Los guaitiaos -Indios de paz-

publicado en: Antiguas Culturas, La nueva higuera | 0

Los guaitiaos eran aquellos caciques que aceptaban de tal grado a los españoles que, en señal de hermanamiento, terminaban intercambiando sus nombres

István Szászdi 


Por los testimonios escritos de quienes estuvieron durante los primeros tiempos en las Indias, los recién llegados se encontraron con dos formas de ser recibidos: por un lado, a un pueblo gentil y de gran sencillez y por otro, a unos guerreros feroces.

Al confraternizar con los nativos pacíficos, “guaitiao” fue un término taíno que los españoles aprovecharon para establecer lazos de hermanamiento con muchos indios, preferentemente con caciques.

Bartolomé de Las Casas describió perfectamente esa asociación cuando dice: 
“teníase por gran parentesco y como liga de perpetua amistad y confederación. 
Y así el capitán general y aquel señor quedaron guaitiaos, como perpetuos amigos
 y hermanos en armas. Y así los indios llamaban Cotubano al capitán, y al señor, 
Juan de Esquivel”. 
Guaitiaos -Indios de paz-
Guaitiaos

Hubo muchos casos de indígenas de los que no se sabe su auténtico nombre, debido a que lo perdían al hermanarse con aquellos españoles con quienes lo intercambiaban. Sin embargo, no ocurrió lo mismo con los españoles; para estos debió tratarse de un mero acuerdo formal que carecía de validez en la práctica. Pasados los primeros años, el término guatiao sirvió, solamente, para designar a los indios mansos o de paz frente a los más guerreros que, fundamentalmente, eran conocidos como “canibas”; más tarde, esa denominación se convertiría en “caribes”.

Lo que sí fue verdad, es que hubo confraternización en muchos casos; de hecho, los caciques 
que se prestaban al intercambio se les brindaba un trato 
especial por parte de las autoridades españolas, tanto las establecidas en los nuevos territorios 
como en la propia Corte, en donde algunos de ellos fueron recibidos y tratados con todos 
los honores y privilegios del estamento de los nobles. 

Parece claro, ya desde el principio, que la intención de estos intercambios era que los habitantes de las nuevas tierras descubiertas pudieran ser educados en las costumbres castellanas. Desde un punto de vista práctico, se les embarcaba rumbo a la península para que convivieran y se educaran como españoles, aprendiendo la lengua, de la misma manera que, a la inversa, se intentaba que los españoles aprendieran las lenguas autóctonas, facilitando el entendimiento. 

“…entre los presentes que Cristóbal Colón traía a los Reyes Católicos figuraban diez 
indios, de los que tan sólo seis llegaron a la Corte, pues el resto no sobrevivió a la 
travesía…  para que aprendiesen la lengua, para que cuando aquestos acá tornasen, 
ellos y los cristianos que quedaban encomendados a Goacanagari, y en el castillo 
que es dicho de Puerto Real, fuesen lenguas e intérpretes para la conquista y 
pacificación y conversión de estas…”
—López de Gómara -cronista—

 

 

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