Hernán Cortés: de gobernador a marqués
Tras la caída de Tenochtitlan, en agosto de 1521, Cortés había conseguido una gran hazaña militar pero también una proeza política. A partir de ese momento, empieza a ejercer como mandatario del rey. El 15 de octubre de 1522, mediante cédula real, fue nombrado gobernador y capitán general de lo que él mismo, en una de sus cartas de relación al emperador, había denominado "La Nueva España del Mar Océano”.
Entre los años 1521 y 1524 Hernán Cortés debió constatar que gobernar era mucho más difícil que conquistar al tener que acometer un sin fin de tareas. Sus capitanes, Pedro de Alvarado y Cristóbal de Olid, siguieron extendiendo el territorio conquistado mientras él comenzaba por repartir encomiendas entre sus seguidores, limitando sus derechos; la provincia de Tlaxcala, como pago por su ayuda en la conquista, quedaba exenta de tal reparto. Tuvo que organizar la fundación y la reconstrucción de ciudades y pueblos, con la formación de los respectivos cabildos con sus alcaldes y regidores. Debió acometer el restablecimiento de la producción agrícola, la introducción de ganado y cultivos europeos. Esto suponía la apertura de caminos y puertos. Así mismo, emprendió las primeras explotaciones mineras, además de enfrentarse al deber de organizar la administración, la hacienda y la justicia. En 1524 publicó sus ordenanzas de buen gobierno y multiplicó las fundaciones, entre ellas el hospital de Jesús. Estimuló el mestizaje entre españoles e indias. Mientras, solicitaba la venida de misioneros franciscanos: los doce primeros, llamados apostoles, entre ellos Motolinia, llegaban a la Nueva España el 13 de mayo de 1524.
La reconstrucción de la nueva capital que iría surgiendo sobre los restos de Tenochtitlan se emprendió enseguida. Según las ordenanzas castellanas, se trazó el plan cuadrado clásico que ya se venía utilizando en las ciudades del Nuevo Mundo. Para la enorme tarea, Cortés supo aprovechar los talentos de Alonso García Bravo, Bernardino Vázquez de Tapia, Martín de Sepúlveda, arquitectos y topógrafos para dar paso a lo que con el tiempo llegaría a ser la gran ciudad de México.
De manera inevitable, comenzaron las rivalidades entre conquistadores, los pleitos por encomiendas, las denuncias, los abusos de poder, las tensiones con oficiales reales. Pero, el gran punto de inflexión para el gobierno de Cortés fue el episodio más controvertido de su vida. Paradójicamente, fue una empresa emprendida cuando ya había conquistado México y ejercía como gobernador. La causa inmediata fue la traición de Cristóbal de Olid.

En enero de 1524, Cortés había enviado a Olid a conquistar y poblar las Hibueras (la actual Honduras). Sin embargo, una vez allí, Olid rompió con Cortés y se puso al servicio de Diego Velázquez, gobernador de Cuba y antiguo enemigo del conquistador. Cortés reaccionó enviando primero a Francisco de las Casas, pero una tormenta dispersó su flota y la situación siguió siendo incierta. Finalmente, decidió encabezar él mismo la expedición, probablemente con el ánimo, no solo de castigar la desobediencia de Olid y afirmar su autoridad frente a Diego Velázquez, sino también para asegurar la comunicación entre Nueva España y Centroamérica, explorar nuevas tierras y posiblemente, comprobar si existía algún paso que comunicara el Atlántico con el Mar del Sur.
Cortés partió de México el 12 de octubre de 1524. No era una simple columna militar. Le acompañaban unos trescientos españoles; miles de auxiliares indígenas e intérpretes, entre ellos Doña Marina. Llevó artesanos, criados, médicos y religiosos; numerosos caballos, perros y ganado para abastecer la expedición. Además, llevó consigo como prisioneros a Cuauhtémoc, Tetlepanquetzal y otros señores mexicas. Temía que, en su ausencia, pudieran encabezar una rebelión en la Nueva España.

