Juan Sebastián Elcano -Biografía breve-
«… y más sabrá V.M. de aquello que más debemos estimar y tener es que hemos descubierto y dado la vuelta a toda la redondez del mundo, que yendo para el occidente hayamos regresado por el oriente»
Carta de Juan Sebastián Elcano a Carlos I, a su llegada a Sanlúcar de Barrameda

Del hombre que pasó a la historia como Juan Sebastián Elcano, el primero en circunnavegar la tierra, apenas se sabe nada con certeza, salvo que probablemente nació en la villa guipuzcoana de Getaria. Fundada en tiempos romanos, la pequeña localidad era un enclave marinero donde la vida giraba en torno al mar. Sus vecinos se dedicaban a la caza de la ballena, que aún hoy figura en el escudo de la villa atravesada por un arpón, y a la pesca del bacalao en los lejanos caladeros de Terranova y de la península del Labrador. Además, su puerto ofrecía refugio a los pescadores sorprendidos por las temibles galernas del Cantábrico. No cabe duda: Getaria estaba poblada por auténticos hombres de mar.
Elcano creció en una familia de pescadores, con muchas bocas que alimentar y pocos ingresos. Su madre, Catalina del Puerto, no se sabe con certeza, pero debió quedar viuda muy pronto, y tuvo que atender a los 9 hijos habidos en su matrimonio con Domingo Sebastián Elcano, más una hija que este tuvo fuera del matrimonio.
De su vida juvenil se puede pensar que se dedicó a la pesca y, por lo que él mismo escribió en su testamento, tuvo amores con una mujer de nombre María Hernández o Hernialde, que le dio su único hijo de nombre, Domingo. Esta María Hernialde o Hernández perteneció quizá a una familia humilde de algún caserío cercano a Getaria, que no acogió bien las relaciones de su hija con el pescador. Con el tiempo y buscando mejorar su fortuna, Elcano intentó convertirse en armador; para ello compró una nave y se puso al servicio de varias operaciones en el norte de África en tiempos de la regencia del cardenal Cisneros y otras en Italia, en apoyo del Gran Capitán. Pero en tales operaciones no obtuvo los ingresos que esperaba y tuvo que entregar la nave en pago de sus deudas a unos comerciantes de Saboya. En aquellos tiempos estaba prohibido vender barcos a extranjeros, al hacerlo, Elcano cometió un grave delito que lo convirtió en delincuente. Bajo esa condición, pudo estar peregrinando durante un tiempo por diversos puertos españoles del Levante hasta que, en 1518, es hallado en Sevilla en el momento en que se organizaba la expedición de Magallanes para dirigirse a las Molucas.
Para la expedición a las Molucas, se alistaron cinco naos: la Trinidad, la San Antonio, la Concepción, la Victoria, y la Santiago. Entre los enrolados, por extraño que parezca, debido a su condición de proscrito y por tanto incapacitado para embarcar en nave alguna, y menos en una propiciada por la casa real, figuraba Juan Sebastián Elcano. Para mayor sorpresa de que obtuviera el servicio, fue nombrado maestre de la nao Concepción, capitaneada por Gaspar de Quesada, llevando como piloto el portugués Juan López de Carvalho.

La salida de la expedición de Magallanes se hizo desde el muelle de las Mulas en el Guadalquivir. Desde allí, la mañana del 20 de septiembre de 1519, partieron para adentrarse en el Atlántico desde Sanlúcar de Barrameda. Recalaron en la isla de Tenerife y, descendiendo por la costa africana buscaron los vientos favorables, para dirigirse al Brasil. Una vez allí, la flota descendió por la costa sur del continente hasta el puerto de San Julián, donde se hizo invernada. Durante la larga y difícil estancia de cinco meses en ese puerto, Elcano participó en el motín contra Magallanes, que tuvo dramáticas consecuencias para muchos de los amotinados, entre ellos Juan de Cartagena, veedor del rey. Elcano colaboró, pero no estuvo entre sus protagonistas. Debió ser perdonado, pero fue destituido de su cargo de maestre de la nao Concepción.
Tras el duro invierno, y ya con muchas bajas, la expedición siguió su singladura hasta el descubrimiento del estrecho al que llamaron Estrecho de Todos Los Santos, que más tarde sería conocido como de Magallanes. Antes del encuentro con el estrecho, una de las naves, la Santiago naufragó en la bahía de Santa Cruz y al descubrirse el paso interoceánico la nao San Antonio, perdida, desertó y regresó a España. Una vez atravesado estrecho, el 27 de noviembre de 1520, las tres naves restantes salieron al Mar del Sur, que por la benignidad de sus aguas denominaron océano Pacífico y emprendieron la travesía hasta las islas Marianas y más tarde hasta las Filipinas. La flota desembarcó en la isla de Cebú donde, finalmente, Magallanes cayó muerto luchando contra los nativos de Mactán el 27 de abril de 1521.
Tras la muerte del capitán general y la destrucción por su inutilidad de la nao Concepción, las dos únicas naves que quedaban, dirigidas por Gómez de Espinosa y Elcano llegaron por fin a las islas Molucas el 7 de noviembre de 1521. Allí hicieron amistad con un rey local de la isla de Tidore, cargaron las especies y se dispusieron a regresar a España. Sin embargo, la nao Trinidad tuvo que quedarse para ser reparada de una vía de agua, y se acordó que, cuando estuviera lista, emprendería el viaje de regreso por el mismo lugar que habían llegado. Mientras la nao Victoria, mandada por Elcano, debía partir de inmediato hacia España por la ruta portuguesa, completando así la vuelta al mundo.

