Expedición de García Jofre de Loaísa -La Coruña 1525-
De los cuatrocientos cincuenta hombres que partieron a la especiería en julio de 1525, solo diecisiete permanecían vivos en la isla de Tidore (Islas Molucas) al conocerse que, con la firma del tratado de Zaragoza de 1529, Carlos I había procedido vender las Molucas al rey de Portugal. Decidieron entonces entregarse al gobernador para ser repatriados a España por la ruta africana, llegando a su tierra en 1536, once años después de su salida.
En torno a 1525, año en que partió la flota de García Jofre de Loaísa hacia las Molucas, la Corona española consideraba que dichas islas estaba dentro de su jurisdicción, de acuerdo con el Tratado de Tordesillas y, por lo tanto, a ella le correspondía la explotación de su mercado. Con ese fin, se organizó el viaje desde la recién creada Casa de la Especiería o Casa de Contratación de La Coruña.
Además de tener como fin el comercio, debían buscar a los tripulantes supervivientes de la nao Trinidad de la anterior expedición de Magallanes-Elcano. Otro objetivo a cumplir era que dos de las naves de la flota deberían quedar en la colonia que se formaría en las Molucas. Con el patrocinio de diversos armadores y comerciantes, entre los que estaba el burgalés Cristóbal de Haro, a quienes se les compensaba con la supresión de impuestos por aportar los buques.

La flota estaba compuesta por siete naves y 450 hombres:
*Las Naos: Santa María de la Victoria, de 300 toneladas, con Loaísa como capitán; Sancti Spiritus; de 240, al mando de Juan Sebastián Elcano; La Anunciada, de 204, cuyo capitán era Pedro de Vera; San Gabriel, de 156, a cargo de Rodrigo de Acuña.
*Las carabelas: Santa María del Parral, mandada por Jorge Manrique, y San Lesmes, de 96 toneladas, por Francisco de Hoces,
*El patache Santiago, de 60 toneladas, a cargo de Santiago de Guevara.
La flota partió el 24 de julio de 1525. Al frente, como capitán general, iba García Jofre de Loaísa, un hombre muy bien situado en la Corte. Era pariente de fray Francisco García de Loaísa, confesor del rey Carlos, presidente del Consejo de Indias e inquisidor general. Juan Sebastián Elcano, artífice de la primera vuelta al mundo y mucho más experto en las artes de la navegación, quedó bajo su mando.
A principios de agosto, de paso por la isla de la Gomera, acordaron en consejo todos los capitanes seguir por el recién descubierto Estrecho de Magallanes, donde comenzaría para ellos una difícil travesía que culminó con la llegada a las Molucas de una única embarcación: la Santa María de la Victoria.
La travesía de la expedición
Después de su paso por las islas Canarias, descendieron hasta la isla Annobón, frente a Guinea. Desde allí se dispusieron a atravesar el Atlántico llegando hasta el Brasil y las costas argentinas. Después de haber errado sobre la entrada al estrecho por el río Gallegos, volvieron a alta mar hasta encontrar el cabo de las vírgenes (la entrada oriental del estrecho) donde naufragó la nave Sancti Spiritus a causa de un fuerte temporal. La nao La Anunciada desertó, saliendo hacia el Atlántico para intentar llegar a las Molucas por el océano Índico, pero nunca más se supo de ella. Poco después, ante la imposibilidad de entrar en el estrecho magallánico y de vuelta al río Santa Cruz, en tierras argentinas, desertó también la San Gabriel que regresó a España por el Atlántico.
Las restantes naves continuaron su rumbo. Tardaron 48 días en atravesar el Estrecho de Magallanes. Una vez en el océano Pacífico, a finales del mes de mayo de 1526, la nao San Lesmes, al mando del capitán Francisco de Hoces, fue empujada violentamente hacia el sur por los vientos. Durante esa deriva forzada, pasó más allá del extremo sur de Tierra del Fuego y vio que al sur había mar abierto, lo que demostraba la existencia de un paso marítimo libre entre los océanos Atlántico y Pacífico sin necesidad de cruzar el Estrecho de Magallanes. Andrés de Urdaneta, en su relación posterior sobre el viaje, daba cuenta de ese avistamiento, denominándolo, «el acabamiento de la tierra».
El nombre original del paso, actualmente olvidado, fue el dado por aquel entonces como, «Mar de Hoces», en recuerdo del capitán que comandaba la nave española.
Seis días después de entrar en la inmensidad del Pacífico, el día 2 de junio de 1526, la escuadra se encontró con otro temporal que, convertido en huracán, deshizo la expedición que ya no volvería a reunirse.
La nao capitana, la Santa María de la Victoria bajo el mando de García Jofre de Loaísa continuó la difícil navegación sin agua y sin alimentos. Los hombres empezaron a caer, el mismo Loaísa murió de escorbuto el 30 de julio de 1526, le seguiría el piloto Bermejo. Cinco días más tarde, y ya entonces al mando de la flota, también fallecía Juan Sebastián Elcano.

