Hernando de Luque - El acuerdo del Perú-
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Hernando de Luque – El acuerdo del Perú-

Conoció a Pizarro y Almagro en Panamá, y se convirtió en socio moral y financiero de sus expediciones. Su papel era más estratégico y diplomático: legitimar ante la Corona y la Iglesia lo que los conquistadores harían con la fuerza, algo clave para que Pizarro y Almagro pudieran organizar la expedición hacia el Imperio inca.

Es probable —aunque no está plenamente documentado— que fuera natural de la provincia de Cádiz, en España. En 1514 se embarcó en Sanlúcar de Barrameda con la gran expedición que, al frente de Pedro Arias Dávila, envió Fernando el Católico a la región entonces conocida como Castilla del Oro. El rey tenía interés en poblar y asegurar este territorio para contener las pretensiones de Diego Colón, virrey de Santo Domingo desde 1508, quien aspiraba a que su jurisdicción se extendiera también sobre Tierra Firme. La Corona sostenía que su autoridad se limitaba a la isla La Española, único territorio efectivamente descubierto por su padre.

Para esas fechas, Vasco Núñez de Balboa ya había descubierto el llamado Mar del Sur —más tarde océano Pacífico—, y se hacía necesario encontrar un paso que uniera ambos mares. Esta fue otra de las razones de aquella enorme expedición, en la que viajaron diecisiete clérigos. Hernando de Luque se contaba entre ellos. Viajaba en la nave de Pedrarias, junto al licenciado Gaspar de Espinosa y a fray Juan de Quevedo, primer obispo de la entonces llamada Castilla del Oro.

Hernando de Luque - El acuerdo del Perú-


En la región, según declaró él mismo y corroboraron algunos testigos que convivieron con él, su labor religiosa se desarrolló principalmente en las ciudades del Darién y de Panamá. Afirmó haber ayudado al enterramiento de numerosos muertos, haber adoctrinado y bautizado indígenas, y haberse preocupado por el buen trato de los indios y de los pobres del hospital del que era mayordomo. Añadió que se había llevado de forma amistosa con todos y que había contribuido a la pacificación del territorio. Informó asimismo de que padeció numerosos trabajos y enfermedades, incluso en las incursiones en que acompañó a Pedrarias.

La Higuera Mágica La hoja de la higueraPero Luque no solo desempeñó funciones asistenciales: fue vicario, párroco y administrador. Trató con gobernadores, oidores y comerciantes. Aprendió el lenguaje del poder sin confundirse con él. Una vez asentado, participó como capellán en diversas expediciones de conquista. Las encomiendas que se le concedieron le permitieron acceder a una fortuna considerable mediante la cría de ganado. Ese capital le permitió aportar recursos y participar en la empresa conquistadora que, en 1525, Francisco Pizarro y Diego de Almagro intentaban llevar a cabo hacia el sur, en busca de las tierras y riquezas del incipiente Imperio incaico, llamado entonces Birú o Pirú.

De ese territorio ya había dado noticias Pascual de Andagoya, quien fue el primero en escribir el nombre de Perú, tal como consta en el libro de cuentas de la tesorería de Tierra Firme. Conviene señalar que, por entonces, esa denominación correspondía al sureste de Panamá y fue desplazándose progresivamente hacia el sur a medida que las expediciones avanzaban, hasta fijarse en el corazón del Imperio Inca en 1531.

Luque no tuvo protagonismo militar, su función fue más organizativa y diplomática, moderando tensiones y contribuyendo con recursos y legitimación religiosa. Él gestionó la obtención de permisos y apoyos para que la empresa pudiera llevarse a cabo, negociando con autoridades como el licenciado Gaspar de Espinosa, jurista, redactor del contrato, hombre especialmente habilidoso. Hay quien afirma que en dicho contrato estaban los gérmenes de los futuros problemas entre Pizarro y Almagro. Pizarro se encargó de reclutar hombres y dirigir las marchas, y Almagro coordinó barcos y provisiones para los viajes hacia el Pacífico y el Perú.


Mientras Pizarro y Almagro se curtían en el fracaso, Luque escuchaba, calculaba y esperaba. Veía más lejos que ellos, no en kilómetros, sino en tiempo. Sabía que toda empresa necesitaba una legitimidad que no se obtiene con bravura, sino con firmas, sellos y silencios bien colocados. Cuando apostó por Pizarro y Almagro, no lo hizo por codicia ciega, sino por intuición histórica: algo grande se movía hacia el sur.

Hernando de Luque - El acuerdo del Perú-
Fragmento de un grabado de Theodoro de Bry

Luque fue el equilibrio del triángulo.
Donde Pizarro era dureza y voluntad,
donde Almagro era empuje y desgaste,
Luque era estructura.

Consiguió dinero cuando no lo había.
Consiguió licencias cuando nadie las concedía.
Y logró que la Corona viera una empresa privada como misión imperial.


 

Gracias a estas gestiones, en 1529 se firmó la Capitulación de Toledo, acuerdo que autorizó oficialmente la conquista del Perú. En dicho documento, Luque fue propuesto como obispo de Tumbes y “protector general de los indios”, un cargo que, al menos en teoría, le otorgaba autoridad eclesiástica sobre la nueva región. El título es revelador: Luque creía —o quería creer— que el orden cristiano y jurídico podía contener la violencia inevitable de la conquista. No fue ingenuo, pero sí ambivalente, situado entre el ideal y la realidad.

Se trata de uno de los documentos más célebres de la historia de América y sirve para ilustrar la organización de las compañías particulares que impulsaron la conquista. El texto de la escritura notarial del contrato no figura en las crónicas del siglo XVI; fue copiado por primera vez por Fernando de Montesinos, clérigo andaluz y cronista de comienzos del siglo XVII. De sus Anales del Perú lo recogió Manuel José Quintana en 1830 y lo reprodujo después William Prescott, quien lo calificó como “documento memorable”. 
Fue un contrato basado en la confianza, pero el Perú resultó ser demasiado grande para un acuerdo demasiado pequeño.

Hernando de Luque murió pronto, en 1532, en Panamá. Su muerte ocurrió poco después de la captura del emperador inca Atahualpa, por lo que no llegó a tomar posesión efectiva de su obispado ni a participar en el reparto de botines y cargos que siguieron a la conquista. Murió antes del oro, antes del reparto, antes de la guerra entre socios. Eso lo salva —históricamente— de muchas sombras, aunque no de todas las ambigüedades. Su destino es el del hombre que hace posible algo y no llega a verlo: el que pone los cimientos y desaparece cuando comienzan las disputas por la casa.

Su importancia histórica radica, sobre todo, en que sin su apoyo económico y su intervención ante las autoridades habría sido mucho más difícil organizar y obtener licencia real para la expedición que culminó en la conquista del Imperio Inca.

 

Fuentes: RAH: Hernando de Luque

 

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