En cumplimiento del acuerdo, Elcano aligeró su nave y pidió voluntarios para el viaje. Se apuntaron cuarenta y siete hombres (más trece indios esclavos), quedando en tierra los cincuenta y nueve restantes que zarparían más tarde con la nao Trinidad. El 21 de diciembre de 1521, la pequeña nao Victoria zarpaba de Tidore hacia la aventura en el mar más temeraria de la historia.
Aprovisionados de alimentos, leña y agua, la nave zarpó de Timor el 11 de febrero de 1522, dispuestos a navegar los treinta mil kilómetros que les separaban de Sevilla.
Frente a la península de Malaca, cruzaron el ecuador. Las buenas provisiones se acabaron pronto y la comida se redujo a arroz y agua hedionda. A los calores tropicales sucedieron luego intensos fríos, que aumentaban a medida que subían en latitud para situarse a la altura del cabo de Buena Esperanza que durante semanas intentaron doblar inútilmente, hasta que Elcano decidió aproximarse a tierra y desde allí comenzar la ascensión por la costa africana luchando contra el hambre, la sed y las enfermedades. Murieron trece tripulantes y ocho indios.
Próximos al ecuador, Elcano, después de cinco meses sin tocar tierra, vio la única manera de sobrevivir, haciendo escala en Cabo Verde, llegando a la isla de Santiago el 9 de julio. En un principio los portugueses creyeron su versión de que, viniendo desde América, habían sido desviados por los vientos. Pero al intentar pagar la compra de esclavos con su cargamento de clavo se delataron. El gobernador portugués ordenó capturar la chalupa y sus doce marineros que habían intentado comerciar. Los tripulantes de la nao se percibieron de todo desde la cubierta del buque, y Juan Sebastián Elcano mandó cortar el cable del ancla y soltar el trapo. La Victoria abandonó Santiago a toda vela, dejando en tierra a sus doce compañeros. Era el 15 de julio de 1522.
La travesía hasta España la hizo en unas condiciones pésimas, tardaron veintiocho días en llegar. Alcanzaron Sanlúcar de Barrameda el 6 de septiembre de 1522. A bordo de la Victoria, tras siete meses desde que dejaron Tidore, llegaron dieciocho hombres cadavéricos, que no podían ni bajar a tierra. Desde allí, Elcano redactó una breve carta a Carlos I informando de su gesta.

La Nao Victoria llegaba a Sevilla, el 8 de septiembre de 1522 con gran entusiasmo de quienes los vieron llegar. Los marineros cumplieron su promesa de ir descalzos con velas a la iglesia trianera de Nuestra Señora de la Victoria. Habían recorrido 46.270 millas marinas (85.700 kilómetros) por todos los mares del mundo y a lo largo de 1.084 días interminables.
Por orden del Emperador, Elcano se dirigió a Valladolid, presentándose ante él con dos de sus compañeros: Francisco Albo y Fernando Bustamante, el barbero de la embarcación. Fue sometido a varios interrogatorios sobre lo sucedido durante el viaje. Terminados los cuales, Elcano fue ampliamente recompensado por el emperador con el reconocimiento de su gran hazaña, ofreciéndosele cuantiosas rentas que, según consta en su testamento, nunca llegó a percibir de la Corona. Los tres años siguientes, Elcano los pasó en Valladolid donde tuvo una hija con María Vidaurreta. Asistió a las juntas de Elvás y Badajoz en un intento fallido de resolver diplomáticamente una disputa planetaria sobre la pertenencia de las Molucas, y finalmente, pidió permiso para enrolarse en la nueva expedición al Maluco, comandada por García Jofre de Loaysa. En ella fue como lugarteniente y piloto mayor en la nao Sancti Spiritus, zarpando desde La Coruña el 24 de julio de 1525.
En la difícil travesía final de Juan Sebastián Elcano, tras afrontar toda clase de desdichas, los barcos y los tripulantes fueron cayendo por las inclemencias del mar o por el hambre y las enfermedades. El propio García Jofre de Loaysa murió de escorbuto el 30 de julio. Elcano se puso al frente de la única nave que quedaba, nuevamente llamada Victoria, pero falleció pronto, posiblemente también de escorbuto. Su cuerpo fue arrojado al océano un 7 de agosto de 1526.

A pesar de que han querido borrarle de la historia, la verdad va saliendo a la luz para hacer justicia a su valentía y a su pericia en el mar hasta convertirlo en un hombre inmortal.
Elcano no fue un héroe de sangre noble, ni príncipe de los mares. Fue un hombre común, con deudas, errores y hambre. Y, sin embargo, escribió con su travesía una de las páginas más grandes de la historia: la primera vuelta al mundo. Sin buscarlo, demostró a todos que la tierra era redonda.

