ya en las islas Filipinas. Más tarde, llegaban a la de Mindanao y en febrero de 1528, finalmente, al archipiélago de las Molucas. El 30 de marzo desembarcaban en Tidore.


Álvaro Saavedra -La ruta imposible-
Islas de Ternate y Tidore

En aquella isla se encontraron con Hernando de la Torre, un capitán de la expedición de Loaisa, quien sobrevivía junto a treinta hombres en continua defensa de su posición frente a los portugueses, asentados en la vecina isla de Ternate. Saavedra, ayudado por los nativos pudo socorrer a Hernando de la Torre y sus hombres; solicitando que ellos se comunicasen con los isleños para obtener tranquilidad y alimentos: “estad seguros que, aunque me pidan todo cuanto yo traigo, con tanto que no sea el navío, yo no os dejaré; hablar a los naturales y decidles cómo yo vengo en nombre del Emperador a hacer paz con ellos y que querría algunos bastimentos, que yo se los pagaré muy a su placer”.

Tres meses más tarde de su llegada, tras avituallarse y cargar especies, Álvaro Saavedra partió con sus hombres, sin capacidad en la nave para llevarse a los supervivientes de Hernando de la Torre. Después de intentar dos veces la salida de la isla, partió por fin el 12 de junio de 1528.

 En su viaje descubridor, alcanzaron la costa septentrional de Nueva Guinea y contactaron con los nativos de la isla, a los que llamaban papúa.  Saavedra siguió su navegación hasta las islas Almirantazgo, para poner rumbo norte navegando hasta las islas de los Barbudos y llegar a las de los Ladrones. Alcanzó la latitud de 14.º N, donde encontró insuperables dificultades náuticas para proseguir rumbo a Nueva España. Se vio obligado a virar y seguir la navegación para retornar por Midanao, de allí a Sarragan, donde había quedado un español, sin que pudieran rescatarle y sin obtener ayuda de los nativos, siguieron de nuevo hasta Tidore concluyendo este ensayo de tornaviaje el 19 de noviembre de 1528.
Álvaro Saavedra -La ruta imposible-
Nao del Pacífico

Pocos meses después, en abril de 1529, Carlos I, mediante el Tratado de Zaragoza, vendía las Molucas a Portugal.

Sin que las noticias hubiesen llegado hasta las lejanas islas Molucas, y antes de que Saavedra hiciera un nuevo intento, De la Torre, le recomendó que regresara a España por el cabo de Buena Esperanza, pero Saavedra decidió volver a intentar la ruta desde el Extremo Oriente hacia las costas de la Nueva España. En mayo del mismo año, Saavedra salía de la isla navegando en dirección Este a la altura del Ecuador y más al Norte hasta las islas Carolinas. Después, alcanzaría la latitud meridional de Japón y luego rumbo Norte hasta los 26.º de latitud septentrional. Entonces y en medio del océano Pacífico moría Álvaro Saavedra Cerón.

Continuar la navegación fue una terrible y exasperante experiencia, sin vientos que empujaran la nave. El final de la expedición se halló inmerso en la actividad de ensayos y errores para buscar la ruta por la que alcanzar las costas de México desde el Oriente. La tripulación de Saavedra capitaneada por Pedro de Laso ascendió hasta los 31.º N. Fue el momento en que se dieron por vencidos en su pretensión de alcanzar la Nueva España.
Regresaron por el archipiélago de las Ladrones hasta el de Molucas, donde los veintitrés supervivientes se unieron a los hombres de De la Torre para concluir su particular aventura; Conocido el final del litigio hispano portugués por la Especiería algunos de ellos consiguieron regresar a España por la ruta africana.

La expedición de Álvaro Saavedra Cerón no consiguió establecer el tornaviaje, pero aportó un conocimiento fundamental del Pacífico occidental y septentrional, fijando los límites reales de las rutas posibles y acumulando una experiencia náutica decisiva. Sus intentos formaron parte del proceso que haría posible más tarde la conexión estable entre Asia y Nueva España.
Fuentes
Lecturas recomendadas
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