* Juan de la Cosa: Dibujando el mundo
La carta de Juan de la Cosa convierte en imagen una parte de la experiencia acumulada durante aquellos primeros viajes. Cada costa trazada es información. Cada nombre es memoria. Cada espacio vacío señala un límite del conocimiento. El mapa no cuenta una historia mediante frases, pero permite reconstruirla. En él podemos seguir el rastro de unos navegantes que avanzaban por unas tierras que todavía no formaban parte de la imagen europea del mundo.
Los primeros relatos sobre América fueron escritos de muchas maneras. Colón dejó diarios, cartas y relaciones. Ramón Pané recogió las creencias y tradiciones de los taínos. Otros hombres narraron los viajes, describieron las tierras y contaron lo que habían visto. Juan de la Cosa hizo algo diferente: nos dejó su crónica dibujando.
La experiencia de un navegante.
La cartografía de aquellos años se construía navegando, observando, tomando rumbos y trasladando después aquella experiencia a las cartas. Juan de la Cosa no dibujaba desde la distancia: había visto directamente buena parte de las tierras que ahora aparecían sobre el pergamino. Había participado en el primer viaje de Colón y regresado con él en el segundo. Cuando trazó su carta, en 1500, apenas habían transcurrido ocho años desde aquel primer viaje, y Colón seguía defendiendo que había alcanzado las proximidades de Asia. Pero los nuevos descubrimientos comenzaban a plantear una posibilidad distinta: aquellas tierras podían formar parte de un mundo hasta entonces desconocido.
La Carta de Juan de la Cosa pertenece precisamente a ese momento de incertidumbre.
Después de los viajes con Colón, Juan de la Cosa recorrió las costas de Tierra Firme en la expedición de Alonso de Ojeda y Américo Vespucio de 1499 y navegó nuevamente por aquellos lugares junto a Rodrigo de Bastidas. Pero aquellas tierras todavía no tenían un lugar definido dentro de la geografía que durante siglos había representado el mundo conocido.
La Carta de 1500

En la confección del mapa se conservan todavía muchas de las ideas geográficas heredadas de la Antigüedad y de la tradición medieval. Fue realizado sobre pergamino y tiene unas dimensiones aproximadas de 183 por 96 centímetros. Representa el mundo conocido en aquel momento mediante una compleja combinación de información geográfica y elementos decorativos. Las costas aparecen recorridas por numerosos nombres de lugares. Las líneas de rumbo se extienden por el océano y las rosas de los vientos organizan la navegación. Aparecen barcos, figuras humanas, animales y otros elementos propios de la cartografía de comienzos del siglo XVI.
Llama la atención entre esos elementos la figura de San Cristóbal. Quizá sea solamente una imagen religiosa, como tantas otras que aparecen en los portulanos de su tiempo. Pero resulta difícil no reparar en el lugar que ocupa. San Cristóbal, el portador de Cristo, aparece precisamente sobre las tierras que acababan de entrar en el horizonte europeo. Y bajo sus pies, Juan de la Cosa dejó su nombre y la fecha:1500.
«Juan de la cosa la fizo en el puerto de S: mã en año de 1500»
Pero lo verdaderamente extraordinario está en el extremo occidental. Allí aparecen las tierras americanas. La costa de Sudamérica está representada con una extensión considerable, especialmente en las regiones recorridas por las expediciones españolas. En cambio, otras zonas permanecen incompletas o aparecen de forma imprecisa. El interior de las nuevas tierras está prácticamente vacío. Y ese vacío también cuenta una historia. Lo que no aparece en el mapa es aquello que todavía no se conocía.
América antes de América

Nosotros sabemos hoy que aquellas tierras constituían un continente enorme, separado de Asia por dos grandes océanos. Juan de la Cosa no podía saberlo de aquella manera. Su mapa pertenece a un momento anterior a esa certeza. Por eso no debemos mirar la carta intentando encontrar en ella el mundo que conocemos. Debemos mirarla para descubrir qué mundo podían conocer los hombres del año 1500. Sus errores son tan importantes como sus aciertos. Las costas que aparecen dibujadas con mayor precisión son aquellas que los navegantes habían recorrido. Todavía quedaban muchas costas por conocer y muchas preguntas por responder. La geografía americana estaba naciendo y Juan de la Cosa dejó constancia de uno de sus primeros momentos.
La curiosa vida de este documento es digna de ser contada. Por sus dimensiones, su riqueza y la información que reúne, se ha considerado que pudo ser un encargo especial destinado a la corte de los Reyes Católicos, posiblemente promovido por el obispo Juan Rodríguez de Fonseca, uno de los principales responsables de los asuntos de Indias. Su finalidad habría sido mostrar a los monarcas los nuevos descubrimientos y ponerlos en relación con las tierras ya conocidas. Después de su realización, la carta aparece documentada en 1511, cuando Pedro Mártir de Anglería hace referencia a ella. A partir de entonces se pierde su rastro durante siglos. En 1832 reapareció en París, en manos del barón de Walckenaer, que la había adquirido a un comerciante. Tras su muerte, la carta salió a subasta en 1853. El historiador español Ramón de la Sagra alertó al Ministerio de Marina sobre la importancia del documento, y el Gobierno español consiguió adquirirlo por 4.321 francos. Ese mismo año ingresó en las colecciones del Museo Naval de Madrid, donde se conserva actualmente.
En el Puerto de Santa María, en el año 1500, Juan de la Cosa realizó una carta que hoy constituye uno de los testimonios cartográficos más extraordinarios de los primeros tiempos de la presencia europea en América. Esa Carta es mucho más que un mapa antiguo. Es la imagen de un mundo en el momento preciso en que ese mundo estaba empezando a cambiar. Desde entonces, la tierra empezó a contemplarse de diferente manera.
Fuentes:
IGN
Carta Universal de Juan de la Cosa
