Los lacandones
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Lacandones

Los lacandones fueron descritos por primera vez en un manuscrito del capitán Pedro Álvarez, que fue transcrito por Francisco Ximénez en su Historia de la provincia de San Vicente de Chiapa y Guatemala.
En el texto se describe a uno de los cautivos como
“… muy moreno, que llevaba el pelo largo hasta la cintura y suelto; que presentaba la nariz y las orejas horadadas; que por vestido usaba una especie de casaquilla sin mangas, de manta gruesa y hasta la cintura, y un pequeño taparrabos”


Se piensa que originalmente el vocablo lacandón se refería a un grupo hablante de chortí  —idioma perteneciente a la familia lingüística de los mayas—, el cual, en tiempos de la conquista, habitaba en una pequeña isla en el río Lacantún, en el extremo sur de la selva y que se autodenominaban “los del Lacantún“, que significa en chortí “gran peñón” o “piedra erecta” y al ser españolizado se convirtió en lacandón o lacandones. 

Lacandones
Selva lacandona entre México y Guatemala

En tiempos de la conquista, en torno a 1530, los lacandones habitaban un territorio reducido al sur de la selva lacandona, entre México y Guatemala, teniendo como centro la laguna de Lacam-Tun. Abandonaron su ciudad lacustre a fines del siglo XVI, cuando esta fue destruida por una expedición militar proveniente de San Cristóbal de las Casas. Se retiraron hacia el sureste y erigieron una nueva cabecera a pocos kilómetros de distancia del río Lacantún, llamándola Sac-Bahián.

Se resistieron a la invasión de los españoles hasta finales del siglo XVII, tal como lo hicieron otros grupos de indígenas que vivían en territorios inaccesibles como los itzáes del Petén. Fueron sometidos finalmente en 1695, al ser invadido su último reducto, Sac-Bahián, por tropas españolas venidas simultáneamente de Chiapas y Guatemala. 

Eran conocidos por ser un pueblo que vivía de manera seminómada en la selva, en territorio entre México y Guatemala. Dependían de la caza, la pesca, y la recolección de frutas y raíces para su subsistencia; no practicaban la agricultura de manera intensiva como otros grupos mayas. Se organizaban en clanes o grupos familiares extendidos. Cada clan tenía su propio territorio en la selva y practicaban una forma de gobierno descentralizado. Seguían prácticas religiosas que incluían la veneración de deidades relacionadas con la naturaleza y los fenómenos naturales; los bosques y las cuevas tenían un significado espiritual importante para ellos.


En un primer momento, los españoles trasladaron a algunos lacandones hacia el poblado de Dolores en México cerca de la frontera con Guatemala y finalmente a Santa Catalina en Retalhuleu donde, en 1769, se pudo documentar la presencia de los “últimos supervivientes”: tres ancianos: dos hombres y una mujer. Es muy probable que algunos sobrevivientes terminaran mezclándose con los nuevos habitantes, y que otros se trasladaran a otras zonas para alejarse de los invasores y preservar sus costumbres y lengua del pueblo maya originario de la selva Lacandona.

 

 

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