El contador Toribio Alonso de Salazar fue elegido nuevo capitán, quien, siguiendo las indicaciones recibidas previamente de Elcano, navegó rumbo noroeste hacia las islas Marianas. El 21 de agosto avistaron la isla de San Bartolomé, actual Taongi, continuando viaje hasta la isla de Guam, donde quedaron sorprendidos al encontrar entre los isleños al español Gonzalo de Vigo, desertor de la nave Trinidad de la expedición de Magallanes.
El 13 de septiembre también moría el capitán, Alonso de Salazar. Dos contadores se repartieron el mando, Íñiguez de Carquizano y Fernando de Bustamante, que pusieron rumbo hacia la costa de Mindanao y desde allí a la isla de Sarangani, en el mar de las Célebes, arribando después a las islas Talaud. Allí realizaron nueva parada, repararon el barco y se prepararon para entrar en las islas del Maluco. El 29 de octubre llegaron a la isla hoy conocida por Halmahera, isla de la especiería. Aquí terminaba el viaje que partió de La Coruña y al que solo llegaron ciento cinco hombres a bordo de la nao capitana. Entre la tripulación estaba un joven de nombre Andrés de Urdaneta.

Entre los años 1527 y 1535 los expedicionarios permanecieron refugiados en lucha permanente con los portugueses. Finalmente, solo quedaban diez y siete supervivientes, cuando, enterados de la venta de las Molucas decidieron entregarse al gobernador de Ternate y ser repatriados por la ruta africana. Entre ellos estaba el último de sus capitanes, De la Torre, y un joven Andrés de Urdaneta quien había acopiado información valiosa que puso en conocimiento del rey mediante un exhaustivo informe. Años después sería de gran valor para las rutas de navegación españolas.
Destino de los barcos perdidos La San Lesmes desapareció. La última referencia que se tuvo de ella es que fue vista por última vez por el patache, y de ella nunca más se supo. Con el tiempo su deriva ha dado mucho que hablar, entre otros el insigne historiador Martín Fernández de Navarrete, quien llegó a la conclusión de que, por el derrotero seguido, las corrientes, y por los últimos datos aportados por el patache, se podría asegurar que fue a parar a las cercanías de Tahití. Ya en el siglo XX, y a partir de 1929, al ser encontrados unos cañones del siglo XVI en la isla de Amanu, se comenzó una investigación en las Tuamotu. Hay autores que opinan que llegaron hasta Nueva Zelanda y naufragaron en la costa meridional de Australia en donde existen vestigios claros de su paso o de su asentamiento en aquellas tierras. La Santa María del Parral logró cruzar el Pacífico y alcanzar las islas Célebes. Dos de los supervivientes contarían más tarde que hubo una sedición en la que se dio muerte al capitán, Jorge Manrique de Nájera, a su hermano y al tesorero. Los amotinados hicieron embarrancar la nave cerca de la isla de Cebú, donde desembarcaron, pero los indígenas los atacaron, matando a varios de los españoles y capturando al resto. Los últimos supervivientes, en febrero de 1528, fueron recogidos por la expedición de Álvaro de Saavedra. Los instigadores del motín, fueron procesados y ejecutados en Tidore. El patache Santiago, comandado por Santiago de Guevara, puso rumbo norte y logró alcanzar el golfo de Tehuantepec en las costas de Nueva España. Parte de su tripulación participarían más tarde en la expedición de Álvaro de Saavedra, que también cruzaría el Pacífico entre los años 1527 y 1529.
Lecturas recomendadas

Fuentes: RAH: García Jofre de Loaísa
RAH: Andrés de Urdaneta