La expedición atravesó Tabasco, la región de Acalán, los territorios mayas y la selva del Petén. No hubo grandes batallas, el enemigo fue la naturaleza. Los cronistas describen lluvias constantes, pantanos, ríos caudalosos, selvas casi impenetrables. Se vieron en la necesidad de construir numerosos puentes para poder avanzar, además de luchar contra la falta de alimentos y enfermedades. Durante la marcha, Cortés recibió noticias de una supuesta conspiración encabezada por Cuauhtémoc para asesinar a los españoles. Nunca se ha podido demostrar con certeza si aquella conspiración existió realmente. Convencido —o al menos así lo afirmó— de que el peligro era real, ordenó su ahorcamiento en febrero de 1525, junto con otros nobles indígenas. Es una de las decisiones más debatidas y controvertidas de toda su carrera.
Bernal Díaz del Castillo consideró aquella marcha una de las experiencias más penosas que vivieron los conquistadores y lo desafortunada que fue la muerte de Cuauhtémoc. “Fue esta muerte muy injustamente dada, y pareció mal a todos los que íbamos aquella jornada”.
Cuando llegó a Honduras, La situación había cambiado completamente. Cristóbal de Olid había sido capturado y ejecutado por Francisco de las Casas tras una lucha entre ambos bandos. En realidad, Cortés había recorrido miles de kilómetros para resolver un problema que ya estaba solucionado.

Pero lo peor ocurrió en México. Mientras Cortés estaba fuera: la ciudad quedó prácticamente sin dirección. Su ausencia, que se prolongó cerca de veinte meses, permitió que sus adversarios políticos acumularan poder. Circularon incluso rumores de que Cortés había muerto. Los oficiales reales y sus enemigos comenzaron a disputar su autoridad, se produjeron abusos y crecieron las denuncias contra su gobierno. Cuando regresó en 1526 seguía siendo un personaje prestigioso, pero ya no era el gobernante indiscutido de la Nueva España.
Su expedición a las Higueras no fue un fracaso militar, pero sí un fracaso político. La larga ausencia debilitó su posición y permitió que la Corona acelerara la implantación de instituciones permanentes, como la Primera Audiencia y, años después, el virreinato.
Ante esa situación, Cortés, viajó a Castilla para ver al rey con la intención de defenderse. Consiguió entrevistarse con Carlos I quien le recibió y le concedió el título de Marqués del Valle de Oaxaca. Conservaría todo su patrimonio, obteniendo nuevas capitulaciones para explorar el Pacífico, pero ya no pudo recuperar el gobierno.
Cuando volvió encontró otra Nueva España. Ya existía la Primera Audiencia de México con Nuño de Guzmán como presidente y los correspondientes oficiales reales. Fueron años de enfrentamientos, confiscaciones, de persecución de sus partidarios en un ambiente hostil. Cortés seguía siendo un hombre muy rico, pero ya no era el hombre fuerte.
La Primera Audiencia fue suspendida hasta la creación de la Segunda, pero, finalmente, en 1535, llegaba Antonio de Mendoza con el nombramiento de primer virrey de Nueva España. La Corona ya no necesitaba un conquistador, necesitaba un administrador y Cortés quedó relegado. Pero para Cortés nada había terminado continuaron sus expediciones al Pacífico, a la costa de la actual California, sus litigios, sus viajes.
En 1540, Cortés volvió a viajar a España con sus dos hijos legítimos, Martín y Luis. Participó junto a Carlos I en la empresa de Argel, en octubre de ese mismo año. Los consejos de Cortés de realizar un desembarco y un asalto por tierra no fueron escuchados y la expedición terminó en fracaso. Durante los años siguientes, hasta 1544, Cortés intentó en vano encontrarse con Carlos I a quien dirigía largos memoriales que nunca obtuvieron respuesta. En 1546, Cortés se retiró a Sevilla hasta su muerte en el pueblo de Castilleja de la Cuesta en 1547. Tenía 62 años.
Hernán Cortés fue el hombre que hizo posible el nacimiento de la Nueva España al otro lado del océano y abrió ante ella toda su dimensión continental y oceánica. El conquistador que había entrado en la historia por la espada terminó dejando también su huella en ella a través de los barcos, los mapas, las ciudades y las instituciones. Perteneció a una generación que puso en contacto tierras y gentes que hasta entonces habían permanecido separados. A su muerte, el mundo que había conocido al llegar a México ya no existía, y el mundo que sus actos habían ayudado a crear apenas comenzaba.
Fuentes:
RAH: Hernán Cortés
Cervantes virtual: Biografía de Hernán Cortés
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